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Poli Rincón: «La Quinta del Buitre sería titular en este Madrid»

Poli Rincón echa la vista atrás con A La Contra: del Madrid al Betis, con México 86 y el histórico 12-1 a Malta por medio. «La planificación del Betis esta temporada es mala, errónea y equivocada».

Mientras para algunos entrenarse con el primer equipo y jugar en el Castilla es una hazaña, para Hipólito Rincón (Madrid, 1957) no era suficiente, así que decidió marcharse cedido. Tras volver al club y ver que no contaba con los minutos que deseaba, decidió marcharse a Sevilla, donde encontró la felicidad. Allí vestía sus colores favoritos, el blanco y el verde. De hecho, se hubiera casado de verde de no ser por la negativa de su mujer.

Tan cómodo se sintió en el Betis que rechazó una oferta del Milán después de ser pichichi. En Sevilla continúa viviendo desde su llegada en 1981. Tras su retiro, cambió el césped por el micrófono y actualmente es comentarista de la Cope.

—Usted fue pichichi en una Liga con Maradona, Hugo Sánchez, Quini y Santillana.
—Ahora que lo acabas de nombrar, se me ponen los pelos de punta y me lo creo menos. Fíjate los nombres que has dicho. Son grandes leyendas del fútbol español y mundial. Estar con ellos es para mí un orgullo y un verdadero placer.

—¿Por qué no triunfó en el Madrid?
—En mis tiempos era complicado poder debutar, jugar, mantener una trayectoria. De hecho, yo marcaba goles y el domingo siguiente no iba convocado. Piensa que gracias a eso vas madurando, te vas haciendo futbolista y, poco a poco, sin darme cuenta, aprendí muchísimo. Yo tenía la inseguridad de la juventud, el ansia de vivir de la juventud. Quería vivir las cosas mucho más deprisa y esto hizo que con 23 años me quisiera ir porque quería jugar. No me importaba el dinero, sólo me importaba jugar todos los domingos. Veía que con Boskov, que ha sido uno de los mejores entrenadores que he tenido, y con los jugadores que tenía delante en la delantera, Santillana, Juanito y Cunningham, era complicado jugar. Lo entiendo. Siendo joven, tenía la ansiedad y las ganas de jugar todos los domingos porque quería conseguir cosas y jugar en la Selección. Tomé una decisión muy dolorosa para mí: salir del Madrid, que era mi vida desde que nací… entré en el club con ocho años. Es muy difícil decir que te vas. Pero a veces hay que hacerlo.

—¿Por qué es usted tan madridista si en el club apenas le dieron oportunidades?
—No tiene nada que ver. Era madridista antes de nacer y mi madre, cuando estaba en su vientre, le dijo a mi padre que tenía un Di Stéfano. Imposible, pero así se hablaban esas cosas. Nací en una cocina, en un barreño, y yo ya era madridista. La primera palabra que dije fue «Madrid, Madrid, Madrid”. He sido toda mi vida del Madrid y me moriré siendo del Madrid. El Madrid no te hace, el sentimiento tiene que nacer contigo.

—¿Del Betis también se nace?
—Yo me hice. Nací del Madrid, pero cuando vine aquí fui acogido con un cariño espectacular. La gente se portó conmigo fenomenal; si no hubiera sido por los béticos que iban al campo todos los domingos no hubiera conseguido lo que he conseguido. Cuando me preguntan a quién quiero más, no puedo responder. Es como preguntarme a quién quiero más de mis dos hijos. No puedo elegir a uno. No sería justo. Uno ha sido mi vida y mi nacimiento y otro ha sido mi vida después de pasar por el Real Madrid. Me lo ha dado todo emocional y familiarmente.

—¿Llegó a jugar en el Castilla?
—No, no jugué en el Castilla. Lo tenía claro: o jugaba en el Madrid o no jugaba. De hecho, me fui cedido muy joven, con 17 años, al Díter de Zafra (Extremadura). Al Recreativo de Huelva también. Luego fui al Valladolid, me lesioné y sólo pude jugar nueve partidos. Entrenaba durante la semana con el Madrid y los findes jugaba con el Valladolid. Las cosas de aquellos tiempos. Estaba hasta el viernes en Madrid y el sábado me iba a Valladolid.

—¿Puede un canterano triunfar en el Madrid sin salir cedido?
—A mí no querían cederme. Pero yo tenía las ideas claras y el tiempo me ha dado la razón. Quería jugar, mínimo, en Segunda División. Y fue cuando me fui al Díter Zafra. Fue un año extraordinario: ascendimos a Primera, marqué muchos goles… Fue el año que me catapultó. Quería volver para jugar en el primer equipo y así fue. Tenía muchos clubes detrás de mí tras el año que hice en Huelva (19 goles) y logré quedarme en el primer equipo. Logramos ascender con el Recreativo y ese equipo no estaba pensado para ascender, estaba pensado para estar bien en Segunda. Tuve mucha suerte, pero hubo dos futbolistas en especial que marcaron la pauta: Lora, que venía del Sevilla, y Víctor Espárrago, que había sido internacional con Uruguay. Se hizo un equipo extraordinario; subimos a una velocidad de crucero. Eso fue lo que me permitió volver al Madrid y quedarme. Hice la pretemporada con el Madrid, empecé a jugar, pero tuve la mala suerte de que me lesioné un pie: me fracturé el empeine. Cuando me recuperé y vi que en el primer equipo no iba a jugar, pensé que lo mejor era marcharme cedido hasta final de temporada para coger ritmo y me fui al Valladolid.

—¿Quién es más fácil que triunfe en el Madrid, un español o un extranjero?
—Actualmente un extranjero porque españoles hay pocos.

—¿Y en su época?
—Era más difícil todavía, pero había españoles. Triunfar en el Madrid siempre es difícil. Cualquier futbolista no se puede poner ese escudo. Puedes jugar muy bien en un equipo, pero cuando llegas al Madrid ese escudo pesa mucho. Porque en ese escudo no hay mañana, todo es hoy. El fútbol en el Madrid se convierte en el hoy. Ni existe pasado ni existe futuro. Hay que ganar todo. Ese equipo está concebido para ganar. Ni para especular; ni para jugar al tiki-taka. Desde sus orígenes, está concebido para ganar, para ser campeón. Eso no es fácil de entender. Competir en el Madrid es muy difícil. Te lo puedo decir. En el Madrid no se puede pensar, se tiene que ejecutar. No puedes pensar y ejecutar, sino ejecutar y luego pensar.

—¿Qué hubiese sido de Rincón en el Madrid si no hubiese estado Santillana?
—Nunca lo sabré. Aunque parezca mentira, me alegro mucho de que estuviera él. Dormía con él: estuvimos juntos de compañeros de habitación. Me acuerdo que llegaba Boskov al cuarto y no me hablaba a mí, le hablaba a Santillana. Le decía que íbamos a jugar los dos como titulares, pero a mí no me lo decía, se lo decía a él. Yo estaba en la cama, serio, tapado,  pensando qué le estaría contando. Cuando se iba, Santillana me decía que estuviese tranquilo, que al día siguiente los dos jugábamos de titulares. Así era. He aprendido muchas cosas de él. Es único. Lo he visto volar, levitar y rematar de cabeza como no he visto a nadie. Ha sido un delantero centro único en el mundo.

—¿Quién ha sido el mejor delantero de la historia de España?
—Para mí Quini y Santillana. Los dos. Santillana no ha conseguido los cinco pichichis de Quini, pero no tiene nada que ver. Santillana ha sido una referencia en todos los aspectos: como persona, profesional y futbolista. Y Quini ni te cuento. No hay palabras para describirlo. He tenido la suerte de jugar enfrente de él, tanto en el Sporting como en el Barcelona. Yo quedé pichichi y él quedó detrás. La batalla, la lucha, la rivalidad, era extraordinaria.

—¿Qué le hace más daño a los futbolistas en Sevilla, la Feria o las fiestas en casa de Benjamín?
—No tengas ninguna duda de que me hubiera gustado estar en la fiesta de Benjamín. Eso debió ser un espectáculo único en el mundo. Tú analizas lo qué paso y cómo pasó y es una película de Quentin Tarantino. Me da envidia no haber podido estar.

