¡Síguenos!

Bicentenario Museo del Prado

El deporte en el Museo del Prado (IV): la petanca

Cuarta entrega del serial que investiga el rastro del deporte entre las obras del Museo del Prado con motivo de su Bicentenario. En esta ocasión, la petanca es protagonista en un cuadro del maestro flamenco David Teniers.

Entre las 27.000 obras de arte del Museo del Prado no es difícil encontrar referencias al juego, entendido en sentido amplio y lúdico. Algo más arduo resulta dar con juegos que evolucionaron en deportes hoy reconocidos; no olvidemos que la mayoría de los deportes reglamentados surgen a finales del siglo XIX vinculados al uso industrial del caucho. Pero el rastreo sigue dando frutos. Después de que hayamos estudiado en distintas pinturas el antecedente del bádminton, el germen de la pelota y el peculiar balón con brazalete, llega el turno de la petanca. Quien sienta la tentación de poner en duda los valores deportivos de la petanca debe saber (o recordar) que será deporte olímpico en los Juegos de París 2024, oficial o de exhibición.

En este caso, la obra que nos ilustra es El Juego de Bolos (1645) del pintor flamenco David Teniers El Joven (1610-1690). El cuadro forma parte de las estampas campesinas que contribuyeron a su fama, aunque su trabajo artístico es más diverso y prolijo. Teniers fue responsable del primer catálogo de arte que se imprimió, el Theatrum Pictorium (1660), publicado en latín, francés, español y holandés. Para reproducir las 243 obras contenidas (todas italianas, de la colección del Archiduque Leopoldo Guillermo), Teniers debió copiarlas primero en un formato reducido para que los grabadores pudieran trabajar después sobre ellas. La tarea fue exhaustiva y seguramente agotadora, pero el pintor estaba entrenado. En sus cuadros sobre la colección de arte del archiduque ya reprodujo en miniatura algunas de las obras que luego formaron parte del Theatrum Pictorium.

La curiosa mirada de Teniers le llevó a indagar en un género que exploró en la época las escenas de monos (macacadas o monerías) como simbología de la naturaleza animal e irracional del ser humano. Y los juegos también atrajeron su atención. En el cuadro que nos ocupa, varios campesinos juegan a los bolos y un caminante los observa, señal de la expectación que causaba el pasatiempo.

Detalle de El juego de bolos, de Teniers.

Como suele ser costumbre en todos los deportes revisados, las primeras referencias del juego de los bolos nos conducen a Grecia, Egipto y Roma. Se conoce que el juego era popular en Flandes durante el siglo XVII y hay que suponer que también lo era en España, cuya presencia en el territorio fue tan habitual como agitada. El caso es que la popularidad de los bolos se extendió por toda Europa seguramente entre los pertrechos de los soldados que iban y venían.

No obstante, el nacimiento de la petanca tal y como hoy la conocemos se produjo en 1910 como evolución del Juego Provenzal o Bolos de Lyon. En esta modalidad, todavía practicada, los lanzadores se impulsan con una corta carrera. El detalle es fundamental para entender lo que ocurrió en el pueblo costero de La Ciotat, en la Provenza francesa. En toda la zona, el Juego Provenzal atraía a numerosos espectadores que se arremolinaban en torno al campo de juego y a los que en ocasiones se cobraba una entrada. Era frecuente que los jugadores, casi todos con sobrenombres descriptivos (Gran Jean, el Rubio, Pequeño Paul…), protestaran por la proximidad de los aficionados.

Uno de esos incondicionales del Juego Provenzal era Jules Le Noir, un hombre al que la artritis y la reumatitis apenas le permitían sostenerse en pie. Fiel cliente del café de Ernest Pitiot, este consiguió que los competidores que visitaban La Ciotat permitieran la presencia de Le Noir en una silla, concretamente junto al círculo donde los jugadores que esperaban turno debían depositar sus bolas.

En los descansos del juego, Jules Le Noir se entretenía tirando bolas. “Estoy practicando”, le decía a su amigo Pitiot. Y un día ambos jugaron juntos. Fue así como un mes de junio inventaron el juego de pies parados o péds tancats (expresión provenzal que derivó en el término “petanca”). Su éxito fue inmediato. A los pocos días se organizó un torneo con diez francos de premio en el que participaron ocho equipos de dos jugadores. Los marineros que arribaban en La Ciotat o en la próxima Marsella extendieron el juego por el mundo.

A día de hoy, la Federación Francesa de Petanca cuenta con 300.000 federados y la Internacional con 600.000 repartidos por 52 países. En España, de las aproximadamente 18.000 licencias, 10.000 proceden de Cataluña, seguida de Andalucía (2.169), Baleares (1.488) y la Comunidad Valenciana (1.011).

Quien se pase por La Ciotat no tendrá dificultad en encontrar el bolódromo Jules Le Noir localizado en la Travesía de los Pieds Tanqués, perpendicular a la Avenida de la Petanca. Allí, una placa recuerda el lugar donde dos amigos se inventaron un deporte. En el Museo del Prado hay otra placa en forma de cuadro donde varios amigos y quién sabe si también un caminante compartieron un rato, un tiempo y un pedazo de futuro. Su autor, Teniers.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Bicentenario Museo del Prado

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies