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Fútbol

Punto de inflexión

Solo la falta de puntería retrasa el desenlace de un partido en el que España fue muy superior. Los de De la Fuente vencen a Bélgica (2-1) y siguen vivos.

Le costó a España sudor, lágrimas y casi sangre vencer a Bélgica en la Eurocopa Sub21. Los de De la Fuente fueron a por el partido desde el minuto uno, avasallaron por momentos a los belgas pero volvieron a conceder por una falta de contundencia atrás que puede provocarnos más de un quebradero de cabeza en el futuro. Los Dani, Olmo y sobre todo Ceballos, además de Fornals terminaron de desnivelar la balanza a favor de La Roja, hoy de blanco. Solo la falta de puntería arriba retrasó un desenlace que bien nos pudo haber costado un disgusto mayor. El punto de inflexión debe valer para las curvas que están por llegar. La siguiente está a la vuelta de la esquina, ante la sorprendente Polonia que lidera el grupo con 6 puntos. Su victoria ante Italia permite que España pueda acabar todavía primera.

Muy pronto Dani Olmo dio la razón a De la Fuente. El Míster le incluyó en el once titular y muchos compatriotas descubrieron entonces a ese habilidoso delantero. Antes de los 10 minutos ya había marcado el jugador criado en La Masía, pero al que hace cuatro años le dijeron que no tenía sitio en Can Barça. El mediapunta, hijo del entrenador Miquel Olmo, se marchó a Croacia, al filial del Dinamo de Zagreb. En apenas unos meses ya le habían ascendido al primer equipo y desde entonces colecciona ligas croatas. Ya suma cuatro. El de Terrasa culminó una magnífica jugada de Carlos Soler por banda para abrir el marcador. Arranque ideal como ante Italia, tocaba gestionar la ventaja.

Y ahí esta selección tiene mucho que aprender. Porque la falta de contundencia atrás empieza a ser preocupante. Ocurrió frente a la anfitriona en el debut y volvió a pasar hoy ante Bélgica. Solo habían llegado los belgas a través de una contra en los primeros minutos que terminó en gol, pero que fue anulado por fuera de juego, y en la siguiente hicieron diana. Mbenza, autentico dolor de cabeza para la defensa española toda la tarde, provocó un córner y en el saque entre Vallejo y Sivera, portero titular hoy le regalaron el gol a Bornauw, central del Anderlecht. Tras una magnífica hornada de porteros (Asenjo, De Gea, Joel, Mariño, Adán o Kepa) la fuente parece haberse secado o al menos no producir cancerberos que puedan volar tan alto.

Nada más empezar la segunda mitad remató Fornals con la cabeza un balón que pedía a gritos el empeine o el interior del pie como puente intermedio a las redes. El escorzo, pese a todo, casi sorprende a De Wolf que atrapó en dos tiempos. Mucho más estético fue el golpeo de Ceballos en la falta que se estrelló en el larguero antes de botar en el césped. El disparo pareció colarse directamente a la lista de ilustres goles fantasmas, allí donde anidan los Míchel, Cardeñosa y compañía, pero la repetición nos aclaró que el gol no entró por un palmo. Aún tuvo Borja Mayoral la opción de marcar en el rechazo pero su cabezazo demasiado débil fue despejado por la defensa belga.

Para entonces España era una vendaval y Bélgica solo tenía aire para achicar agua. Hasta 18 ocasiones de gol sumaba a la hora de partido los hombres de De la Fuente, por dos de los belgas. El juego de paredes España moría en la corona del área o en un pase atrás que siempre despejaban los belgas. Una vez ahí corrían como gacelas a la contra y en un par de ocasiones merodearon la puntilla a la carrera. Les sobró precipitación y a nosotros, nervios.

Porque Bélgica  interpretó mejor esos últimos minutos y llegó más frescos de piernas y de cabeza. Pero incomprensiblemente perdonaron. Fornals hizo el resto. Su entrada al inicio de la segunda mitad ya fue un punto de inflexión para el equipo que ganó en control y movilidad con el balón.  Su zapatazo en el minuto 86 espantó fantasmas y desató la euforia de los nuestros. El 2-1 hacía justicia a nuestra insistencia y despejaba el camino hacia semifinales. Los chicos de De la Fuente vuelven a depender de ellos para ser primeros de grupo. Para ello habría que vencer por 3-0 a los polacos. Un marcador más ajustado también nos daría el pase.  Si empatamos habría que cruzar los dedos para que Italia perdiera con Bélgica y fuésemos además el mejor segundo, pues pasan los tres primeros de grupo y el mejor segundo a semifinales. La derrota nos manda directamente a casa, sin hacer matemáticas. Como suele ser habitual, la victoria allana el camino.

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