La posesión y sus días crepusculares | Fútbol | A la Contra
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El Sevilla, líder de Primera División. / Foto: Cordon Press

Fútbol

La posesión y sus días crepusculares

De los 79 partidos disputados en la Liga solo en 24 de ellos el ganador ha sido el que dispuso de más tiempo con el balón.

Parece que el que no juega utilizando al portero no juega al fútbol”. Últimamente pienso que se escucha poco a los entrenadores. Hay un nicho de Youtube por explotar ahí, el de las ruedas de prensa previas y posteriores a los partidos. Un canal que las aglutinara todas tendría la audiencia asegurada. Porque hablan mucho y se les entiende casi todo cuando la pregunta versa sobre el juego. El de posesión, sin ir más lejos, está en entredicho estos días. Precisamente aquí que tanto nos ha dado. El fútbol, que al igual que en otros ámbitos de la vida, se rige por tendencias, parece haber abandonado el idilio con el poseedor para entregarse a los brazos furtivos del contraataque. Buena parte de esa responsabilidad la tienen los técnicos. Algunos como Pochettino, autor de la cita inicial, son unos apasionados defensores del contraataque.

“A mí me gusta el fútbol de transición, el fútbol de recuperación alta y presión, el fútbol de contraataque, el fútbol de balón largo a la espalda de los laterales que tanto cautivó en Inglaterra”, admitió el pasado lunes el técnico del Tottenham en el Curso de Formación Continua de la Licencia UEFA celebrado en la Ciudad del Fútbol de las Rozas. Allí, rodeado de hasta 600 compañeros, en el lugar donde germinó el fútbol de posición para alicatarnos de éxito, sus palabras no sonaron a herejía. Lejos de ello, nuestra Liga parece empeñada en cambiar la tendencia y en ‘premiar’ cada vez más la búsqueda del error. En estas primeras jornadas de la temporada 2018/19 los entrenadores reactivos le están ganando la partida a los proactivos. Proponer ya no acorta el camino al éxito y la reacción del rival cada vez está más preparada.

Condicionados por el uso de la estadística nuestro fútbol hace ya tiempo, quizá algo más de una década, que se afana en explicar el juego a través de los números. De un día para otro empezamos a justificar victorias y derrotas a través de porcentajes de posesión, del número de pases bien dados e incluso de las ocasiones de gol creadas por los futbolistas. Inmersos dentro de esa dinámica los números justifican ahora un cambio de paradigma, una nueva realidad: en la última jornada de Liga solo dos equipos ganaron a su rival con un mayor dominio del esférico. El Sevilla, a la sazón líder en solitario de la competición tras ocho jornadas, y el Espanyol juegan en contra de la tendencia, es decir, con el balón y la posesión por bandera.


Sevilla, bastión del estilo


“Por un lado hay una búsqueda del éxito y por el otro una conexión con el aficionado para que se sienta identificado con el juego y que vibre con su equipo. Para transmitir emociones necesitas realizar situaciones del juego que el público disfrute. Si con ello consigues ganar, bien hecho está”. La reflexión es de Unai Emery y va más allá del estilo de juego, al incluir en la ecuación al aficionado y la manera de emocionar, o lo que es lo mismo, de con-vencer a este. Y sin embargo, la fórmula que han encontrado en Sevilla, concretamente en el Sánchez Pizjuán para convencer a sus aficionados, no ha sido repoblar el centro del campo a base de centrocampistas. Machín ha entregado la brújula en exclusividad a Banega y le ha despojado de escuderos. Adiós doble pivote, hola doble delantero. Desde que Ben Yedder forma pareja con André Silva, la defensa de cinco Made in Machín se ha asentado por fin en el Pizjuán y los aficionados han pasado en tres semanas de pedir la cabeza del presidente a disfrutar con un equipo que golea (18 goles en 8 partidos) y que además gana. “El fútbol no son matemáticas”, que diría Cruyff.

No era en la orilla hispalense de la ciudad del Guadalquivir donde se esperaba disfrutar tanto de un futbol atractivo, efectivo y con el balón como protagonista. Esas etiquetas se habían teñido de verdiblancas después de que Setién implantara su libreto con éxito en el Benito Villamarín. Por eso el partido que le enfrentaba al Atlético de Madrid en la última jornada de Liga se entendió como una visita a su némesis. Si en el fútbol hay polos opuestos, en un extremo aparecerá Simeone y en el otro Setién. El partido al menos así lo reflejó. El Betis tuvo una posesión del 63,56%, consiguió dar casi 550 pases y sin embargo no tiró ni un solo tiro a puerta (entre los tres palos) en todo el partido. Al Atlético de Simeone le bastó la mitad de combinaciones para poner en apuros hasta en cinco ocasiones a Pau López. En una de ellas terminó recogiendo el balón de las mallas. Setién no se amedrentó pese a la derrota: “El partido ha terminado con el Atlético en un córner pidiendo la hora. Es un orgullo”, dijo en El Larguero de la Cadena Ser el técnico verdiblanco. No parece regirse por tendencias el santanderino que en multitud de ocasiones ha explicado que la posesión nunca puede ser un fin, sino un medio para dañar al rival. Es esa búsqueda la que emparenta a todos los entrenadores, aunque luego cada uno utilice caminos distintos.

Los caminos que pisa Setién son los habitualmente transitados por Barcelona (75,64%), Real Madrid (69,74%) y Athletic Club (69,15%). Los tres fueron los que más posesión del balón disfrutaron esta jornada y ninguno pudo llevarse la victoria. Al empate de los azulgrana se sumaron sendas derrotas de blancos y rojiblancos pese a tener en muchas fases del partido acogotado al rival en su área. A la sensación de frustración inicial del aficionado, se unen, pasados uno días, las dudas y la impotencia ante el camino emprendido, ¿será la fórmula correcta? ¿No estaremos confundidos? Los números, nuevamente, no resuelven esas incertidumbres. El equipo de Julen Lopetegui dio hasta 686 pases, con un 88% de acierto, triplicando así los registros del Alavés. Los blancos también crearon más ocasiones de gol y remataron a puerta seis veces. Insuficiente esfuerzo para no salir derrotados de Mendizorroza.

A estas alturas puede haber quien piense que este es un asunto circunstancial, acaecido en una sola jornada, pero las estadísticas machaconas se repiten en este inicio de temporada. De los 79 partidos disputados en la Liga solo en 24 de ellos el ganador ha sido el que dispuso de más tiempo con el balón (30% de los encuentros), mientras que en 30 ocasiones el ganador del partido había perdido la posesión frente a su rival. La mitad de los triunfos cosechados por los equipos que dominaron la posesión se los reparten el Barça, el Madrid, el Betis y el Sevilla. Y precisamente los sevillistas son el líder de las cinco grandes ligas europeas que no domina la posesión en el cómputo global de los partidos esta temporada (49,11%).

 

El debate de la posesión y si el protagonismo con el balón es el mejor atajo hacia la victoria se ha avivado desde el pasado Mundial. Allí, el triunfo final de Francia dio alas a los defensores de un fútbol marcado por lo físico, la búsqueda del fallo del rival y la velocidad de las transiciones. Los galos levantaron la Copa del Mundo con un raquítico 34% de posesión del balón a lo largo de todo el torneo y desde aquella trinchera se enarboló el cambio de tendencia y se marcó el siguiente paso en la evolución del fútbol. En la contraria todavía se encuentran ejemplos ganadores que niegan la idea de que la posesión vive días crepusculares. En Inglaterra andan fascinados no solo con el City de Guardiola, sino también con el recién llegado Maurizio Sarri, un devoto creyente del juego de posición que tiene en el balón su arma más intimidatoria. En frente, el reactivo Klopp les sigue plantando batalla. Así que el McGuffin de la posesión, como lo definió genialmente el compañero Aitor Lagunas, sigue surtiendo efecto en foros, debates y tertulias para, al igual que hacía Alfred Hitchcock, confundirnos entre el cómo y el qué. Entre lo accesorio y lo fundamental.

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