—Dónde hay más pasión, ¿en el derbi sevillano o en el madrileño?
—Son completamente diferentes. No tienen nada que ver. Sevilla tiene una dualidad extraordinaria. Aquí se vive con una pasión y con un sentimiento increíble. Tengo amigos que si pasan por el estadio ajeno se dan la vuelta y pasan de espaldas. Eso no lo recuerdo en el derbi madrileño. Aquí no es tan importante a nivel nacional, pero interiormente, a nivel de Sevilla y Andalucía, se vive con una gran intensidad. Hay matrimonios que en esa semana no se hablan. En el madrileño no pasa eso. Y el que pierda de los dos ¡no va a casa! No es cuestión de que uno sea mejor que otro, son diferentes. Aquí la dualidad está también presente con la Esperanza de Triana y la Esperanza Macarena. No creo que uno sea mejor otro, son diferentes. Cuando vine aquí, nunca había vivido una cosa igual. Y había jugado contra el Barça y contra el Atlético de Madrid. La semana previa en el vestuario teníamos muñecos colgados con las vendas que nos poníamos y me parecía Halloween.

—¿Ha sido bueno Lopera para el Betis?
—No lo puedo juzgar mucho porque no lo conozco desde dentro. La historia pone a cada uno en su sitio. Ha hecho lo que ha hecho. Por eso se ha tenido que ir, le han quitado las acciones… Ha estado a punto de hacer desaparecer al Betis. Pero lo metió en la Champions y ganó una Copa del Rey. La historia no la podemos borrar, también la ha hecho él. Tampoco olvidemos que casi lo hace desaparecer y lo llevó a la quiebra más absoluta. Si fue malo o bueno, unos deportivamente dirán que fue buenísimo, yo también… pero institucionalmente pasó lo que pasó.

-¿Le gustó que el estadio dejara de llamarse Ruiz de Lopera?
—Para mí siempre será Benito Villamarín. Nunca le hubiera cambiado el nombre. Ni creo que lo vayan a cambiar. Yo conocía al Betis antes de venir y sabía lo que Benito Villamarín representaba para el club. Lo subió desde Tercera a Primera. Creo que a la historia hay que tenerle un respeto muy grande. Aprendí en el Madrid muchas cosas y una de ellas es el respeto a los mayores; el respeto a la historia. Si perdemos eso, perdemos nuestra identidad y nuestras raíces. Todo viene de algo. El estadio tiene que llamarse así por todo lo que hizo ese hombre por el Betis. Igual que el Madrid siempre será el Santiago Bernabéu, o eso creo.

—Y Florentino, ¿ha sido bueno para el Madrid?
—Institucionalmente, muy bueno y deportivamente creo que también. Para mí no tiene buenos asesores. Deportivamente, creo que se ha dejado cosas en el camino y se las sigue dejando. Pienso que la gente que tiene cerca le dice más lo que quiere oír que lo que realmente tendrían que decirle.

—¿Quién ha sido mejor presidente, Bernabéu o Florentino?
—He vivido a Bernabéu, a Florentino no lo he vivido. Puedo hablar de Florentino desde fuera, no lo conozco en su interioridad, en su gestión. Desde fuera, ha ganado las Copas de Europa que ha ganado, al club lo tiene saneado, tiene al equipo en lo más alto… Eso siempre lo ha tenido el Madrid. Es único y no hay otro equipo que se le parezca en nada. Lo digo con un respeto total y absoluto para todos los clubes. El Madrid es el Madrid y por eso tiene 13 Copas de Europa y todo lo que tiene. A Bernabéu lo conocí en sus últimos años y yo estaba en la plantilla cuando falleció. A mí me marcó desde pequeño. En el Madrid, cuando llegué a la primera plantilla, tenía que recoger las botas y hacerles un nudo. Lo hacíamos García Hernández y yo. Y recogíamos los balones y los petos. Era la educación y el respeto a tus mayores.

—¿Echa de menos eso en los clubes?
—No te quepa la menor duda. He aprendido a ser un hombre, a ser una persona educada, a respetar a todos, sobre todo a los mayores. A los que te enseñan. A mí no se me ha caído ningún anillo. Recogíamos las toallas de todos. La primera vez que fui concentrado con la primera plantilla, llegamos al restaurante y yo cogí una silla. Me iba a sentar. Y en ese momento veo un silencio y veo que se me acerca Juanito. Me preguntó qué estaba haciendo, que si me había sentado alguna vez allí. En ese momento, me di cuenta que me estaba sentando en un sitio en el que no tenía derecho a sentarme porque no me lo había ganado. Me dijo que se iban a sentar todos y que en los sitios que sobrasen, nos sentaríamos García Hernández y yo. Eso se llama educación y respeto. Aprendí la lección y supe cuál era mi sitio. Ahora eso no vale.

