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El público la tomó con Ramos y gritó «¡ladrones, ladrones!»

La selección española de Robert Moreno se impuso en Rumanía por primera vez en su historia, en uno de los estadios que albergará la Eurocopa 2020, en un partido muy movido marcado por la indignación del público con el árbitro Deniz Aytekin y los abucheos constantes a Sergio Ramos.

En un Estadio Nacional de Bucarest prácticamente lleno, Ramos extendió su línea goleadora con la selección española con la grada en su contra. La afición rumana ya le había recibido de uñas y no perdonó al capitán español que adelantara a su selección y una celebración que malinterpretaron.

Cada vez que Ramos tocaba el balón, y lo hacía a menudo porque España no dejó de tener la pelota, la grada rugía amenazante tratando de intimidar al camero, que ha toreado en peores plazas y no perdió en ningún momento la calma.

La indignación de las tribunas pareció espolear a los jugadores de Cosmin Contra, que durante algunos minutos avanzaron la presión y llevaron el juego a la mitad del campo de España. Pero el que se convertía en héroe local era un gran Tatarasunu que salvó a su equipo de una goleada de la que no habrían podido culpar al árbitro.

Paco Alcácer pareció sentenciar con el segundo gol español nada más comenzar la segunda parte, pero el tanto de Florin Andone provocó la reacción y revivió al público que volvía a meter a su equipo en el partido.

A animar la plácida noche en el estadio Nacional de Bucarest también contribuyeron los dos espontáneos que saltaron a celebrar el gol sobre el césped.

El primero fue neutralizado por la seguridad sin complicaciones, pero el segundo recorrió casi todo el terreno de juego a lo ancho levantando los puños ante el júbilo del público, y solo fue reducido al chocar con un corpulento agente que se le había colocado delante como si fuera un muro.

La entrada al campo del hijo de Hagi encendió aún más a la masa, y Rumanía siguió intentándolo con un fondo sur entregado. Con sus petardos y bengalas, los ultras rumanos le habían dado al comienzo del partido la atmósfera que tenían las noches europeas balcánicas en tiempos remotos y menos civilizados.

Ahora empujaban a su equipo al empate con sus cánticos de guerra y sus banderas. La expulsión de Diego Llorente en la recta final provocó gritos de «¡ladrones, ladrones!» de una grada que pedía penalti y no falta fuera del área. España sobrevivió al tumulto y mantuvo el buen resultado con dos paradones de Kepa que dejan la clasificación en el bolsillo.

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