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Real Madrid

Bale pide quedarse

El galés jugó en la segunda parte y fue de largo el mejor del Real Madrid (porteros al margen). Asensio brilló hasta su lesión. El Madrid se impuso en los penaltis tras empatar a dos.

Quién lo iba a decir. Bale, al que ya suponíamos fuera del Real Madrid, fue el mejor de su equipo en el partido contra el Arsenal. Marcó un gol y resultó una presencia constante y brillante en el ataque durante la segunda mitad, la mejor de los madridistas. Diría que le engrandeció la comparación con Benzema y diría también que nos refrescó la memoria. Pese a todo, es un jugador excelente. El fútbol, sin embargo, es tan sádico que Bale emborronó su redención con un penalti fallado en la tanda que debía deshacer el empate (2-2). Habrá quien dude menos después de ese error, pero yo dudo más. La cosa, no obstante, no pasó a mayores porque el Madrid se impuso con goles de Isco, Varane y Vinicius.

Fue una noche intensa, no cabe duda. Al minuto de partido, Benzema tiró entre palos con un zurdazo raso, de los que crujen los huesos de los porteros. A los cinco minutos, Özil sorprendió con un lanzamiento de falta muy poco sutil, durísimo, inesperado en un futbolista tan alicaído. A los siete, Nacho hizo un penalti y fue expulsado. Podríamos debatir si su mano merecía tanto castigo, pero lo indiscutible es que Nacho tiene días diabólicos y se repiten en los últimos tiempos. Lacazette adelantó al Arsenal después de que el balón tocara los dos postes.

Lo que siguió fue un partido con una excusa evidente, el hombre menos. Varane entró al campo y Jovic lo abandonó después de quince minutos irrelevantes. Es difícil decir si el Real Madrid acusó la expulsión o el desorden lo traía del vestuario. El hecho es que Hazard lo vio tan crudo que se incorporó al mediocampo para sacar la pelota, sin excesivo acierto. El equipo solo ponía en apuros al Arsenal con la presión alta, que provocó media docena de robos. Pero más allá de eso, no existía un plan, o no se distinguía. Aunque Kroos estuvo bien en el corte, no favorecía la circulación. Y tampoco Modric era constante. Entretanto, Aubameyang y Lacazette eran un cuchillo a la espalda de los centrales. El segundo gol lo hicieron en estrecha colaboración. El marcador era inquietante y hubiera sido sonrojante de no ser por Keylor Navas.

El Real Madrid volvió a chutar a portería —alto, Modric— en el minuto 28. Poco después, descubrimos que el árbitro, señor Tim Ford, se sentía culpable por la expulsión de Nacho, así que expulsó también a Sokratis. Compensaciones sin fronteras.

Sin excusas, el Madrid apretó y se aproximó al gol. Lástima que no lo tenga. Benzema cabeceó contra el palo; algunos se conforman con eso.

Ante semejante panorama, Zidane no sacó a los júniors en la segunda mitad. Entraron Courtois, Odriozola, Marcelo, Asensio, Isco y Bale. Se quedaron sobre el campo Ramos, Varane, Modric y Kroos. Mejoró el juego, mucho. Se notó el orgullo herido y no olvidemos que el despecho, en combinación con el talento, es un arma poderosa. Y entonces marcó Bale, porque nada es casualidad. Podemos criticar su inadaptación y su melancolía galesa, pero tiene gol y el club tendrá que medir la pérdida cuando lo empaquete con destino desconocido.

Antes del gol de Bale, Asensio había hecho temblar por la portería con un zurdazo que repelió el palo. Algo le había picado, pensamos. Y debía ser un insecto grande, concluimos, porque poco después marcó el empate en una jugada espléndida. De pronto se nos había aparecido el jugador que imaginamos hasta que perdimos la esperanza. Duró poco el sueño. Asensio se lesionó en el 62, fue retirado en camilla y sus gestos no son un buen presagio (abandonó el estadio en ambulancia).

Bale pudo marcar de nuevo y Marcelo, a su vez, puso de manifiesto los beneficios de la dieta. Su talla como futbolista es muy superior a la de Mendy, un chico con más físico que finura, como tantos laterales de zancada larga. El drama del Real Madrid es que los jóvenes no mejoran a los veteranos a poco que estos alcancen un mínimo estado de forma. E incluyo a Bale en la afirmación. No se hallará en el mercado un jugador más influyente, salvo que se fiche a Neymar o Mbappé. Puede parecer una locura, incluso una fiebre veraniega, pero no veo por qué Zidane no podría dar una última oportunidad a Bale. Tal vez todo lo ocurrido sea el electroshock que necesitaba el futbolista. Cosas más raras se han visto.

El Madrid tuvo varias oportunidades para hacer el tercer gol y todas, claro, pasaron por las botas de Bale. Para completar su redención, sacó un balón entre palos de la portería de Courtois. Es una locura, insisto, pero si decimos tantas veces que el fútbol no tiene lógica, tal vez deberíamos actuar en consecuencia. 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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