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La espinita de Hazard contra el affaire de Emery

El belga buscará despedirse de la afición blue con la Europa League. En el otro bando estará un entrenador con una mística especial con el torneo.

La Europa League es un torneo en el que compiten 193 equipos y siempre gana el mismo: el dirigido por Unai Emery. Si el Arsenal doblega al Chelsea en la final de Bakú, el técnico guipuzcoano añadirá a sus vitrinas su cuarta Europa League. Para comprender la magnitud de este palmarés, el club que más trofeos tiene es el Sevilla con cinco… tres de ellos bajo las ordenes de Emery. El affaire del entrenador español con esta competición es el clavo al que se agarran todos los aficionados gunners, ansiosos por celebrar un título europeo por primera vez desde 1994.

Con tres Europa Leagues consecutivas, Unai Emery es el Zinedine Zidane de la clase media. Hablando del galo, el técnico del Real Madrid dirigirá a partir de la próxima temporada a la principal amenaza a romper el idilio del actual entrenador del Arsenal con el viejo continente. Seguro que Emery, conocido en el mundillo del fútbol por su detallismo táctico, ha pasado las últimas noches en vela, pensando en cómo diablos detener a Eden Hazard mediante una forma no relacionada con las apuestas y el amaño de partidos.

Es muy probable que el extremo belga anuncie su llegada al Santiago Bernabéu una vez concluya la final de la Europa League. El propio Emery lo definió en rueda de prensa como “uno de los cinco mejores jugadores del mundo”. Antes de aterrizar en el club blanco y cumplir su sueño de entrenar al lado de su ídolo de la infancia, Hazard todavía tiene una tarea pendiente. Una espinita de la que espera desquitarse en su última vez con la camiseta blue. La estrella del Chelsea se perdió por lesión la final de Europa League que su equipo ganó en 2013. Salvo catástrofe de última hora, el belga no fallará en la cita de Bakú. Levantar el título sería el regalo de despedida perfecto para una afición que lo idolatra. En general, es tal el respeto que le tienen en las Islas Británicas que esta misma semana recibió el premio a mejor jugador de la Premier League por los aficionados.

Para que la Copa vaya a Stamford Bridge y no al Emirates, Hazard antes tendrá que ofrecer su versión más omnipresente. En el bando contrario estará un equipo dirigido por un técnico que ha alcanzado cuatro finales de Europa League en sus últimas cuatro participaciones. A la espera de que se dispute la cuarta final, Emery cuenta todas las anteriores por victorias. Una buena parte del destino del título pasará por ese duelo entre la mística del entrenador español con la competición europea, muy similar a la que tiene Zidane con la Champions, y los deseos de Hazard de no despedirse con derrota de la que ha sido su casa durante los últimos siete años.

Arsenal y Chelsea se han citado en la capital azerbayanesa con una Europa League de por medio. Más allá de ser la ciudad en la que se disputará la final, Bakú podría ser un lugar de despedida para varios ilustres. No solamente Hazard podría decir adiós, sino también su entrenador. Al parecer, Maurizio Sarri no contaría con el apoyo de toda la directiva blue y su futuro podría estar de nuevo en Italia. En la Juventus de Cristiano Ronaldo, concretamente. Por parte de los gunners, Peter Cech anunció hace unos meses que colgaría los guantes al final de la presente temporada. El destino es caprichoso porque ha querido que el portero checo se despida del fútbol contra el Chelsea, el equipo en el que se hizo leyenda. Los aficionados del Arsenal andan mosca con Cech porque, según informó la prensa inglesa, ya tendría firmado un contrato para convertirse el próximo curso en el nuevo director deportivo del Chelsea.

A gunners y blues les unen más cosas que la lluvia londinense. Por ejemplo, son dos equipos que disfrutan atacando y sufren defendiendo. El Chelsea tiene al crack diferencial, Hazard, pero el Arsenal no se queda muy atrás con la dupla conformada por Aubameyang y Lacazette. El flamante campeón de Copa del Rey puede dar referencias de sus peligros. La presión de la final estará cargada sobre los hombros de los jugadores de Emery. A diferencia del Chelsea, el Arsenal no se clasificó para la Champions vía Premier y sólo le queda la bala de la Europa League para hacerse un hueco en la mejor competición de clubes del mundo. La pizarra de Emery, un técnico mucho más versátil que Sarri, criticado en Stamford Bridge por su falta de soluciones ante contextos no previstos, podría terminar de decantar la balanza.

El entrenador italiano del Chelsea no sabrá hasta última hora si podrá contar o no con la presencia de N’Golo Kanté, cuya rodilla quedó afectada la semana pasada después de un giro brusco en un entrenamiento. A pesar de que se extrañaría en el campo al Campeón del Mundo con Francia, la ausencia más significativa de la final será sin duda la de Henrikh Mkhitaryan. El centrocampista del Arsenal ni siquiera se montó con el resto de sus compañeros en el avión con destino a Bakú. El destino que le aguardaba no era hospitalario. La razón está en su pasaporte. Mkhitaryan nació en Armenia, un país en enfrentamiento con Azerbaiyán desde hace 30 años. El origen de este conflicto se ubica en la región montañosa de Nagorno Karabag, un territorio perteneciente a Azerbaiyán, pero de mayoría armenia. En cualquier caso, no es la primera vez que Mkhitaryan se ve condicionado por su lugar de nacimiento.

El centrocampista del Arsenal tendrá que seguir la final desde un televisor porque su seguridad no estaba garantizada en Bakú. La imagen de un policía azerí parando e identificando a un hincha gunner que portaba la camiseta de Mkhitaryan es demoledora. Por si fuera poco, la UEFA también dio marcha atrás a la idea del conjunto del norte de Londres de saltar al campo con camisetas en apoyo al jugador. La elección de la capital azerbayanesa como sede de la final de la Europa League ha vuelto a poner en la diana a la máxima organización del fútbol europeo. Hace un par de semanas, la UEFA ya fue muy criticada por su decisión de proporcionar a Arsenal y Chelsea, cada uno, solamente seis mil entradas para la final. Tratándose de un estadio con casi 70.000 butacas, el enfado de los clubes es comprensible. No sabemos cuál de los dos equipos se alzará con el trofeo, pero sí que el perdedor ha vuelto a ser el aficionado.

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