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Arriba, Alba, Chiri, Morten Donnerup, Villita, Ruben Bilbao y Sañudo. Abajo, Campbell, Víctor, Gelucho, Tino e Isidro. GARMENDIA

Opinión

Volver a comprar en Pryca

Una sola fotografía destripa tu vida en un momento. Te demuestra cómo eras y cómo era el fútbol al que te aficionaste.

El otro día cayó en mis manos esta fotografía que me hizo sentir. Tiene más de 30 años de antigüedad. Nos traslada a un estadio que ya no existe: los viejos Campos de Sport de El Sardinero, donde llovía tanto, donde se relataban tantos barrizales. Nos traslada, efectivamente, al Racing de Santander de los años ochenta que, para mí, era como el Código DaVinci. Me sabía el nombre y apellidos de todos los futbolistas. Primera gran diferencia: ahora sería incapaz. No porque mi memoria no funcione igual, sino porque ya no tengo la misma afición. Los lazos se debilitan con el tiempo en el fútbol. Al menos en mi caso la intensidad se hizo más pobre. Quizás porque uno se cansa de ver pasar gentes en el equipo o quizás porque cada cosa tiene una época: cualquiera sabe.

Más de 30 años después, aún recito esa alineación que de pie empieza con Alba (el portero), Chiri, Morten Donnerup, Villita, Ruben Bilbao y Sañudo. Abajo están Campbell, Víctor, Gelucho, Tino e Isidro. Jugadores a los que mitifica esta antigua fotografía y que a mí hoy, por ejemplo, me llaman la atención por sus enormes cuádriceps (fijense en los de la fila de abajo) que podía costar moverlos una tonelada. También me llaman la atención sus caras tan llenas que los alejan del prototipo de los futbolistas de hoy cuyos cuerpos están criados en gimnasio y educados por nutricionistas. Pero no solo eso. Tampoco me imagino un once de ahora que se coloque delante de un fotógrafo con los pelos que estos once futbolistas posaron frente a la cámara de Garmendia. Ni uno solo con rastro de gomina en el pelo. Es más, igual hacía meses que no pasaban por la peluquería, imposible en el fútbol o en la sociedad de hoy.

Por eso es tan importante retener la mirada en las fotografías antiguas como decía el profesor Keating. No solo recuperan recuerdos que ya están bajo tierra. También nos recuerdan que una sola fotografía destripa tu vida en un momento. Te demuestra cómo eras y cómo era el fútbol al que te aficionaste, en el que los futbolistas, que entonces te parecían delgados, hoy no estarían en forma para jugar al fútbol. Hasta puede que ahora Chiri, el segundo futbolista de pie a la izquierda, se hubiese afeitado la cabeza. Tendría una pinta más moderna. Pero en aquella época afeitarse el cráneo no entraba en cabeza humana.

Así que quizás todo eso nos hizo apreciar mas a Chiri, un futbolista que, sin ninguna habilidad con la pelota, se dejaba la vida en el césped. Porque aquellos eran otros tiempos en los que este Racing de la fotografía ponía el autobús debajo de la portería de Alba y no pasaba nada. Su entrenador, José Maria Maguregui, daba esa orden y no se consideraba un atentado al fútbol. Solo una manera de ser como la de esos vecinos que resultan tan antipáticos. O inventas otra fecha de nacimiento para ellos o a determinadas edades ya es casi imposible cambiar.

Y todo esto se me ocurre por culpa de una maldita fotografía realizada por Garmendia, un mito del oficio en Santander que hasta que no la relevó en papel no supo cómo iba a quedar. Sin embargo, hoy esta fotografía circula libremente por redes sociales. La pueden ver hasta en Nueva York o en Buenos Aires. La pueden ver hasta los empleados que trabajaron en el viejo Pryca, donde tantas veces acompañábamos a nuestros padres a hacer la compra y, donde igual que podías comprar un bolígrafo o una goma de borrar te podías llevar una lata de sardinas. Qué novedad en aquella época. Hoy ya ni nos acordábamos de su nombre. Un día cedió ante Continente y después ante Carrefour.

Pero lo dicho: una sola fotografía destripa tu vida en un momento. No sólo te delata cómo era el fútbol al que te aficionaste en el que los futbolistas, que entonces te parecían delgados, hoy no estarían delgados para jugar al fútbol. No sólo te delata eso. También te explica como eras tú, cómo vivías y cómo amabas al fútbol con una intensidad que, a día de hoy, o cambia mucho la cosa, a mí me parece irrecuperable. No acabo de verme yo como Garmendia, el fotógrafo. Una vez que se jubiló, seguía yendo a pie de campo con su cámara en los partidos del Racing, incapaz de renunciar a esa cosa llamada vocación.

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