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El pionero: Torrente nunca fue un personaje de ficción

El documental de Jesús Gil y Gil, sin cal ni arena, cuenta paralelamente uno de los capítulos determinantes de la historia de España.

No sé qué podemos esperar de la televisión del futuro, pero si echamos la vista atrás y vemos a las mamachicho confirmamos que sólo podemos ir a mejor. La Telecinco noventera trabajaba con cráneos privilegiados como Berlusconi o nuestro querido protagonista, Jesús Gil y Gil, que desde la bañera y rodeado de chicas en bikini te decía que había sido pionero en algo. No sé sabe muy bien en qué, pero algo.

El pionero nos relata su vida y obras a través de su primogénito, de su hijo mediano, de su hijo menor, de sus hermanos, de sus colegas y sí, de algún que otro rival. Todos unidos para desentrañar el disparatado triple combo de política, urbanismo y fútbol que Jesús Gil edificó pieza a pieza desde lo más bajo y lo lejos que puedes llegar sin muchos escrúpulos. El sueño americano, vaya. En el mundo en el que vivimos, los héroes y antihéroes se confunden pero como podréis esperar, con semejantes colaboradores, no estamos ante un documental cañero con su figura. A decir verdad, no se sabe muy bien qué pretende. Se deja llevar por la pasión que despierta el personaje sin mucho análisis crítico, pero también señala las ineludibles manchas negras de Los Ángeles de San Rafael o las finanzas del Atlético de Madrid.

Lo que sí te muestra el documental con creces es que un tipo zafio e irreverente es reconocido por el pueblo como uno de los suyos. Un auténtico anti-establishment (¿a quién me recuerda esto?) que hizo tambalear los cimientos del bipartidismo muchísimo más que en 2015 y que extendió su poder y su fortuna hasta meterse Marbella en el bolsillo. Y no conforme con eso (y aquí es donde se pone interesante) gracias a un fiscal colaborador del documental nos relatan la génesis de la Fiscalía Anticorrupción y de cómo los tentáculos de Gil llegaban hasta el tuétano del poder judicial. Todo un precedente de lo que nos explotaría en la cara en 2007, evidenciando una corrupción sistémica de la que no se salva ni el tato. Sin embargo, es sorprendente que no hagan alusión a que buena parte de los negocios de Gil vienen de la corrupta burocracia franquista. Como ya he dicho, muy suavecito.

Aun así, ha sido un acierto por parte de la HBO hacer un documental y no un biopic, porque éstos tienen casi siempre cierta ambigüedad a la hora de decantarse por ensalzar o condenar despojos. El legado de Gil ha sido borrado y olvidado por una razón, pero conviene recordar que se adelantó muchos años antes a las tendencias políticas de la actualidad. Él amó Marbella y Marbella le amó a él gracias a métodos que recuerdan a cierto narco colombiano. Pero al menos Gil no mató a nadie. Oh, wait…

Un desastre curioso que trata de expresar lo que el arte le hace a su cabeza, a veces sobre los escenarios, a veces sobre el papel.

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