—¿Hubiera despedido a Quique Setién?
—Más que despedir, porque me parece un entrenador muy bueno, lo hubiera intentado convencer de que en un momento determinado de la vida hay que ser flexible. Lo bueno de un entrenador es que sepa reconocer sus errores y que los corrija porque los puede corregir. Tenía partidos para cambiarlo. No creo que le hayan echado por ser mal entrenador. Ni mucho menos. Ha llegado un momento en el que la afición estaba cansada de una serie de cosas y el club tenía que tomar una decisión.

—¿Lo echaron por testarudo?
—Llámalo así. Por no querer cambiar sus ideas. Son muy respetables. Él ha muerto con sus ideas, pero se ha tenido que ir. Está claro que uno en la vida tiene que ser flexible. Uno tiene que adaptarse a los momentos. En mi opinión, se equivocó. Él es el entrenador y lo respeto y si hay que hablar de fútbol la razón la tendrá él y no yo.

—¿Aguantará Rubi hasta final de temporada?
—Saberlo es muy difícil. Contra el Celta salvó el match-ball en el minuto 90. Creo que tiene que entender qué es Sevilla; tiene que entender que aquí hay otro rival. Él no juega en función de lo que haga solamente el Betis, sino también de lo que hace el Sevilla. Son vasos comunicantes ambos equipos. Cada semana va a ser una reválida no por lo que haga su equipo, sino por lo que haga el rival. Si el Betis y el Sevilla pierden y están ambos equipos cerca en la clasificación, lo pueden aguantar un poco; si el Betis pierde, gana el Sevilla y ellos están metidos entre los cuatro o seis primeros, eso es una losa que no se puede aguantar. Porque la directiva tampoco lo puede aguantar. La culpa no la tiene solamente Rubi. Él es un miembro del club que ficha la directiva o la secretaría técnica. Igual que los jugadores. Los futbolistas no llegan con una maleta y dicen que van a jugar en el Betis. Me parece que la planificación es mala, errónea y equivocada. Y que no hay una buena secretaría técnica, por supuesto.

—El Betis tiene prácticamente los mismos futbolistas que el año pasado.
—No tiene nada que ver. Ojalá tuviera los mismos. Cuando vi el último partido de la Selección, dije que estaba jugando el centro del campo del Betis de hace dos años, que eran Fabián y Ceballos. ¿Por qué no están en el equipo? Cuando uno es directivo de un club, tiene que saber los jugadores y el patrimonio que tiene. Si a la afición y a la gente se le vende que el equipo quiere entrar en Europa, que tiene que aspirar a estar entre los seis primeros… Si se vende eso, el Betis no puede deshacerse todos los años de tus mejores futbolistas. ¿Por qué se va Fabián? Si se va por dinero, ¿no es más lógico que un directivo, director deportivo o secretario técnico diga que ese chaval no puede cobrar 100.000 euros o 150.000, que es lo que estaría cobrando? Porque no creo que cobrase mucho más. El Betis no ha traído un futbolista como él. El equipo se ha quedado sin el futbolista y sin el patrimonio del futbolista. A este chaval se le pone un millón de euros, que merece la pena, y te ahorras fichar a otros que no juegan y que no valen para nada. Y el jugador se queda en casa. El equipo estaría entre los cuatro primeros ahora. Como ese caso puedo decir diez. A Lo Celso lo fichó por poco, jugó de escándalo y lo primero que hicieron fue venderlo. Otra vez sin otro futbolista. Si juntásemos a Ceballos, Fabián, Júnior, Lo Celso, Fekir… y todos los que digo, sale un equipo Champions. Eso se llama mala gestión y mala secretaría técnica. La mejor que ha tenido el Sevilla ha sido la gestión de Monchi. Se fue y el equipo no despegó; ha vuelto y está otra vez arriba.

—¿El Betis podría encontrar a su Monchi?
—¿Por qué han echado a Serra Ferrer? ¿De verdad lo hubieran echado si sólo hubiera tenido discrepancias técnicas con los directivos? Lo dejamos ahí.

