¡Síguenos!
Perú

Copa América

Perú se reencuentra y está en semifinales

Gareca repitió la fórmula que llevó a la blanquirroja al mundial y la selección volvió a defender bien. El VAR frustró –con justicia– a Uruguay.

Los técnicos siempre saben cosas que los demás mortales no. Hacen cambios que nadie, salvo ellos, puede explicar. Muchas veces se equivocan y algunas aciertan: en cualquier caso, la información que manejan los justifica, por más que el juicio popular sea inevitablemente severo. El periodista argentino Juan Pablo Varsky llama a esos arranques de decisiones insólitas “ataques de entrenador”, algo que parecía haber afectado a Ricardo Gareca desde el inicio de la Copa América.

Que el técnico de Perú planteara cambios a su formación inicial es comprensible: el trabajo de seleccionador requiere de un aprovechamiento clínico de cada minuto que tiene el grupo, de manera que probar variantes en partidos oficiales es sano. El asunto es que ni Perú tiene las variantes suficientes ni Gareca acertó con ellas. Hasta ahora, no ha repetido la oncena en ninguno de los cuatro partidos disputados, y, tras el sacudón que supuso el 0-5 frente a Brasil, decidió volver a sus orígenes. Hasta ayer, la blanquirroja no tenía muy clara su idea de juego, atrapada entre el engañoso “buen toque”, como nos encanta a los peruanos llamarlo, y la necesidad de ser sólidos.

El peso del rival de turno y la estrepitosa caída ante Brasil hicieron más fácil la tarea para Gareca: estaba claro que, antes que nada, Perú tendría que salir a cuidar su portería. Luego, si las condiciones lo permitían, habría que aprovechar las que se presentaran en ataque. (Spoiler: no se presentó ninguna).

Y lo peor que le puede pasar a Uruguay es enfrentar a un equipo que le dé la pelota. Por más que muchos de los jugadores uruguayos tienen buen pie, al ponerse la celeste la vehemencia suele reemplazar a la elegancia. Los de Tabárez se sienten cómodos –y son explosivamente eficaces- en la transición rápida del contragolpe, hábitat natural de Cavani y Suárez, y escenario ideal para los pases largos de Giménez, Godín y Bentancur.

Pero Perú no atacaba, por lo que no había nada que contraatacar: así pasaron los noventa minutos, en los que Uruguay llegaba con desorden y los de Gareca defendían concentrados y certeros. Técnicamente, los charrúas anotaron tres veces, pero un par de centímetros y el VAR ahogaron los grito.

El 4-2-3-1 con Carillo, Cueva y Flores sueltos y libres detrás de Guerrero funcionó a la perfección porque el equipo conoce de memoria esa figura. No tiene sentido construir automatismos para destruirlos después, sobre todo teniendo en cuenta que los tres jugadores creativos son jóvenes y están en el pico de sus carreras. Tener en el banquillo a Carrillo y Flores en los partidos previos fue una pésima decisión de Gareca, pero debemos decir que corrigió en el momento preciso. Perú jugó a lo que sabe jugar y le rindió. Esa es la lección del partido de ayer.

Luego llegarían los penales, la ruleta, los nervios, los segundos interminables. En ese escenario tan ajeno para la selección peruana y tan grato, usualmente, para los uruguayos, fueron los nuestros los que mostraron más oficio. El portero Gallese, criticado por su pésima actuación frente a Brasil, detuvo el primer penalti de la serie a Luis Suárez, en el que será uno de los momentos más importantes de su vida. Ningún jugador volvería a fallar, y eso sería suficiente para que Perú diera la primera gran sorpresa de la Copa América. De las últimas cuatro ediciones –o digamos tres y media, porque la Copa Centenario no cuenta para la Conmebol- la blanquirroja ha disputado tres semifinales.

Perú se volverá a encontrar con Chile en la misma instancia en la que los entonces locales, en el 2015, eliminaron a los de Gareca. Otro Clásico del Pacífico. El escenario es distinto, las selecciones han cambiado, pero la meta es la misma: levantar la copa.

Periodista y defensa central que no le teme al choque, salvo el que le planteó la realidad. Entrenador top en Football Manager. Lejano y solitario aficionado de la Fiorentina gracias a un melenudo llamado Gabriel Omar. Vive el fútbol como su país le enseñó: con taquicardia y el ceño fruncido. Trabajó en AS durante un año y ahora está de vuelta en Lima, su ciudad, donde escribe para una revista local, y desde donde intentará contarnos qué pasa en esas latitudes (o cómo se ve desde allí el otro lado del mundo).

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Copa América

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies