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Monarquía o revolución

La última vez que el Madrid jugó contra un club más poderoso fue en la final de la Copa de Europa de 1998. Veinte años en ventaja hasta hoy.

Ilustración: Melvira

Monarquía o revolución

Cualquier exageración es válida, esta vez sí. Todos los aspavientos anteriores estuvieron sobreactuados, pero lo de esta noche es verdad. Nos hallamos ante el Rumble in the Jungle del fútbol, y la comparación es válida porque la selvática fauna de la Gran Vía madrileña no es muy distinta de la que brota en el Congo, antiguo Zaire. Habrá partidos mejores, que lo dudo, pero no hay ninguno tan cargado de simbolismos y tan plagado de opuestos. El viejo rico contra el nuevo. La tradición contra la novedad. El campeón contra el aspirante. El Rey Sol contra la media luna. Sigo sin exagerar si afirmo que lo que se dirime en el Bernabéu es un cambio de régimen, monarquía o revolución. Las dinastías que antes dependían de generaciones espléndidas de futbolistas dependen ahora de formidables cuentas bancarias.

La aproximación será por partes y de lo extraordinario pasaremos a lo insólito. La última vez que el Real Madrid jugó contra un club más poderoso fue, muy probablemente, en la final de la Copa de Europa de 1998, contra la Juventus de Turín y de Zidane. Hará veinte años el 20 de mayo. A partir de entonces —Florentino llegó en el 2000— el Real Madrid siempre ha competido en superioridad de condiciones económicas y deportivas, y pretendo constatar un hecho, no hacer una crítica. Podríamos convenir, admitiendo sutiles detalles, que sólo los enfrentamientos con el Barcelona se han disputado en igualdad de recursos.

No encontramos, pues, ante un hecho inédito para los madridistas por debajo de la veintena y diría que de la treintena. Y en esta población incluyo a los chicos que ondean banderas y a los futbolistas de la plantilla. Por primera vez, tendrán delante a un equipo con más dinero y, es posible, la discusión es legítima, con más talento. No es el mundo conocido. El Barça es el enemigo eterno, pero el PSG es un invasor.

Entre esos madridistas que llamaremos jóvenes habrá quienes estén sintiendo miedo por primera vez y quienes sean incapaces de sentirlo por falta de entrenamiento. Entre los aficionados más viejos, y ahora me proclamo representante de la edad provecta, ha comenzado a aflorar un sentimiento que no es de felicidad, aunque ande próximo, y que bordea el orgullo sin pisarlo de lleno, y lo anterior no niega los picores habituales antes de un gran partido. Lo diré claramente: el placer de la victoria es minúsculo en comparación con el placer de vencer a un equipo superior en lo deportivo y en lo económico. Hace veinte años que el madridismo no experimenta semejante sensación; en los 80, sin embargo, se hizo habitual medirse a equipos más dotados a los que se derrotaba no pocas veces y contra los que se perdía otras tantas. En aquellas conjuras entraba un factor que algunos —la vejez es nostalgia— echamos de menos hasta cotas insospechadas: el romanticismo.

No hay nada tan romántico e inspirador como desafiar al poderoso. Lo he visto en los ojos de los seguidores del Atlético y a veces he sentido envidia, tengo que confesarlo. Mientras el Madrid peleaba por la copa, por la que fuera, ellos luchaban por la salvación del pueblo oprimido y de los delfines del mar. Pues bien, ya lo tenemos, ahí está el París Saint-Germain, a merced de que quien desee salvar el universo.

El siguiente acercamiento tiene que ser deportivo y debe acompañarse de datos. Los más próximos son aterradores. El PSG ha perdido un partido de los quince últimos y tres en toda la temporada, el más relevante contra el Bayern (3-1). Fue su único tropiezo en la fase grupos, solventada con goleadas estrepitosas —7-1 y 0-5 al Celtic, 0-4 y 5-0 al Anderlecht— y récord histórico de goles (25). El PSG es líder de la liga francesa con doce puntos de ventaja sobre el Mónaco y el 30 de marzo jugará la final de la Copa contra su abnegado perseguidor. Añadamos los once goles de Neymar en siete partidos, el buen momento de Di María y que Cavani acaba de superar a Ibrahimovic como goleador histórico del club (157).

