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Mundial Rusia 2018

Pione, un refugiado en el Mundial

Su familia huyó de la guerra de Sudán del Sur y encontró trabajo en Dinamarca. A los siete años Pione ya era un cisne negro entre albinos.

Sudán del Sur es un territorio hostil y aún hoy sin esperanza. Allí tuvo lugar una de las guerras más cruentas del Siglo XX. Un conflicto civil y militar que se alargó desde 1983 hasta 2005 dejando un rastro de hambruna, muerte y dispersión. Aquella pesadilla ha tenido varias réplicas, todas con consecuencias terribles. Los números estremecen: más de dos millones de fallecidos y hasta cuatro millones de desplazados. Uno de ellos nació en mitad de esa barbarie, lejos de su casa. La larga huida de los Ifolo Emirmija ya había comenzado en abril de 1995, cuando Pione vino al mundo en Kampala, capital de Uganda. Nadie podía imaginar entonces que aquel niño terminaría jugando un Mundial.

Apenas dos meses después de su nacimiento la familia de Pione (sus padres y el resto de sus siete hermanos) ponían tierra, mar y aire de por medio al miedo. Emigraron con estatus de refugiados hasta Dinamarca, hasta Skive concretamente, donde la vida les dio una segunda oportunidad. Pione Sisto Ifolo Emirmija la aprovechó como ninguno. Con 7 años, ya en la ciudad de Herning donde sus padres encontraron trabajo, ese niño era un cisne negro entre albinos corriendo la banda del Tjorring, el equipo del barrio donde creció. Entre los herederos de los Laudrup, Schmeichel o Simonsen se había colado un chico ágil y rápido que pronto llamó la atención del principal club de la ciudad, el Midtjylland, donde dio el salto a los 15 años.

Pione Sisto.

Pione Sisto, en uno de sus primeros equipos en Dinamarca, el Tjorring.

No terminaron entonces los obstáculos a regatear. Su proyección alcanzó los despachos de la Federación danesa donde se apresuraron a gestionar el pasaporte de su país de acogida. Entendió entonces Pione que la burocracia en Occidente siempre puede ser más peligrosa que cualquier defensa leñero. Ese papeleo se retrasó hasta diciembre de 2014 y no fue hasta mayo de 2015 cuando la FIFA autorizó su debut con la absoluta. Para entonces Sisto ya era uno de los jugadores más prometedores de su país, todos hablaban de ese chico fibroso y descarado, que se escabullía con la libertad de los que han driblado al destino. A base de repartir asistencias a sus compañeros y encontrarse con el gol de vez en cuando fue galardonado como mejor jugador del año en la temporada 2013-14.

Las fronteras danesas las traspasaría una tarde-noche de Europa League. Pione Sisto tampoco se arredró en el teatro, concretamente el de los sueños. En Old Trafford dejó su tarjeta de visita cuando recogió un balón en la frontal del área, se giró, quebró a dos rivales y la colocó ajustadita al palo. Era el empate a uno de un partido que acabaría en derrota por goleada para los daneses. Los dos goles marcados al United (en la ida también mojó) fueron una notificación en forma de alerta para los parabólicos. Todos preguntaron entonces por esa gacela danesa, en un país más dado a los ciervos rojos. El resto sería obra de Youtube. Muestra del agradecimiento y de la humildad de los suyos, en las semanas posteriores un vídeo se convertiría en viral. Los protagonistas son Masima y Sisto, sus padres, que quisieron honrar y agradecer la primera convocatoria del pequeño Pione con la sub-21 de Dinamarca ofreciendo una danza tribal ugandesa. La escena se produce tras la primera rueda de prensa del internacional sub-21 y rezuma ternura y felicidad a partes iguales. Quizá la globalidad era esto.

“Yo no juego al fútbol por dinero. Para mí es importante no olvidarme de eso, pero el fútbol no es un puro negocio. El fútbol es pasión, debe ser pasión”, comentaba Sisto en una de sus primeras entrevistas en España. Porque Vigo fue su siguiente parada, una vez el Celta le arrebató el fichaje al Ajax de Amsterdam. Allí una imagen se ha hecho habitual. Justo antes de los partidos Pione busca el córner de Balaídos, se descalza y mientras en los auriculares suena Chris Brown, murmulla algo entre dientes. Es una de sus rutinas, una más con las que ha conseguido ganarse al público celtiña. Le costó al principio y eso que no debe ser Vigo mal destino para hacer un Erasmus. El segundo curso lo aprobó con nota, asentado en el equipo titular y más aclimatado a la ciudad. Tanto que en Vigo temen que este verano alguien pueda regar la ría con hasta 40 millones de euros, el valor de su cláusula.

Sobre todo si realiza un gran Mundial en Rusia. Pione ya contó con el apoyo del mítico ex seleccionador Morten Olsen y ha sido pieza clave también para el actual, Age Hareide. Fundamental en la fase de clasificación (jugó 12 partidos y marcó un gol), el pasado sábado fue titular en el estreno de Dinamarca frente a Perú. Un estreno que en esta ocasión no pudo acompañar con gol aunque sí fue uno de los más destacados del encuentro. Y es que el idilio entre Pione y la Selección está bendecido por goles. Como los tres que consiguió en su debut con la sub-21 o el gol de la victoria que marcó en el debut del europeo sub 21. Cuestión de danzas tribales.

Por eso Pione Sisto no se lo termina de creer, como en aquellos días en que dormía con el chándal oficial de la selección danesa tras sus primeras convocatorias. Lo desveló su exentrenador Glen Riddersholm, para ejemplificar la pasión y el compromiso que ponía en esta aventura. Un viaje que ha contado también con billete de ida y vuelta. Hace cinco años Pione Sisto se reencontró con su pasado. Cuando volvió a su país natal, Sudán del Sur había declarado ya su independencia (2011) pero el conflicto continuaba latente: “Había visto imágenes, pero fue algo completamente distinto. El modo de vida y los pocos recursos que tiene me golpearon”, reconoció el internacional danés. Ese mismo 2013 se reavivó el conflicto armado tras un golpe de estado desatado por las luchas étnicas y el control de los recursos naturales. Por eso Sisto sigue mirando de reojo hacia sus raíces mientras reescribre la esperanza a base de fintas y goles. Detrás de cada una de sus carreras hay una enseñanza, un refugio con balón, unos brazos abiertos que abrazan solidarios, una sonrisa eternamente agradecida. Quién sabe si a estas horas un futuro campeón del mundo no viaja por el Mediterráneo en un barco cargado de sueños.

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