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Cuando Eindhoven fue la cantera

Con Ronald Koeman se inició hace tres décadas una fructífera relación comercial entre Eindhoven y Barcelona, cuando La Masía todavía no producía tulipanes.

Hubo un tiempo en que La Masía estaba en barbecho, como si las semillas no terminaran de germinar y el abono esparcido por Laureano Ruiz y Johan Cruyff tiempo atrás no agarrara en aquella tierra. Las urgencias también contaban porque eran tiempos de sequía, donde de vez en cuando caía una gota fría en forma de Copa o la fina lluvia calaba hasta escupir la tierra una angustiosa Liga que apagaba de repente la sed de títulos. Pero ni siquiera entonces se fomentaba el caldo de cultivo necesario para las nuevas cosechas, para las nuevas generaciones. Tuvo que ser una vez más Johan, en otra llegada profética, ya como entrenador, quien abriera una vía hasta entonces desconocida. Antes de regar y mimar la cantera culé, injertó el primer tulipán desde Eindhoven. Así mejoró la siembra.

El Barça que se encuentra Johan a su llegada en 1988 apenas cuenta con dos canteranos de su gusto: Guillermo Amor (actual director de relaciones institucionales del club) y Luis Milla (el primer gran descubrimiento de Cruyff en la cantera azulgrana). El resto: Cristóbal, Sergi López (que no Barjuán), José Pérez o Roura (que luego sería segundo entrenador del malogrado Tito Vilanova e incluso haría las veces de primero en los momentos de ausencia de Tito) apenas contaban para El flaco. Por eso, tras un primer año en que se apuesta por la garra de los jugadores vascos, el segundo año se mira a los Países Bajos en busca de un fichaje rutilante y no exento de crítica como Ronald Koeman, flamante campeón de Europa con el PSV Eindhoven y con la Holanda de Rinus Michels en la Euro’88. Cruyff buscaba así asentar su proyecto desde la retaguardia, con un central capaz no solo de liderar la defensa, sino también de sacar la pelota fluida desde atrás o lanzar a los puntas con su desplazamiento en largo.

El nuevo técnico azulgrana lo había entrenado primero y sufrido después en la Eredivisie donde Ronald era ya a sus 26 años todo un veterano. El Barça pagaría por él 825 millones de pesetas, convirtiéndose en el segundo fichaje más caro de la historia azulgrana tras Maradona (1.100 millones). “La entidad azulgrana financiará el fichaje a través del contrato por el que venderá los derechos de la publicidad estática en sus instalaciones”, informó esos días El País. Cruyff se aseguraba así el primer pilar de lo que luego sería el Dream Team y Tintín, como se le conocería en Barcelona, cerraría el círculo con el gol que daría a los culés la primera Copa de Europa en Wembley. Se acababa de abrir la sucursal de La Masía en Eindhoven, el club de la Phillips sería a partir de entonces un filón.

El siguiente en la lista llegó para redondear a un equipo de ensueño, aunque su paso como ocurriría luego con otros compatriotas fue tan fugaz como intenso por la Ciudad Condal. Ya contamos aquí cómo se fraguó el fichaje de Romario por el Barcelona, con la intermediación impagable de Josep María Minguella. El brasileño había dado el salto a Europa gracias a la sucursal que la empresa neerlandesa Phillips tiene en Brasil. Tras golear en el Vasco de Gama firmó en 1988 por el PSV y allí se hartó de marcar goles, también del frío y del cielo encapotado de Eindhoven. Por eso no se lo pensó dos veces cuando el Barça y Cruyff lo reclamaron para recuperar el trono europeo con su fantasía y sus goles. Aunque posteriormente solo le valdría para seguir conquistando la Liga, los 400 millones de pesetas que desembolsó el Barça por el carioca siguen pareciendo a día de hoy una ganga.

A rey muerto, rey puesto. Tras la espantá de Romario, temporada y media después de ficharlo, la entidad presidida entonces por Josep Lluis Núñez volvió a ver la luz en Eindhoven. De allí llegaban cantos de sirena con otro joven brasileño, potente como una manada de búfalos en estampida (Valdano dixit), y certero como un francotirador. Un semidesconocido por entonces Ronaldo Nazario (era campeón del Mundo aunque su paso por EE.UU.’94 fue testimonial) aterrizaba en Can Barça convirtiéndose en el fichaje más caro de la historia del club catalán. 2.500 millones de pesetas pagó la entidad culé a los de Eindhoven, donde había dejado en dos años un rosario de goles (54 en 51 partidos) y víctimas. El sustituto de Romario en Eindhoven iba a ser también el sustituto de O’Baixinho en la Ciudad Condal, donde aterrizaba el 9 contemporáneo, un delantero llegado del futuro para cabalgar con el balón en los pies y romper defensas a base de fintas, velocidad y quiebros mientras la samba se convertía en la banda sonora del Camp Nou. Su única temporada vestido de azulgrana terminaría con 47 goles en 49 partidos. O’Fenómeno fue en realidad un relámpago.

