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Los otros

Los pesimistas son aquellos que se niegan a creer en las bondades del otro fútbol, es decir, esos que tachan el derbi de aburrido.

El Real Madrid y el Atlético de Madrid suelen estar tan alejados entre sí como los vivos y los muertos. Hay casi el mismo abismo entre los que saben que están muertos y los que todavía lo ignoran. Solo se me ocurre pensar en que los aficionados del Atlético de Madrid que defienden el partido de su equipo ayer son los que padecen esa enfermedad, aquellos que sienten orgullo —algo que se escapa al entendimiento del resto del planeta— al haber muerto en vida en dos finales de Champions consecutivas, porque al menos por un instante se sintieron vivos. Por su parte, el Real Madrid hace malabares para permanecer con vida porque la muerte le asusta, aunque casi siempre le pise los talones. El equipo blanco no sabe vivir tranquilo, se debate entre la gloria y la crisis y desde hace no mucho se empeña en desterrar poco a poco ese cuento del estado de bienestar que supone ser aficionado madridista. ¿Quien es más real de los dos?

Hay un antítesis palpable entre estos dos contendientes —y entre sus aficionados— que hace del derbi un partido impredecible, casi neurótico, mágico, y que los de fuera alimentamos con nuestra falta de raciocinio para leer lo que realmente ha ocurrido en la escena del crimen. Nuestro discurso suele estar viciado, somos hijos del miedo a que se nos tache de parciales o imparciales. Por eso recurrimos casi siempre al pesimismo. «El pesimismo y el realismo son la misma cosa. Yo soy muy pesimista, sobre el mundo, sobre el futuro, sobre la sociedad, sobre la existencia…, pero de verdad creo que es así como es el mundo, así que pienso que soy realista. No hay otro remedio que hacer una evaluación pesimista del mundo. No puedo hacer nada al respecto. Siendo honestos, no queda otro remedio que ser pesimistas», comenta Woody Allen en una entrevista con El País Semanal este mismo domingo. No suelo llevarle la contrario al director neoyorkino, pero en este caso, yo me desmarco del pesimismo, al menos, para analizar lo que hizo el Real Madrid en el Wanda.

Los pesimistas son aquellos que se niegan a creer en las bondades del otro fútbol, es decir, esos que tachan el derbi de aburrido. Yo no me aburrí en absoluto, no con el partido que planteó el Madrid. De un equipo que va apuntalando solidez y seriedad, y de otro poco valiente y al que le da lo mismo tener en plantilla a Joao Félix o a un luchador de sumo porque lo de jugar a otra cosa que no sea el cuerpo a cuerpo está sobrevalorado, salió un partido entretenido. Si acaso, le echaré en cara a Zidane la falta de chispa mental de la que puede presumir Simeone, y que el argentino ejemplificó perfectamente en la respuesta que dio a la salida al campo de Luka Modric.

En la orilla rojiblanca, solo Thomas Partey estuvo a la altura de las circunstancias. No menciono a Oblak, porque lo del esloveno es lo habitual. Vi a un Joao Félix al que las expectativas le están pasando factura, a la dupla que forman Koke y Saúl al borde de pedir la jubilación anticipada y a un Diego Costa que ni ladra, ni muerde. Si las extensiones de Simeone en el campo empiezan a fallar —Godín manda postales desde Milán—, y tampoco hay voluntad de intentar algo diferente con los jugadores que se tiene, el Atleti no aspirará a molestar a nadie. El conjunto rojiblanco puede permitirse el lujo de renunciar a muchas cosas, pero no a tener alma. Y ayer fue una sombra que no dio ni miedo.

En el Madrid, en cambio, hubo varias buenas noticias. Kroos ya es otra vez un referente —lo que todavía no ha vuelto a ser Modric y lo que Casemiro es casi siempre—. Tras un período de reflexión, el alemán vuelve a hacer que nos acordemos de lo barato que fue. Buena señal. Me gustó muchísimo el trabajo de Valverde. Sin prisas, con oportunidades y con Ødegaard y Ceballos al lado, el equipo blanco tiene el futuro asegurado en el centro del campo. Karim sigue ejerciendo de capitán silencioso, mientras Sergio Ramos eleva el tono; y el Real Madrid ha enlazado tres partidos oficiales consecutivos sin conceder un solo gol (Sevilla, Osasuna y Atlético) por primera vez desde noviembre de 2018. Desde la debacle en París, Zidane se ha propuesto empezar a construir el éxito desde la retaguardia, y este plan —el único que se aprecia a simple vista— sí funciona. Echo de menos a Hazard, pero me imagino que cada uno tiene sus tiempos y que no podemos pedirles a todos a la vez que estén en forma.

Lo dicho, no sean tan pesimistas, el derbi no dejó mal sabor de boca. Jugar a no perder también vale y puede ser tan entretenido como querer meter ocho goles por partido. Y de todas formas, si no les gusta lo que ven, siempre pueden echarle la culpa a los otros.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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