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El Racing de la temporada 2007-08 que quedó 6º en Liga, con jugadores como Garay, Munitis o Colsa y entrenado por Marcelino. Foto: Cordon Press

Fútbol

Racing de Santander: a sus pies

Santander no sólo es dueña del mar. También es dueña de más de 100 años de recuerdos de fútbol representados por un equipo como el Racing, hoy en Segunda B.

Esto es un brindis por todos los equipos que un día fueron grandes y que hoy viajan por Segunda B o por Tercera. Que sabe nadie. También esto es un brindis por la gente valiente como Raúl Gómez Samperio, que decidió invertir la herencia de sus padres en fabricar una enciclopedia acerca del equipo de su vida: el Racing de Santander. Y esto también es un brindis por José Manuel Holgado, un hombre con una hemeroteca domiciliada en la cabeza. Una parte invisible del escudo del Racing que demuestra que en la escritura, como en el ciclismo, también existen los gregarios imprescindibles. Y sin ellos nada sería como es. Ni el desenlace ni el resultado final de esos tres tomos de enciclopedia que un día se atrevieron a resumir 100 años de historia: los del Racing de Santander, que fueron cumplidos en 2013, en plena congestión nasal o en pleno escepticismo. Todavía hoy, cinco o seis años después, continuamos igual: el Racing sigue alejado de lo que fue, cumpliendo condena en Segunda B, apartado de las grandes potencias. Quizás porque no se puede correr más deprisa que el tiempo. Un día descubres que es imposible subir las escaleras de dos en dos. Debes hacerte a la idea de que esto es lo que hay y aceptar que ahora sean el Amorebieta, el Tudelano o el Calahorra los rivales que llegan a El Sardinero y que no sean tan fáciles de vencer. Nada es fácil en la vida.

Ahora, ya no hay posibilidad de que el Racing derrote por 5-0 al Barcelona, como hizo con el de Cruyff en febrero de 1995. Ni de que desafíe unas semifinales de Copa del Rey, como en la época de Marcelino. Ni de inventar un extremo izquierdo como Nando Yosu o un delantero centro como Santillana o de traer un portero como el portugués Damas. Qué maravilla aquella. Pero tampoco la hay de que un tipo con el talento de Quique Setién lleve su camiseta con el número 10. Ni siquiera de jugar con once cántabros y de ganar al Atlético en el Calderón como un día ocurrió en los años ochenta. Pero Santander no sólo sigue siendo dueña del mar. También es dueña de impecables recuerdos futbolísticos que impiden olvidarnos del Racing. No repasar cada domingo qué es de su vida en Segunda B, donde uno descubre algo más bello que los resultados. En los lugares más humildes, también se puede ser feliz porque, al final, la felicidad es un asunto muy personal. Viaja en una ocasión de gol o en un gol en el minuto 90. No le hace falta martirizarse comparando lo que eres con lo que fuiste. Por eso es tan inteligente como aceptar lo que uno tiene, como refleja ahora el Racing metido en un mundo que no se corresponde con su ciudad, ni con su estadio, ni con su hinchada. Y, sin embargo, la gente que ama el Racing en Santander, la gente que tiene en casa los tres tomos de esa enciclopedia del equipo, sigue yendo y sigue creyendo. Al final, siempre hay algo más importante que el estatus: el sentimiento.

Por eso esto es un brindis por el Racing y por todos esos equipos de capitales de provincias que un día parecieron imprescindibles en Primera y que hoy viven el fútbol de los pueblos. El que se juega tantos domingos en polígonos industriales. El que no sale en televisión. El que no representa una tentación para el aficionado. El que le hace preguntar a tanta gente qué fue del Racing, qué pasó, cómo es posible. Pero esto es parte de la vida, de los siguientes cien años de historia de los que algún día escribirá alguien que tal vez aún no haya nacido. Mañana será mejor o peor, pero seguirá siendo el Racing. Seguirá siendo la historia y la portada del tercer tomo de la enciclopedia de Raúl Gómez Samperio y José Manuel Holgado siempre nos lo recordará mejor que nadie con la fotografía de aquel día: la de El Racing de los cojones. No pudo ser elegida con más intención ni corazón. No había una mejor en ese momento de tanta agonía, año 2013, pudimos desaparecer.

Aquel equipo, repleto de futbolistas desconocidos para el gran público, llegó a la ciudad como solo llegan los grandes. Los recuerdos que ponemos de ejemplo. Los recuerdos que se hacen eternos y que nos evocan que no hace falta pasar unas vacaciones en un hotel de cinco estrellas para que sean las mejores vacaciones. De hecho, mis mejores recuerdos del Racing obedecen a una época que hoy los literatos del fútbol tal vez aborrecerían. Yo no. Fue la época de Maguregui cuando el Racing tenía fama de plantar el autobús cada domingo delante de su portería. Pero entonces acabar con la portería, que defendía Pedro Alba, a cero, guardaba un orgullo incontestable. El mismo orgullo que el de jugar con barro en los viejos Campos de Sport de El Sardinero o el de esos inviernos de antes en los que no paraba de llover en el norte. Y, si a uno se le olvida, siempre estará el libro de Samperio y de Holgado para recordárnoslo. Para entender que en más de 100 años de historia hay que pasar por todos los sitios. Hasta por esas carreteras secundarias en las que explicar que Santander no sólo es dueña del mar. También lo es del Racing.

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