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Roland Garros

El rayo fue Nadal

Poco más de dos horas necesitó el manacorí para plantarse en Cuartos de final de París. Rafa se regala una gran victoria justo antes de su 33 cumpleaños.

No se avecinaba tormenta sobre París hoy, por más que las nubes fueran y vinieran en el inicio del duelo, alternando luces y sombras sobre la deslumbrante nueva pista central de París. Pero sí hubo rayos y truenos en forma de raquetazos, también vendaval. Por partida doble,  entre el viento y el juego de Nadal. Esta vez  sí tuvo que despeinarse el manacorí entre las rachas de viento que soplaron sobre la Phillippe Chatrier y por el juego, que por momentos, desplegó Juan Ignacio Londero. Correcto el argentino, pero poco insurrecto a la hora de poner en problemas a Rafa. Y eso que saltó a la pista con una camiseta serigrafiada con un enorme rayo en la espalda, insuficiente en cualquier caso para intimidar a Nadal. El manacorí continúa con puño de hierro avanzando en su torneo fetiche. La pregunta después de que en 15 años solo haya cedido 14 sets, es cuándo dejará Nadal de ganar en París. A punto de cumplir 33 años, la fecha de caducidad no se vislumbra. El siguiente en intentarlo será el japonés Nishikori o el francés Paire, rivales en la siguiente ronda, a la que Rafa llega como un rayo.

En el primer set Rafa ya había doblado a su rival en puntos ganadores (14-6), muestra de que su derecha corría y mucho y de que su saque era el más efectivo de toda esta semana en París (4 aces y 75% de efectividad media). Solo el viento (y un espectador que se había excedido con el vino en la comida)  pareció enturbiar la calma con la que Rafa se mueve en las batallas parisinas. Londero como buen argentino se mostraba a gusto en el intercambio de golpes sobre arcilla. Por lo que esta primera manga, y por extensión el partido, sirvió a Nadal para subir su nivel de tenis y como un magnífico entrenamiento de lo que está por llegar. Londero se esmeró en su labor de sparring con la ilusión por bandera e incluso con buenas dosis de tenis, menos abrumado de lo esperado por la presión de una Phillippe Chatrier que se iba llenando a medida que el público abandonaba la sobremesa. Todos llegaron a tiempo para ver como Rafa cerraba el set con un break. Ante las continuas ráfagas de viento, el huracán era Nadal, más rápido de piernas que ningún otro día.

En el segundo set Rafa machacó al tenista natural de Córdoba (Argentina) a base de martillazos, con saques abiertos a un lado y el siguiente golpeo a la otra esquina. Con reveses a alturas y velocidades de todo tipo, restos profundos y líneas barridas una y otra vez por el argentino. Señal inequívoca de la puntería del manacorí, convertido ya en el muro que suele ser Nadal cuando su cabeza detecta que está en la segunda semana de su Grand Slam favorito. Londero se acordaba de conchas y de boludos, mientras los puntos le costaban sangre, sudor y casi lágrimas conseguirlos. El argentino  no bajaba su nivel, pero tampoco lo subía, y como había quedado demostrado en la primera manga, eso era insuficiente para hacer algo más que cosquillas a Nadal. Cuando Rafa olió sangre, con 2-3 a favor, se lanzó a por su presa con la voracidad que acostumbra aunque esta vez tras colocar el 2-4 en el marcador el set no se cerró con otro break. Rafa necesitó su saque para poner el 3-6 a su favor, mientras el partido se teñía de amarillo flúor. El color de Nadal en este Roland Garros.

La confianza de Rafa estaba por las nubes y la montaña era ya un Everest para el argentino. Solo dos personas (Soderling y Djokovic) han conseguido vencer a Rafa en París durante 15 años, pero es que nadie le ha remontado dos sets en contra jugando en tierra batida. Entre esos pensamientos se aliviaba el argentino refrescándose con agua mientras intentaba sobrevivir en ese particular infierno en que convierte Nadal cada partido en París. No es el calor lo sofocante, es tener en frente a un tipo que hace de cada bola una misión de vida o muerte. Un pequeño Vietcom en cada raquetazo. Esa guerra de guerrillas termina destrozando la mente del más privilegiado. Y es la cabeza la que atenaza la muñeca y las piernas, armas fundamentales en el tenis. A mediados del tercer set, cuando Rafa ya había conseguido dos breaks, el argentino se revolvió para devolverle un break al manacorí. 2 horas tardó en convertirlo. Su mejor tenis llegó entonces, cuando en el fuego cruzado de los últimos golpes, Londero disparaba sin presión.

Erradicada del diccionario particular del manacorí está esa palabra. Presión. O al menos para Rafa tiene otro significado, otro sentido. Cuando más complicado se le había puesto el encuentro (0-30 y 3-4 en el marcador), Nadal sacó sus mejores golpes para devolver a Londero a la realidad. Todo ello estuvo aderezado con un warning por tiempo que el tenista español replicó con un Ace. Así son los genios, es mejor no cabrearles. La victoria definitiva se certificó con un 6-3 en algo menos de 45 minutos, para un total de dos horas y doce minutos. Buena piedra de toque para seguir creciendo en un torneo en el que Nadal ya ha puesto la velocidad de crucero. La tormenta se avecina para su próximo rival, que saldrá del Nishikori-Paire, empeñado como está Rafa en convertirse en el Rey Sol de París. Por ahora no solo deslumbra su camiseta, también lo está empezando a hacer su tenis.

 

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