—¿Cuándo entrenará Raúl al Madrid?
—Si echan a Zidane, pues quizá pueda entrenarlo. Creo que todo tiene su proceso. Zidane es una consecuencia de que echaron al entrenador (Benítez) y no tenían a quién fichar. Llegó al cargo en marzo (2016) y ganó la Champions. No creo que eso se pueda repetir muchas veces. Son una serie de circunstancias que se dan. Después ganó dos Champions más, una Liga y una Copa. Lo ha ganado todo. Raúl llegará cuando tenga que llamar. Pero si se le mete la presión de que su momento ha llegado, es complicado. Hay que dejarle que se forme. ¿Qué seguridad hay para que Raúl dirija al Madrid ahora mismo?

—¿Raúl o Mourinho? 
—No creo, ni quiero, que venga Mourinho al Madrid. No ha hecho nada bueno por el club. Dicen que le compitió a Guardiola, pero es que su obligación es competir con el Barcelona. También con el Bayern, con el Liverpool… Con todos. Esa es su obligación y su deber. A partir de ahí, no ha hecho nada más. Y tenía el mando total y absoluto de la nave. Si a Raúl se le mete presión, igual tiene suerte y le sale bien, pero primero tiene que aprender con la base. Si se fuera Zidane, igual lo ponen en el banquillo, aunque pienso que sería cargarse a Raúl. Hay que darle su tiempo. Es como echarle la responsabilidad del Madrid a Vinicius o Rodrygo.

—¿Una Liga con el Betis o una Copa de Europa con el Madrid?
—Las dos cosas, sin duda. La Copa de Europa es el torneo por excelencia de todo. Uno puede ganar la Liga, pero si no gana la Copa de Europa no es excelente. El trofeo doméstico hay que ganarlo también. Pero ganar la Copa de Europa te da opción a ser el mejor del mundo. Si el Betis pudiera ganar una Liga ahora sería extraordinario.

—¿Qué entrenador hubiese sido Poli Rincón?
—Hubiese sido un buen entrenador. No tácticamente, porque no creo en el entrenador de estudios, en el teórico. No suelen ser buenos ninguno. Tienen conocimientos, pero el fútbol hay que mamarlo y entenderlo desde el césped.

—¿No es proclive a los entrenadores que no han sido futbolistas?
—Zidane entrenó muy poco antes de llegar al primer equipo. No tenía experiencia. Y ganó tres Copas de Europa seguidas. Guardiola cuando llegó le pasó lo mismo. Es una milonga. O sabes o no sabes; o entiendes el fútbol o no; o lo ves o no. Jurgen Kloop lo ve, lo palpa y lo siente. Y eso se nota. A Pochettino igual. No le hacen falta estudios. Pero es que ya lo hacían antes de tener al título. Te puedo decir más entrenadores que no han tenido título, como Cruyff, que entrenó sin título. El título está muy bien, pero no te da la garantía de ganar.

—¿Debería la Selección volver a jugar sus partidos en Sevilla?
—Sin duda. La Selección tiene que jugar donde la quieran. Soy español, siento mi bandera y siento mi país. El que no la quiera, ni a su himno ni a la Selección, lo mejor que puede hacer es irse de España. Lo antes posible. Tenemos muchos que se deberían ir. El que no quiera estar que se vaya a Venezuela, que se vive muy bien allí. ¿Por qué no se van allí a vivir? España es el mejor país del mundo. Conozco muchos y como España no hay otro. Los únicos que podemos hacer que vaya mal somos nosotros. El español es extraordinario, válido y trabajador.

—¿Qué pasará con los béticos de Cataluña si hay independencia?
—Tengo mucho dolor. Son béticos, españoles y sienten sus colores, país e himno. El problema de Cataluña es que está dividida, pero por culpa de los que la están dirigiendo.

—¿Hay solución para el conflicto?
—Hay solución, lo que pasa que no se la queremos dar. La solución es ponernos donde nos tenemos que poner. Si pertenecen al Reino de España y el país es España, el día que el Gobierno diga que se acaba, se ha acabado. Mientras que el Gobierno diga que esto no se acaba… Esto lo están permitiendo los que mandan en el país. Lo que están haciendo con los coches y los contenedores no es vandalismo, es delincuencia. Si se organizan, se enmascaran y se preparan es delincuencia. Vandalismo es que unos chavales al pasar quemen un contenedor. Pero cuando uno para los aeropuertos, los trenes, las carreteras, las calles… se le prende fuego a todo, se ataca a la Policía y a la Guardia Civil están delinquiendo. Nos da miedo decir las cosas, pero es así. Si el Estado no hace frente a la delincuencia, seguirán haciéndolo. El que tiene la culpa de esto es el Gobierno central, nadie más.

