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Rabiot y el mito de Saturno

Su última temporada, apartado del primer equipo del PSG, ha sido una evidencia palpable de que mezclar asuntos familiares y profesionales no tiene por qué ser una buena idea.

Contaba José Antonio Camacho en una entrevista que, cuando Don Santiago Bernabéu le confirmó que formaría parte de la primera plantilla y tendría sueldo profesional, lo primero que hizo al recibir su primera ficha fue ir a su Cieza natal y comprar un piso a sus padres, humildes obreros. Imagino a los progenitores de Camacho paseando orgullosos su condición de padres de, pero sin atribuirse un protagonismo que no les pertenecía por derecho.

En el deporte de antaño —y en otros aspectos de la vida en general— historias como esta de Camacho estaban a la orden del día: el hijo o hija que triunfa y restituye a sus progenitores los esfuerzos realizados durante su crianza, proporcionándoles un modo de vida más desahogado, a la par que estos asumen con beneplácito y de forma natural su papel de actores de reparto sin reclamar una cuota de atención mayor de la que les corresponde.

En las últimas décadas algo ha cambiado en nuestra sociedad (no para bien, por desgracia) y cada vez más a menudo asistimos atónitos a grotescos sainetes de cuitas intrafamiliares que, más allá de porfiar en la búsqueda del común beneficio, terminan en alegórico filicidio, ya sea en forma de bochornoso espectáculo digno de Tomates y Salsas Rosas, cuando no en los juzgados o, en el peor de los casos, truncando prometedoras carreras. Es lo que sucede cuando los padres asumen como propios los logros de los hijos y reclaman una parte alícuota de beneficio por derechos contraídos.

Como de costumbre, el dinero, como paradigma de poder, no es sino la Piedra Rosetta que da sentido (¿o sinsentido?) a este pandemónium de intrigas familiares. Aferrados a una impostada posición social, temerosos de perder esa cuota de poder y bienestar conseguida en base a méritos ajenos, no dudan en presionar, incluso, en ocasiones, a incitar al delito a sus descendientes con el objeto de mantener su statu quo.

Nos creíamos liberados de nuestra atávica herencia grecorromana pero, por más que intentemos desprendernos de ella, siempre acaban por volver a tomar vigencia mitos que creíamos olvidados, retornando a nuestros orígenes cual Buck ante La llamada de la selva. Si algún mito reproduce el comportamiento de lucha cainita antes descrito es el de Saturno: obtenido el poder de forma poco menos que ilícita, devora a sus hijos para evitar que su trono le sea usurpado hasta que Júpiter (ocultado por Ops, la propia esposa de Saturno) consigue destronarle para convertirse en el más grande de los dioses del Olimpo.

Actualmente, en el mundo del futbol, si hay un caso que se antoje como el remedo perfecto del mito de Saturno es el de Rabiot. La última temporada, apartado del primer equipo del PSG, ha sido una evidencia palpable de que mezclar asuntos familiares y profesionales no tiene por qué ser una buena idea. Recientemente se especuló acerca de su llegada al Barcelona. Al parecer la intervención de su madre en las negociaciones, exigiendo unas condiciones fuera de lugar, dio al traste con la operación, ahondando más aún si cabe en la recreación del mito.

En la actualidad, y referidos en este caso al Real Madrid, la intriga que flota en el aire es si volveremos a asistir a una nueva personificación del mito de Saturno: un padre (en este caso madre) arruinando la carrera de su hijo, metafóricamente devorándolo, o asumirá el francés el papel de Júpiter, tomará las riendas del poder, se liberará y elegirá su destino.

Curiosamente, y al hilo del caso Rabiot, existe una identificación entre Saturno y Cronos (primero de los Titanes de la Mitología Griega) entremezclándose a menudo ambos mitos. Personificando Cronos el paso del tiempo y el destino, no podía ser de mayor aplicación al caso que nos ocupa, pues si de algo empieza a carecer el futbolista galo es de tiempo tras su temporada en blanco. Un nuevo paso en falso, una mala decisión en este mercado, y su destino puede quedar marcado de forma casi definitiva.

Lo único que nos queda por saber es si Rabiot quiere convertirse de una vez el jugador diferencial que todos los analistas nos estaban anunciando o se acomoda, tomando una solución políticamente correcta que mantenga la paz en el ámbito familiar, apoltronándose como un comparsa más dentro del panorama futbolístico.

El mito de Saturno, en el arte. Goya y Rubens.

El mito de Saturno, en el arte. Goya y Rubens.

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