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Barrer en el desierto

Tengo algunas certezas apuntadas y nunca dejo de creer en ellas. Al Madrid le falta aprender de los errores. Tomen nota, porque a pesar de las derrotas, los rojiblancos también lo hacen.

Reconozco que, minutos antes de que comenzase el partido, me invadía cierta melancolía por la ausencia de Cristiano. Pensar en una final sin verle corretear con el brazo levantado pidiendo un taxi escorado en la banda, es como la tortilla de patata sin cebolla, sirve para salir del paso, pero nunca dejará el mismo sabor de boca. Tendrá que pasar el tiempo para que su sombra empiece a desvanecerse, pero, de momento, sigue dominando ciertos rincones de mi memoria.

Renunciando, pues, a viejos amores de verano, tenía que aferrarme a alguien nuevo a quien hacer responsable de mi estado de ánimo dos horas después. Elegí a Asensio a eso de las 20:40 y algunos me acusarán de apostar sobre seguro. Tienen razón. Pero me temía que el partido empezaría con un buen susto en el cuerpo, y el Atleti suele cumplir con su palabra a menudo. Solo hizo falta un minuto para que Sergio fuese lento, Keylor cómplice y Costa verdugo. La vida son instantes.

El partido se puso apetitoso para el Atleti, trabado, por momentos tenso, estancado en un forcejeo en el centro del campo del cual el Madrid no conseguía escabullirse. Los colchoneros tejían la camisa de fuerza para Isco y Asensio con la misma velocidad con la que le buscaban las cosquillas a los defensas del Madrid con balones comprometidos que peleaban Griezmann y Diego Costa. El tiempo corría, pero los arreones puntuales de ambos equipos no generaron emociones. Mi instinto me hacía desconfiar. El encuentro podría decantarse hacia un lado por razones del corazón que la razón no entiende, hacia un Atleti que parecía más concienciado de que el baile oficial había comenzado. Mientras, el Madrid, solo usaba la cabeza y no jugaba con los sentimientos. Frío, muy frío.

Aprovecho la pausa dramática para contaros que siempre me dieron mucho respeto las personas con cierta sensibilidad con lo paranormal. Ahora mismo os parecerá fuera de lugar, pero creo que Karim tiene algo de mentalista. Lo ha vuelto a demostrar. Durante los partidos se sume en un estado catatónico en los que medita, se abstrae y le pide a algún espíritu que nadie le mire, al mismo tiempo que reza para que este año Bale asuma protagonismo y le sirva balones como el del tanto del empate. Ahora en serio, el francés se dedicará a invertir el tiempo en lo que sabe hacer. A mí me vale, no sé a vosotros. No le pido demostraciones públicas de cariño, solo que sea consecuente con su calidad como lo ha hecho contra el Atleti y que no se grabe mientras conduce. Poca cosa. Es sumamente necesario el compromiso por su parte de cumplirlo, porque cuando dio un paso adelante, puso el encuentro en bandeja para el Madrid. Ese es  el verdadero Karim Benzema, un maestro de la psicología, el hombre del tiempo. Para todo lo demás, Diego Costa.

No me pude sacudir la melancolía en todo lo que duró el partido, nunca las tuve conmigo, menos todavía, cuando Modric sigue cabizbajo. El partido se fue a la prórroga y terminó siendo un ejemplo de misiones imposibles. Primero, la de esperar una defensa a la altura de las circunstancias. Y segundo, la que exige que el Madrid gane sin corazón y que nunca se pierda una final europea. Vamos, prácticamente lo mismo que tratar de coger el humo con las manos o ponerse a barrer en el desierto. Al Madrid le falta aprender de los errores. Tomen nota, porque a pesar de las derrotas, los rojiblancos también lo hacen, el final de la batalla fue una clara muestra de ello. Os avisé de que el Atleti suele cumplir con su palabra, y por una vez frente al Madrid, les ha salido bien lo de morir con las botas puestas. Mi enhorabuena por su empeño y por su ambición.

 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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