Amparado por la gran relación calidad precio, cuando un nuevo tótem de los banquillos, como Louis Van Gaal llegó al Camp Nou, volvió a explotarse, si cabe con más ganas, la vía neerlandesa. Bajo el brazo, además de su libreta, el técnico que había devuelto la gloria europea al Ajax con una generación de jóvenes y un juego ofensivo, se trajo a varios de sus pupilos. Los dos primeros fueron Reizeger y Bogarde para fortalecer los laterales, además de un portero desconocido que terminaría sentando a Vitor Bahía, Ruud Hesp, procedente del Roda.

Precisamente Ruud es hoy el preparador de porteros del PSV y de allí llegaría en la segunda temporada de Van Gaal al frente de la nave azulgrana uno de los tulipanes que mejor recuerdo dejó en el Camp Nou. La profesionalidad y la entrega de Phillip Cocu durante las seis temporadas que vistió de azulgrana le convertirían en capitán y en un ejemplo para los más jóvenes. “El Barça pierde a Iván de la Peña y ficha al holandés Cocu”, titularía El Mundo tras lesionarse el cántabro y hacer oficial el nuevo fichaje. El titular sería también un reflejo de lo que estaba por venir, nuevos tiempos en los que La Masía perdería protagonismo para que el azulgrana continuará tiñiéndose de naranja. Cocu, un centrocampista con muy buena llegada y un juego aéreo destacado llegó gratis al Barça y en sus 205 partidos marcó 31 goles.

Junto a Phillip ese mismo verano del 98 llegaría al vestuario azulgrana Boudewijn Zenden. Un rápido extremo nerlandés que tenía en el uno contra uno su mejor arma. Lo vendieron como una réplica de Overmars y resultó ser poco menos que la marca blanca. La presión del Camp Nou y los momentos convulsos que le tocó vivir a un chico joven, de apenas 22 años que escasamente había despuntado en el PSV, fueron demasiado para un jugador que pasó con más pena que gloria por Can Barça. Pese a todo, en su segunda temporada y amparado por la protección de Van Gaal, se asentó en el once titular, aunque tuviera que retrasar su posición hasta convertirse en un carrilero. Fue su primera experiencia lejos de su país, el Barça pagaría al PSV 12 millones de euros, pero nunca respondió a las expectativas. Se marcharía por la puerta de atrás en 2001, rumbo al Chelsea.

La relación con Eindhoven se enfriaría hasta 2005 cuando se reavivó el fuego. Porque la llegada de un carácter volcánico como el de Mark Van Bommel dio un plus de vigor y fuerza al centro del campo culé. Porque Rijkaard después de caer ante el Chelsea de Mourinho en Champions entendió que para atacar el sueño de la Orejona debía reforzar la medular, dotar de músculo y despliegue físico a los Deco, Xavi o Iniesta. Doblar un perfil como el Edmilson, pero aportando además cierta llegada al área contraria. De hecho, el propio Mark, hoy sentado en el banquillo de Eindhoven, sería fundamental para alzar la Liga y fue titular aquella noche de París en 2006 para fastidio de Iniesta. Tras aquella final y con el deber cumplido se marcharía Van Bommel al Bayern aunque por lo que vimos tiempo después dejó facturas sin pagar en el vestuario azulgrana.

El último eslabón de esta secuencia puede que haya quedado olvidado hasta para los libros de historia. Solo los más estudiosos recuerdan a Ibrahim Afellay, el fino extremo nerlandés de padres marroquíes que llegó en un mercado de invierno a Barcelona. Fue por expresa petición de Guardiola, obsesionado como estaba y está el de Santpedor por los jugadores que desnivelan en el uno contra uno. De los diez millones que pagó el Barça al PSV apenas se recuerda una jugada, con la que para muchos justificó su fichaje. Fue en aquella semifinal frente al Madrid en el Bernabéu que terminó 0-2 a favor de los culés. Ibrahim rompió por banda a Marcelo para servir en bandeja el segundo gol a Messi y allanar aún más el camino a Wembley 2.0. Poco más aportaría Afellay en Barcelona, a la que volvería con billetes de ida y vuelta tras varias cesiones, hasta que en 2015 el Stoke City lo fichara en propiedad.

Ahora la sequía parece azotar los campos neerlandeses, donde hace tiempo que el estancamiento de su fútbol hizo al Barça dejar de buscar tulipanes por aquellas latitudes. A ello también ayudó que en ese período La Masía haya vivido una época de esplendor, recogiendo unas cosechas que problaron las vitrinas de títulos. El partido de esta noche entre el PSV y el Barça nos permite mirar atrás y recordar una relación fructífera y próspera que ha llenado las arcas de la Phillips más que la tecnología OLED. Una sucursal de la Masía en la que el Barça invirtió 57 millones de euros en 30 años, los que se cumplen desde la llegada de Ronald Koeman. Nadie dijo que los tulipanes fueran baratos.

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