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Quique Setién, candidato al banquillo azulgrana si no renueva Valverde. / Foto: Sipa USA /Cordon Press

Fútbol

Quique Setién, jaque al banquillo azulgrana

Tras el recital de su equipo ante el FC Barcelona, el técnico santanderino gana enteros para ser el sustituto de Valverde, que termina contrato esta temporada

Me hubiera dejado cortar un dedo a cambio de ser entrenado por Johan Cruyff”. Cada uno homenajea a sus ídolos como quiere, aunque haya formas menos sacrificadas que pueden resultar igualmente hirientes. Sobre todo para la parroquia culé, para la que cada gol del Betis era una punción seca en la nostalgia, un recuerdo cruyffista, una foto en verde y blanco de lo que alguna vez fue su equipo. La escuadra confiada y valiente, creyente en un ideario romántico y efectivo, que se desplegaba a base de triangulaciones por el Camp Nou no vestía en esta ocasión de azulgrana. Esa propuesta corría a cargo de Quique Setién y su Betis, amparado no solo por el resultado final, sino también por el juego y las intenciones. Hay tarjetas de visitas que no necesitan enlace a Linkedin, mejor uno de Youtube, al resumen de este partido, concretamente.

Centrocampista en sus años mozos, Setién volvió a sus orígenes, a poblar la zona del campo donde nace el juego y la personalidad de un equipo. Allí plantó hasta cinco hombres para dominar al Barça en su propia casa. Por detrás utilizó una defensa de tres que invitaba al uno contra uno del tridente ofensivo culé. Suena a quimera querer ganar así en el Camp Nou. Cuestión de confianza, diría luego el técnico santanderino. Con eso y dos puntas moviéndose como dos alfiles por la delantera verdiblanca, Loren y Joaquín, le valió al Betis para dar un repaso táctico en la primera parte al Barça de Valverde. Agobiado e inoperante ante la presión adelantada de los pupilos de Setién en cada saque de puerta. Una vez recuperado el esférico había que hacerlo llegar cuanto antes a Lo Celso o Guardado, para castigar la espalda de Sergi Roberto. Por ahí martilleaba una y otra vez Junior Firpo, otro de los descubrimientos de este Betis.

No es casual, ni circunstancial este triunfo de Setién, defensor a ultranza del fútbol de posición, conocedor de sus recovecos, fortalezas y debilidades, por mucho que solo haya pisado Can Barça como visitante, antes y ahora. Quizá por ello el técnico santanderino haya ido ganándose a los agnósticos con triunfos altisonantes y de diverso calibre: Bernabéu (0-1), Sánchez Pizjuán (3-5), San Siro (1-2) o Camp Nou (3-4). Si en San Siro o en el Camp Nou la apuesta fue por el fútbol ofensivo y el protagonismo con el balón, en el Bernabéu desarrolló un ejercicio de supervivencia y su libreto fue el contragolpe, mientras que en el Pizjuán sublimó ambos estilos y le dio una pátina de competitividad y coraje para sobreponerse al calor de Nervión y las emociones de un derbi sevillano.

Cuando el balón echa a rodar, hay un traje para cada partido, aunque esa versatilidad y adaptación a las circunstancias tiene más que ver con el potencial de una plantilla amplia. Y eso no lo encontró antes Setién ni en Lugo, ni en Las Palmas. Allí exprimió su libreto al máximo con recursos más limitados y pronto los focos se centraron en él. Precisamente cuando dio el salto a Primera División con los amarillos, los egos de unos y otros, las exigencias del santanderino y las desmedidas expectativas desarrolladas tras una gran primera vuelta agotaron a un equipo que se quedó en nada sin Setién. Ese lunar le acompañó en su siguiente aventura en Sevilla, pendientes detractores y creyentes de saber cuándo podrían echárselo en cara. En estas dos temporadas al frente del Betis ha habido altibajos, le costó arrancar y estuvo con pie y medio fuera. Igual que le ocurrió a Cruyff en el Barça. Al Flaco le salvó una Recopa. Al santanderino, esa manita en el Pizjuán, le supuso el espaldarazo definitivo.

Antes y después de aquello sus equipos siempre han sido acusados de endeblez defensiva, de falta de contundencia e incluso de errores impropios de la élite, ya fuera en la salida de balón en corto o a la hora de defender balones aéreos. Peajes a pagar en un estilo que mira más hacia adelante que hacia atrás: “Mi filosofía es clara, ser ofensivo y tener el balón”, ha repetido en innumerables ocasiones Setién, un entrenador que pese a sus fuertes convicciones nunca ha apostado por un dibujo de juego concreto. Al contrario que otros, Setién no es reo del 4-3-3. Sin ir más lejos en el Camp Nou salió con un 3-5-2, dejando en el banquillo a jugadores diferenciales o que directamente le habían salvado el último partido ante el Celta de Vigo como Canales.

Desde la sala de prensa también ha intentado Setién combatir a sus haters, detractores irreconciliables que aprovecharán sus derrotas venideras y la vehemencia de sus palabras para caricaturizar su fútbol. No necesita su apuesta de la palabrería, visto lo visto en el césped. Más aún si los deslices verbales de Setién provocan mayores terremotos que los errores defensivos de sus jugadores. Ahí encontramos las pullitas que se lanza con Simeone cada vez que juegan contra los rojiblancos, antítesis del gusto futbolístico del santanderino, por más que declarara en Marca: “Admiro al Atlético de Simeone. Que los más talentosos curren como lo hacen es un valor diferencial”. Mítica es ya su guerra fría con Bordalás, por un enfrentamiento del pasado, cuando ambos entrenaban al Lugo y al Alcorcón. A veces los excesos los pagan sus propios jugadores, como le ocurrió a Bartra, recientemente: “Algo no estarás haciendo bien para haber estado en el Barcelona o en el Dortmund y haber acabado aquí en el Betis”. Luego tuvo que pedir disculpas para aclarar que no quería menospreciar a nadie.

Sorprenden esas “meteduras de pata”, como él mismo las definió, en un amante del ajedrez como el santanderino. Un deporte que necesita de una concentración extrema, capaz de anticipar no solo los movimientos propios, sino también las consecuencias de esos movimientos, acciones o declaraciones en el rival. Una vía de escape para encontrar nuevos caminos estratégicos que luego trasladar a otros ámbitos, como el futbolístico. Quizá por ello sabía Setién que la partida en el tablero del Camp Nou no era una partida más, que en juego había algo más que tres puntos, que ese jaque mate al Rey (Messi) de vuelta a la cancha podía abrirle las puertas de la entidad azulgrana. Más aún si los movimientos sobre el tablero resultaban calcados a los realizados por el profeta Johan. Quizá la próxima vez que visite el coliseo culé sea para sentarse en el banquillo local. Ese día saldrá por fin con blancas.

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