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Hogueras en las celebraciones de la noche de Guy Fawkes / Pixabay

La Tribuna de Brian Clough

Incendios

La casa sin barrer o el incendio sin apagar y creciendo. Ni los votantes lo hemos sabido prevenir ni los partidos controlar, contener o extinguir.

Ha sido esta una semana de inundaciones y fogatas en Inglaterra: el 5 de Noviembre es el día de Guy Fawkes, la noche de las fogatas (Bonfire Night) o una excusa para lanzar fuegos artificiales desde cualquier sitio, domicilios particulares incluidos. Fawkes era un católico en la Inglaterra protestante que había combatido con el ejército español y que quiso encontrar aliados, sin éxito, en España en su intento conspirador. La intención de Fawkes y su grupo era volar el Parlamento, en lo que se hizo llamar posteriormente la conspiración de la pólvora o “gunpowder plot” en inglés. Fawkes fue sentenciado por alta traición, ahorcado y descuartizado. Hoy en día se queman muñecos representativos de Fawkes en las hogueras del 5 de noviembre.

Normalmente estas hogueras y juegos pirotécnicos no dan mayor guerra que mucho ruido, especialmente molesto para niños y mascotas, y algún incidente menor, aunque es el día de mayor demanda de actuaciones de bomberos. Con todo, los ciudadanos son capaces de controlar los fuegos que encienden mucho mejor que los políticos que les representan, ya sea en el Reino Unido, en España o en cualquier país que ustedes quieran elegir.

El proceso es más viejo que el hambre y lo hemos visto en conflictos bélicos, múltiples películas, novelas o hasta en una de las aventuras de Asterix, “La Cizaña”. Basta con difundir el mensaje necesario al público objetivo, como en las campanas de marketing. Escogida la audiencia, se lanza el mensaje y así acaban expulsados los árabes de la península ibérica, los judíos perseguidos por los nazis, los inmigrantes tienen la culpa de todos los crimines de Europa occidental, España nos roba y la Unión Europea nos impone leyes. Es mucho más fácil y rápido identificar un culpable, por falso que sea, por los problemas que nos afectan que trabajar en encontrar una solución. Añadan los ejemplos que quieran, los hay de todos los tamaños y para todos los gustos. La cerilla ya se ha posado en las hierbas secas o papeles de periódicos.

Así nos encontramos que un mensaje agresivo desde el partido Conservador británico es capaz de crear tal incendio que hace a unos huir temerosos hacia un lugar mas moderado, el partido Liberal Democrático, y a otros, en los que el mensaje más tremendista ha surtido efecto, hacia el partido de Farage. Por eso declaraciones intolerantes y autoritarias desde el partido Popular hacen crecer a VOX y las palabras adecuadas en el lugar más propicio llevan a Trump a la presidencia de Estados Unidos. El fuego se nos ha ido de las manos como a los especuladores que queman los bosques de Galicia cada verano, esperando convertir el terreno en edificable o cobrar un seguro.

No es el político pirómano el único responsable del resultado electoral de determinados partidos intolerantes. El votante debe saber lo que vota y, además, debe ir a votar. Siempre he tenido la impresión de que los votantes de los partidos más conservadores son como los hinchas de un club de fútbol (y no voy a hacer la comparación que hizo De Quinto). Digamos que el seguidor de un equipo de futbol es seguidor de su equipo de fútbol contra viento y marea. Puede no ver un partido o no renovar el abono, pero no se cambia de equipo, eso no es fácil. Por eso, los partidos conservadores suelen tener mayores cuotas de participación y muchos votos seguros.

Los votantes de izquierdas, en los que me incluyo, somos mucho más exigentes con nuestros partidos. Si no cumplen con las expectativas, les castigamos no yendo a votar. “Para que aprendan”. Ingenuamente, claro, porque la historia dice que si aprenden algo es muy poco. Los partidos cambian algunas caras y pierden de vista el objetivo principal, que es la ciudadanía y gobernar para ellos. En cambio, las miradas se nublan debatiendo quién ocupa una cartera u otra, cuánto deben ceder unos y otros. La casa sin barrer o, si prefieren, el incendio sin apagar y además creciendo. Ni los votantes lo hemos sabido prevenir ni los partidos controlar, contener o extinguir.

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