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RDT celebra el primero de sus tres goles. / Foto: José Luis Cuesta/Cordon Press

Rayo

RDT es sinónimo de felicidad

El Rayo Vallecano derrota al Celta con un hat-trick del madrileño y termina la primera vuelta con tres victorias consecutivas (4-2)

Es bastante arriesgado definir con la palabra felicidad un partido entre un equipo que está luchando de lleno por la permanencia y otro que podría estarlo en próximas fechas de continuar en su dinámica actual, pero lo cierto es que cada encuentro del Rayo Vallecano es una pequeña porción de hora y media de alegría. En este caso, la insistencia semanal en estas líneas sobre la condición jubilosa de los partidos del conjunto vallecano es necesaria: el mundo actual nos regala tan pocos momentos satisfactorios que no conviene despreciarlos. En apenas tres cuartos de hora, en el Estadio de Vallecas se puede disfrutar de cuatro goles, otro anulado, penalties, ocasiones y suspense patrocinado por el VAR. No como un hecho anecdótico o aislado, sino como una sucesión de acontecimientos normalizados, habituales. Hay vidas en las que la diversión forma parte de su núcleo hasta cuando se sale en chándal a tirar la basura al contenedor.

Los partidos del Rayo son, se ha dicho muchas veces, vértigo y urgencia hasta cuando se tiene paciencia con la posesión. Es una cuestión que tiene que ver más con la idea que con la ejecución. Hoy, por segunda semana consecutiva, los de Míchel abrieron el marcador cuando la mayoría del público todavía no había ocupado su asiento: RDT envió a las mallas una falta frontal ajustada al palo (1-0 minuto 4). Después, si han seguido los capítulos anteriores de la temporada 2018/2019, todos los lectores ya saben que el cuadro vallecano tuvo oportunidades para aumentar su renta (David Juncà se adelantó a RDT en boca de gol), pero que fue su rival el que marcó, quizá hasta en dos ocasiones. Esta noche no hubo giro sorprendente en ese guión. Primero, Araujo aprovechó en el segundo palo un rechace en un córner (1-1 minuto 13). Después, previa nueva ocasión rayista en las botas de Álex Moreno, Maxi Gómez superó la estirada de Dimitrievski para convertir en gol una pena máxima por manos de Ba en un lanzamiento de Brais (1-2 minuto 18).

La remontada celtiña fue acicate suficiente para potenciar la algarabía. Desde ese momento y hasta el descanso, los chispazos de energía positiva fueron tan continuados que a veces nos hicieron olvidar que después tendríamos que enumerarlos. Cabral empujó a Embarba dentro del área y el posible penalti pareció excesivamente leve. Acto seguido, Rubén Blanco evitó el tanto de RDT, que decidió regatearle en vez de lanzar tras una asistencia de Advíncula. Más tarde, el propio RDT supero al guardameta del Celta, pero el gol no subió al marcador por fuera de juego. Ya en el minuto 37, otra vez RDT alojó su disparo en las mallas de la portería visitante tras un nuevo centro de Advíncula y, al final, previo paso por el VAR, esa jugada se convirtió en el empate a dos. Que, ya en el minuto 44, Rubén Blanco apareciera con un magnífico paradón a Trejo al borde del área pequeña pareció un pequeño capricho antes del postre. Los antojos de entretenimiento nunca son suficientes.

Los últimos protagonistas de la primera mitad también fueron los actores principales de la reanudación: Blanco volvió a abortar la ocasión de Trejo, aunque fue el Celta el que más cerca rondó el gol durante buena parte del segundo periodo, especialmente en una falta lejana que Maxi Gómez envió al larguero. Pero, entonces, llegó el tercer tanto de RDT en el minuto 77 merced a un gran disparo imparable con su pierna izquierda (3-2). Es curioso que los ocho goles en Liga del madrileño hayan sido en Vallecas, pero cuando uno ve la amalgama de colores que se forman en el cielo de Madrid en un atardecer cualquiera como el de hoy se entiende todo: a veces es más importante el lugar que nos rodea que lo que conseguimos. Ya al final, Bebé culminó el partido al anotar el cuarto tanto local en un mano a mano en el descuento (4-2) y el Rayo cierra la primera vuelta con tres victorias consecutivas y con una certeza: se puede ser feliz hasta cuando el agua llega hasta el cuello. O, al menos, se puede ser feliz una vez a la semana durante una hora y media.

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