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Real Madrid

Raúl, 25 años del debut de un genio por reconocer

Me da la sensación de que Raúl González Blanco no tiene el reconocimiento que se merece en la historia del fútbol español y europeo. Lo que ha venido tras él, en forma de copas que nunca ganó (Eurocopa, Mundial), amenaza con aminorar su contribución a un deporte del que ha sido protagonista durante casi 20 años. Si le faltan esos títulos es porque le falló la suerte o la generación, nunca se sabe que es peor. Pero espero que nadie ponga en duda el encaje que hubiera tenido Raúl en la selección campeona de todo, especialmente si pensamos que el gol era la única roca que le costaba perforar a esos locos bajitos.

Y es el gol, precisamente, lo que distinguía a Raúl, aunque muchos destaquen antes sus cualidades obreras. Es verdad que Raúl corría sin descanso, pero eso era un complemento a sus capacidades como jugador de fútbol. Era inteligente en el campo y al mismo tiempo incorporaba el instinto de los que no ven el gol como problema o como un acertijo irresoluble. Raúl compartía con Cristiano esa ambición vengadora que proporcionan las infancias complicadas, pero añadía una solidaridad en el esfuerzo que se observa en pocas estrellas. Y juraría que ese espíritu, en cierto modo abnegado, le perjudicó porque tendemos a pensar que el sacrificio se utiliza para encubrir el escaso talento. No es el caso, aunque suceda muchas veces. Y la mejor forma de desmentir el tópico es recordar el aguanís (control incluido), con la Intercontinental en juego. A ningún delantero limitado se le hubiera ocurrido semejante cosa.

Raúl tampoco supo venderse, es cierto. Su carácter áspero le alejó sucesivamente de la prensa, de una parte del público y de esos galardones que se deciden, en caso de empate, por la mejor sonrisa. Debió ganar el Balón de Oro de 2001 y el desprecio que sufrió en favor de Owen (bonita sonrisa) es muy similar al que padecieron Xavi e Iniesta con Messi en 2010. Y me gusta juntar en la misma frase a Raúl, Xavi e Iniesta porque son jugadores a la misma altura, aunque ahora parezcan separados por un desierto.

Raúl debutó con el Real Madrid tal día como hoy de hace 25 años porque los muy buenos futbolistas no necesitan vitivinícolas procesos de crianza, ni equipos de psicólogos, ni estar protegidos de la fama o de la prensa, menuda tontería. Tenía 17 años y le bastó con el estreno para demostrar que había nacido una estrella. No viene mal relacionar su caso con el de Vinicius o Rodrygo para ampliar la perspectiva y ser más prudentes en los elogios y en los desembolsos.

Raúl no marcó ningún gol aquella tarde en La Romareda, pero generó un sinfín de ocasiones, preludio de lo que estaba por venir. En aquella plantilla, por cierto, se encontraban Sanchis, Hierro, Luis Enrique, Laudrup, Redondo, Martín Vázquez, Míchel o Butragueño… Díganme uno solo de los citados que no sería titular en el equipo actual (luego lo debatimos en Twitter). Expuesto de otra manera: Valdano tuvo que ser valiente para hacerle sitio. Otros muchos entrenadores hubieran optado por la integración progresiva no fuera a ser que el chico se quemara. Pero, insisto, los muy buenos no se queman, ni tienen vértigo, ni sienten la presión. Todo eso ocurre en el escalón inferior.

La grandeza de Raúl se podría medir solo por su aportación al Real Madrid, pero que en el Schalke 04 también se convirtiera en ídolo (en solo dos años) le eleva todavía más y desmiente el mantra de que quien se marcha del Real Madrid es devorado por la nada. Esa segunda carrera en miniatura es una hazaña deportiva al alcance de muy pocos futbolistas en el mundo.

Todo indica que en la novela de Raúl está escrito que entrenará al Real Madrid. Valdano le dio la alternativa en un artículo reciente y el salto al primer equipo podría estar más próximo de lo que algunos piensan. El club lleva años buscando su Guardiola particular. Pero esa es otra historia y otra carretera. Hoy toca rebozarse en la nostalgia y brindar con aguanís.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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