—Es el único pichichi de la historia del Betis, ¿tuvo ofertas?
—Sí, del Milán.

¿Por qué decidió quedarse en el club?
—Cuando vienes a Sevilla y juegas en el Betis, no es solamente jugar al fútbol: es un sentimiento. Por eso me he quedado a vivir aquí. Mis hijos habían nacido aquí, tenía aquí una familia… Yo echaba el balón fuera y la gente me aplaudía. No me he movido nunca por el dinero. Ni hoy ni en el pasado. Si no, me hubiera ido al Milán, que hizo una oferta maravillosa. O me hubiera ido al Atlético de Madrid cuando Gil pujó por mí. Le llegó a ofrecer al Betis dinero y marcadores porque no le daba sólo con el dinero. Eran marcadores electrónicos de aquella época. Podría haberme marchado, pero yo vivía aquí de escándalo. Jugaba en el equipo que quería jugar. Vine al Betis por sentimiento. Tenía muchas ofertas para salir del Madrid. Había jugado en las categorías inferiores, las olimpiadas, era internacional… Pero me vine aquí porque vestía de verde y blanco. El blanco desde pequeño y el verde porque es mi color favorito. Me quise casar de verde, pero mi mujer no me dejó. Aparte, vine al Betis porque venía Luis Aragonés. Lo ficharon, me llamó por teléfono, me contó el proyecto, me dijo que creía en mí, que me conocía… Y le dije que me iba con él. Fui a las oficinas del Madrid, estuve hablando con Luis de Carlos y le pedí que me diera la oportunidad de salir. Me costó bastante tiempo, pero llegamos a un acuerdo y vine traspasado, que era lo que yo quería.

—Usted vio a Maradona en LaLiga, ¿ha sido mejor que Messi?
—Messi es irrepetible. Igual que Cristiano. En la era de Messi, ha reinado Cristiano. Tiene cinco Balones de Oro, cuatro Botas de Oro, cuatro Pichichis…

—¿Piensa que Cristiano es mejor que Messi?
—Para lo que tiene uno y lo que tiene otro, me parece que Cristiano es mejor que Messi. El argentino ha nacido, pero el portugués se ha hecho. Eso tiene mérito. Cristiano no tiene ninguna cualidad de Messi. El que es futbolista de nacimiento es Messi. Lo tiene todo: el cerebro, la visión, el fútbol, la calidad, la técnica, el gol… Por eso no le hace falta estar muchas veces bien para ser el mejor, porque lo lleva dentro. Pero ser un futbolista sin esas cualidades y ser capaz de competir y de ganar muchas temporadas al que ha nacido, al elegido, eso tiene un mérito incalculable. Cristiano se ha generado muchas cosas para competir a la altura y ganar a Messi. ¿Nadal es mejor que Federer? Federer tiene mejores cualidades que él. Sin embargo, Nadal ha ganado, ha peleado… Eso es único. Por eso está por encima de Federer. Técnicamente es inferior a él, pero en todo los demás lo supera. Nadal es un ser superior, estratosférico. Es un tenista que compite de una manera en la que sólo pueden hacerlo Michael Jordan y pocos más. Messi será Messi, pero Cristiano ha logrado competir con él y ganarle.

—¿Quién es el mejor de la historia?
—Di Stéfano. Él jugaba atrás, delante, en medio… Cambió el fútbol. Y eso sólo lo ha podido hacer él. Pelé tiene tres Mundiales, pero no vino a Europa y para estar en el olimpo debes venir.

¿Quiénes están en ese olimpo?
—Di Stéfano, Maradona, Messi, Cristiano, Beckenbauer, Kenny Dalglish y George Best. Este último era arte.

