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Courtois le gana el mano a mano a Griezmann. ZUMAPRESS.com / Cordon Press

Atlético

Lava

El problema es tener que convivir, antes, durante y después, con el poderoso rodillo mediático y social que supone el Real Madrid.

No me gusta el Derbi madrileño. No es un partido que me parezca emocionante, ni divertido, ni que disfrute viéndolo. Hace años, de niño, no era así. Hoy sí. Hoy es como acudir a una comida familiar llena de cuñados, que sé que estará monopolizada por otros, y en la que nadie tiene la más mínima intención de escucharte.

El problema no es tener que enfrentarse a un excelente equipo de fútbol que tiene muchas posibilidades de ganarte. No. Eso es algo sugerente y retador. El problema es tener que convivir, antes, durante y después, con el poderoso rodillo mediático y social que supone el Real Madrid. Esa dictadura excluyente que confunde mayoría con veracidad. Rivalidad con desprecio. Opinión con intolerancia. Esa especie de lava que llega a todos los rincones de la vida pública y que fulmina a su paso todo lo que sea diferente. No es tener que ganar o perder un partido, algo natural y plenamente asumido. Es tener que adoptar unos modos, un estilo, unas formas y un lenguaje que no están fabricados para convivir y mucho menos para permitir la coexistencia.

Es estas circunstancias, me resulta difícil observar lo que ocurre en el césped con cierta perspectiva sensata. Aun así, siendo consciente de que yo también estoy condicionado, voy a intentarlo.

Lo que yo vi fue una buena primera parte del Atleti y una buena segunda parte del Real Madrid. El partido comenzó con los de Simeone muy metidos. Dominando el tiempo y el ritmo mediante juego e intensidad. Más allá de esa superstición inútil de la posesión, creo que el Atleti fue mejor en ese tramo. Desactivó la presión adelantada del rival, anuló su capacidad para tocar el balón en tres cuartos y cerró la posibilidad de que le hicieran ocasiones. Consiguió gestionar el balón bastante bien y tuvo el dinamismo suficiente como para hacer que el equipo fuese efectivo y vertical. Rápido y peligroso. Lemar y Rodrigo tuvieron mucho que decir. La única ocasión del Real Madrid llegó con un balón colgado al segundo palo, mal defendido, que Bale no acertó a rematar. Por el contrario los rojiblancos tuvieron dos mano a mano de los que no se pueden fallar en partidos de elite. Griezmann y Diego Costa tuvieron la mala suerte de toparse con el buen hacer de ese madridista de corazón llamado Courtois.

Carvajal, un muchacho con aspiraciones artísticas que no tiene reparos en declamar sus fantasías en voz alta, diría después que el Atleti había perdido tiempo desde el primer minuto. Imagino que, entre patada y patada o algún que otro ensayo digno del Actors Studio, olvidó prestar atención a lo que estaba ocurriendo en el césped.

La segunda parte fue otra cosa. Lopetegui, sin querer (porque fue consecuencia de una desafortunada lesión de Bale), reforzó un mediocampo que había perdido y cambió el panorama por completo. Ceballos equilibró el equipo, tiró de calidad y el Real Madrid se adueñó del balón, del espacio y del partido. El Atleti era ahora incapaz de salir jugando y, voluntaria o involuntariamente, tuvo que adoptar ese modo Cocoon tan efectivo como desesperante. Lo pasó mal. Básicamente porque el equipo blanco fue mejor. Pudo haber perdido el partido tranquilamente si un claro mano a mano de Asensio no hubiese sido atajado por esa bendición del cielo esloveno llamada Oblak.

Eso sí, no recuerdo otra ocasión clara del conjunto merengue. Lo digo porque el tal Lopetegui, tirando de modestia, dijo que merecieron ganar y que las ocasiones del Atleti sólo vinieron por errores del rival. No como las de su equipo que, por supuesto, fueron mérito suyo. En lo que probablemente es la mejor virtud de este hombre, no hacía más que nadar a favor de corriente. Repetir la versión oficial. Esa verdad incuestionable que dice que nadie puede nunca ganar (o empatar) al Real Madrid sino que es siempre el Real Madrid el que pierde (o empata).

¿Y el resto? Pues qué quieren que les diga. Partiendo de que no soy ese tipo de persona al que le sube la bilirrubina por saber si Vinicius ha hecho de vientre o no, tiendo a tomármelo con bastante cinismo. Digamos que se me hace muy complicado entender, sin recurrir a la literatura fantástica, que un manotazo sin balón sirva para expulsar a unos y a otros no. Que las manos dentro del área unas veces son evidentes y otras hay que tirar de geometría euclidiana o mecánica hamiltoniana para demostrar, claramente, que no lo son. Que el VAR funciona o no en función de lo cerca que esté la lava.

Ya pasó. Volvamos cada uno al lugar que la rabiosa actualidad nos ha reservado. Unos a esa colonizada primera plana que da gloria y dividendos. Otros al calor de casa. Mejor así.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

2 Comments

2 Comments

  1. Angel

    01/10/2018 at 08:08

    Genial, Ennio

  2. José Luis Hera

    01/10/2018 at 10:26

    Objetividad irrefutable. Excelente Ennio.

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