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Aficionados defienden la homosexualidad en un Fortuna - Werder Bremen. / Foto: Sportfotodienst/Cordon Press

Fútbol

¿Quién podría jugar al fútbol o entrenar siendo homosexual?

Es un problema de tiempo porque, por simple estadística, es imposible que no haya ni un solo jugador gay en nuestra Liga

Coincidí con el judoca Marc Fortuny hace tres meses en el programa Els Matins de TV3, donde se debatía sobre si la homosexualidad en el deporte seguía siendo un tabú. En la mesa estaba también la profesora de Sociología del deporte Anna Vilanova, que es una de las responsables de un estudio que había realizado el Instituto Nacional de Educación Física de Catalunya. Se trataba de hacer un diagnóstico sobre qué sucedía cuando un deportista profesional decidía dar el paso y contar que era gay.

«Inicialmente vimos que hay una primera fase donde la persona se está aceptando a sí misma y hay miedo, mucho miedo, porque la cultura deportiva es predominantemente masculina y heteronormativa. No se habla, no hay referentes. Pero en la segunda resulta que los deportistas a los que hemos entrevistado cuando hablan no tienen problemas en el vestuario, con los entrenadores o los patrocinadores. El deporte lo acepta», contaba Anna Vilanova. Marc Fortuny, que dejó el deporte a los 23 años y ha vuelto ahora tres años después, reconocía que «al ser el judo un deporte de contacto tenía pensamientos negativos sobre qué podían pensar los demás, o en las duchas, no me sentía preparado ni en un ambiente seguro. Y cuando lo dije resulta que todo ha sido mucho más fácil de lo que me esperaba».

En el debate participó también el jugador de waterpolo Víctor Gutiérrez, que en el 2016 hizo pública su homosexualidad y al que profesionalmente no le ha repercutido negativamente. «Soy un afortunado, mi deporte es minoritario y no he tenido ningún problema». Ambos, Marc y Víctor, se preguntaban por qué ningún futbolista en nuestro país se había decidido a dar el paso y hablar de su orientación sexual y reflexionaban sobre la importancia que supondría al ser el fútbol el deporte más visible, seguido y con mayor resonancia mediática y social.

Oliver Giroud, delantero del Chelsea y de la selección francesa, afirmaba esta semana en una entrevista a Le Figaro: «Es imposible declararse homosexual en el fútbol». «En un vestuario hay mucha testosterona, todos juntos, duchas colectivas… Es difícil, pero es así. Entiendo el dolor y la dificultad de los chicos que salen del armario», argumentaba recordando el caso del internacional alemán Thomas Hitzlspelger, que admitió que era gay después de colgar las botas en el 2014: «Estando en activo, habría sido todo más difícil: ¿Quién podría entrenar y jugar dignamente en mitad de semejante lío?». Giroud sentenciaba hace unos días que «el mundo del fútbol aún no está maduro para algo así».

Los referentes son fundamentales para forjarse una personalidad, pero en el fútbol los que han decidido dar el paso son una excepción dentro de la norma del silencio. El miedo, el temor al qué dirán y cómo serán tratados, aceptados, les lleva a callarse. No me extraña, la verdad, teniendo en cuenta la cantidad de veces que he escuchado a jugadores y entrenadores decir que el fútbol «es una cosa de hombres». Ivan Rakitic, por ejemplo, en una entrevista a Offside Magazine en el 2012 declaró: «Respeto a los homosexuales, pero no quiero a esa gente en el vestuario. No me marcharía de un equipo por eso, porque respeto igual a un homosexual que a un negro, un gordo o un enano, pero de ser posible prefiero no tener gays en mi vida». Cuando fichó por el Barça aseguró que había sido «un malentendido», aunque se le entendió perfectamente. Y la vergüenza debería pasarla él, no los homosexuales que ejercen su misma profesión.

Es una cuestión de tiempo porque, por una simple cuestión de estadística, es imposible que no haya ni un solo jugador gay ya no fuera, sino en nuestra Liga. Espero que para entonces todos estemos a la altura porque en cuanto uno se atreva y sea ya no aceptado, sino respetado, habrá muchos más que dejen de tener miedo. Y esa sí que será una victoria que deberíamos celebrar.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

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