La comparación con el Real Madrid es dolorosa. Sólo tres victorias en los últimos nueve partidos. Decaimientos crónicos en las segundas partes y una asombrosa facilidad para encajar goles, justo lo que no debería pasar hoy.

Es necesario alejarse varios pasos para tomar perspectiva. Es entonces cuando recordamos la debacle del PSG contra el Barcelona, hace exactamente doce meses: 4-0 en París y 6-1 en el Camp Nou (doblete de Neymar). Ante esa visión debemos considerar la primera esperanza: tal vez les tiemblen las piernas en determinadas condiciones de presión y temperatura.

Si nos seguimos alejando, o nos subimos a un pino, observamos que la historia es un viento que sopla a favor. En los últimos siete años, el Real Madrid ha sido semifinalista o campeón; el PSG jamás ha pasado de cuartos. Y crean que, metidos en competiciones europeas, ayuda mucho conocer el camino. Algo más: de los últimos 39 partidos de Copa de Europa en el Bernabéu, el Madrid sólo ha perdido uno —contra el Schalke (3-4) en 2015— y no le impidió clasificarse.

Al margen de la estadística, el partido plantea una apasionante batalla táctica. Referida, concretamente, al equilibrio de cada equipo. El PSG tiene lo mejor arriba (Cavani, Neymar, Mbappé), pero los esquemas con tres delanteros tienden a quebrarse por el mediocampo, qué bien lo sabe el Madrid. No sería extraño que Emery aprovechara las molestias de Cavani para reforzar la medular o permitirse un jugador como Di María, de ida y vuelta. Tampoco está claro quién ocupará el puesto de mediocentro defensivo, aunque la lógica nos sugiere que Lass Diarra fue fichado para este momento y para este partido.

El dilema de Zidane es de mayor profundidad. En principio, no es día para apostar por la BBC. Hará falta ayuda en el mediocampo y se necesitarán futbolistas que defiendan con el balón; la posesión es la primera barrera protectora. Isco encaja en el papel. Sin embargo, si el entrenador sienta a Benzema, tal y como indica el sentido común, le dejará señalado. La suplencia de Benzema habrá dado la razón a los críticos y a Zidane le irritan sobremanera los críticos de Benzema. La cuestión es peliaguda y obliga a elegir entre la filosofía y el pragmatismo, entre los principios o la supervivencia.

Lo demás no cambia salvo en lo imprescindible: Nacho ocupará el puesto de Carvajal en la derecha con la diabólica misión de emparejarse con Neymar.

Me dice un buen merengón, cuando le hablo de temores, que a él le da más miedo el Real Madrid que el París Saint-Germain. Y tiene mucha razón. Si el campeón llegara en forma sería distinto. Entonces no habría que agarrar a nadie de la solapa, ni gritarle despierta, ni invocar a los fantasmas del estadio. Todo eso es cierto. Pero en ese caso se nos negaría el placer más sublime que nos ofrece el fútbol y probablemente la vida: matar al gigante.  

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

1 Comment

1 Comment

  1. Pablo

    15/02/2018 at 09:14

    Aún a toro pasado me gustaría decirle que esa gozosa sensación de vencer siendo inferiores sobre el papel sí que se ha experimentado más veces además de la final de 1998.

    Recuerdo cómo en el año 2000 la eliminatoria contra el M. United (vigente campeón de Europa) se presentaba como un fin de trayecto… hasta la exhibición de Old Trafford, también las semifinales de ese año frente al B. Múnich que ya nos había vencido en 2 ocasiones en fase de grupos.

    Más recientemente está la final de copa contra el Barça y el gol de Cristiano en la prórroga (había que ser muy fanático si se pensaba tener alguna posibilidad ante un equipo que había machacado sistemáticamente al Madrid).

    Sé que no son muchas, pero tampoco hay muchos equipos que se puedan considerar superiores al Madrid independientemente de las circunstancias de uno y otro.

    Un saludo y mis felicitaciones, le sigo desde hace muchos años.

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