—De haber vencido a Bélgica en el 86, ¿España le podría haber hecho frente a Maradona?
—Hubiéramos ganado el Mundial. Los argentinos no nos querían. Estuvimos juntos en el hotel cuando nosotros jugábamos frente a Bélgica y ellos estaban esperando rival para jugar la semifinal. No querían ni vernos. Maradona vio a Goikoetxea... Lo hubiéramos ganado seguro. Lo que pasa es que el partido contra Bélgica se enconó, se cambiaron cosas… Miguel Muñoz debería haber planteado el partido de otra manera. Lo jugamos con miedo, con un delantero, jugamos a especular y no nos creíamos que estábamos ahí. Ni que podíamos llegar a la final. Si hubiésemos pasado ese partido, hubiésemos llegado a la final. Nos ganó una Bélgica pobre.

-¿Ha ido a Malta de vacaciones o tiene vetada la entrada?
—No he ido nunca desde que jugué. Malta me parece una isla extraordinaria.

—¿Iría allí de vacaciones?
—¡Claro! Mi hijo estuvo allí haciendo un curso y se lo pasó fenomenal. Es una isla maravillosa e iría encantado.

—¿Ha tenido algún contacto con Bonello en estos años?
—No, pero me hubiera gustado. Durante el partido no me importaba la cara del portero ni lo que sintiera. Pero luego, cuando he visto repetido el partido y veía su cara, me gustaría haber hablado con él y comentar todas estas cosas. Porque eso es durísimo. Yo he recibido una goleada, la máxima de seis goles (2-6 frente al Madrid), y es muy duro. Además, dijo que si le metíamos los once goles no volvería a ser portero y que se retiraría. Menos mal que le metimos doce y que no tuvo que cumplir la promesa y pudo seguir jugando.

—¿A qué otro portero le ha marcado cuatro goles?
—Creo que un partido contra el Murcia, que fue un Domingo de Ramos. No existía ni doblete, ni hat-trick, ni póker ni nada. Eso daba igual. Mi primer doblete en el Madrid fue el primer día que jugué. He hecho tres goles, pero nunca me he llevado el balón. Sólo el día del partido contra Malta.

—¿Quiénes de la Quinta del Buitre jugarían en este Madrid?
—Butragueño, Míchel, Martín Vázquez y Sanchís. Pardeza no lo sé, pero los otros cuatro seguros. Además, serían mejores todavía.

—¿Es mejor Benzema que Butragueño?
—Son diferentes, no tienen nada que ver. Butragueño ha nacido. He jugado con él enfrente y en la Selección. Tenía una cosa, que sólo tenía Manolete cuando miraba al toro: paraba el balón dentro del área y miraba al portero a la cara. Cuando un futbolista hace eso es un genio.

—Usted fue pichichi con veinte goles, ¿por qué se marcaban tan pocos en su época?
—Era muy complicado. Hasta que llegó Hugo Sánchez, que marcó 38 y a un toque. Tuve ese año dos lesiones y sólo jugué 26 partidos de Liga. Marqué 20 goles en el Betis, no en el Madrid ni en el Barcelona ni en el Atlético. La diferencia entre nosotros y estos equipos era muy grande. Que yo fuera pichichi es una cosa que pasará una vez. Tuve dos lesiones de tobillo y me impidieron jugar partidos. Si llego a jugar los 38 encuentros, quizá no hubiera marcado más, pero por la progresión que llevaba podría haber alcanzado los 25 o 26 goles. No tiraba penaltis, pero Cardeñosa me dejó al final para que siguiera sumando.

—¿Son Joaquín, Gordillo y Cardeñosa la Santísima Trinidad del Betis?
—El orden sería Cardeñosa, Gordillo y Joaquín. Pocos futbolistas he visto que hicieron lo que Julio. Era extraordinario en todos los sentidos y con una calidad impresionante. Era difícil con su cuerpo jugar y mover al equipo como lo movía. También metería a otros futbolistas en ese grupo.

—¿En qué se diferencian los vestuarios de ahora con los de antes?
—En todo. Antes éramos amigos: comíamos juntos, salíamos juntos, hacíamos barbacoas juntos… ¿Dónde se ve ahora eso? No se conocen. Nosotros vivíamos muchísimo juntos después del partido, del entrenamiento… Hoy en día los veo salir con todo escondido, hasta las colonias. Para que no sepan la marca que usan. La tecnología ha cambiado el fútbol. Cuando subí al primer equipo me sentaron entre Del Bosque y Pirri , que fueron dos padres para mí. Me acogieron, me enseñaron, me decían las cosas. Juanito también fue extraordinario.

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