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Política

Tantas mareas, marean

Las cifras electorales de Podemos han bajado y, a cada bajada, la solución es una escisión: nuevos partidos y nuevas mareas.

Es increíble ver como el célebre axioma de la derecha contra la izquierda se cumple, para regodeo de los primeros: un “trosko”, un partido, dos “troskos”, dos partidos…, pero parece ser que nadie desde Podemos lo vio venir. Todo comenzó con la preparación de las elecciones municipales de 2015. Tras las europeas de 2014 y su primera representación electoral en Podemos se las prometían muy felices, pero hubo un error garrafal: una falsa apreciación de Pablo Iglesias, que prohibió que las formaciones locales acudiesen a estas elecciones bajo las siglas de Podemos y, por lo tanto, dio vía libre para publicitar multitud de formaciones.

Esta estrategia de negación de las siglas, para evitar una posible usurpación del partido, pretendía llevar aparejado un empoderamiento de todas esas formaciones, en el convencimiento de que todas irían en la misma línea y terminarían integrándose en Podemos. Pero las consecuencias fueron contrarias, ya que ese triunfo en esas elecciones, que le correspondía por derecho propio al mediático dúo Iglesias/Errejón y a Podemos, fue usurpado por multitud de formaciones que se arrogaron dicho triunfo sin la menor vacilación. Sin pensar que Ada Colau, por ejemplo, era una activista que sola jamás hubiese logrado nada; ni Carmena; ni Kichi, miembro de Izquierda Anticapitalista, partido que nunca, jamás, hubiese logrado por sí mismo absolutamente ninguna representación en ningún organismo.

España se llenó de “Ahora sí”, “En común podemos”, “Ahora Podemos”, “En marea podemos”, “Ahora en común” y un sinfín de partidos de nombres parecidos convirtiéndose todo en un maremágnum en el que, por cada ciudad, existen dos o tres listas de nombres distintos. Aunque el colmo fue cuando todos estos electos, además, renegaron públicamente de Podemos y de Iglesias para desconcierto de los votantes. Se encaramaron a un barco que no solo flotaba sino que iba viento en popa para luego renegar de su patrón. En aquellas elecciones municipales, la gente confundida preguntaba cuál era la papeleta de Podemos, y votaban al partido que creían que los representaba, convencidos de que era la derecha la que no permitía que Podemos fuese a sus anchas y con sus siglas. El hecho llegó posteriormente al Parlamento, donde también aparecieron una vez constituido comunes y mareas, perdidos todos en una deriva en apoyo de partidos nacionalistas y sus peticiones, sin tener en cuenta al resto del país, guerras internas y casoplones.

Pero cuando se dieron cuenta de esto ya era tarde y el daño estaba hecho. Desde entonces, las cifras han seguido bajando y, a cada bajada, la solución es una escisión: nuevos partidos y nuevas mareas, sin percatarse nadie de que una parte de la indignación ahora va de la mano de Vox y la otra, trocó en completo desencanto. Sobre todo, nadie pensó que tantas mareas, marean.

1 Comment

1 Comment

  1. Perikorro

    27/05/2019 at 20:22

    Sería muy largo de discutir pero el momento fue en las anteriores elecciones generales de hace cuatro años aprovechando la efervescencia. No se logró el sorpaso y después de eso ya solo quedaba convertirse en la nueva Izquierda Unida. Igual de nueva e igual de unida. Porque el votante de izquierdas es muy exquisito y continuamene está buscando una coartada para desencartarse y seguir haciendo la lucha en la barra del bar con las frases de siempre. Es lo que hay.

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