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Real Madrid

Madridistas del Universo

Ustedes me llamarán loco, pero ya veo la 14ª en nuestras vitrinas de la sala de trofeos del que va a ser el mejor campo de fútbol del mundo. 

Debo confesar que no he visto ni un partido del Madrid este verano, ni siquiera hubiera sabido cuándo jugaban si no hubiese sido por los whatsapp del grupo. De hecho, ni siquiera me planteé ver el primer partido de Liga, contra el Celta, porque sabía a ciencia cierta que íbamos a ganar. Las pretemporadas solo se han hecho para que el entrenador y los jugadores se conozcan, se prueben las camisetas y para que el club se embolse una cantidad de dinero en derechos de televisión. Nunca han servido para sacar conclusiones válidas, ni cuando se reciben goleadas ni cuando se endosan. Creo ciegamente en Zizou desde que escribió oui en aquella servilleta arrugada y que estampó para regalarnos roulettes en el Bernabéu y para dejar en la memoria futbolística mundial “La Volea de Hampden Park”.

Yo soy madridista. Por orden soy madridista y luego ser humano. Ser madridista es nunca conformarte, jamás darte por vencido y sentir que todas las Champions te pertenecen, porque somos los elegidos y nos las merecemos. Yo creo en Zidane, haga lo que haga, y mientras el madridismo entero murmuraba entre dientes mascando dudas, ofensivas dudas, he preferido mantenerme al margen y en silencio, porque estábamos hablando de Zidane y del Real Madrid.

Ustedes me llamarán loco, pero ya veo la 14º en nuestras vitrinas de la sala de trofeos del que va a ser el mejor campo de fútbol del mundo. Tal vez sea eso lo que nos pase, que nos hemos acostumbrado a vivir en la excelencia, en el cielo, en el paraíso, en el Valhalla, y nos hemos acostumbrado a lo imposible, a ganar en el 93’, a ver a CR7 marcar 50 goles por temporada, a los pases de Modric, a los huevos de Ramos, a las carreras de Carvajal, a la sobria elegancia de Kroos y a la impenetrable capacidad futbolística de Benzema y no entendemos otra cosa.

Además, vemos a Brahim, Hazard, Isco, Asensio, Valverde, Reguilón, Vallejo, Vinicius, Rodrigo, Jovic y sabemos que el mundo es nuestro, porque nos pertenece, pero lo queremos ya, sin preámbulos, porque nos puede la impaciencia de sabernos los mejores, pero, como los buenos platos, debemos dejar que se cocine a fuego lento porque será a partir de febrero cuando empecemos a darle los toques justos de sal y de pimienta, de azafrán y de comino, para que a finales de mayo nos podamos volver a comer ese magnífico plato que ustedes ya conocen de sobra, pero por si no recuerdan como se llama ya se lo recuerdo yo: Elegidos para la Gloria.

Y en junio habrá algunos millones de niños más que a lo largo y ancho del mundo que hayan acogido al Real Madrid como parte de ellos mismos. Así que háganme caso y pónganse cómodos en sus asientos porque se viene la segunda parte del tándem que han de recordar nuestros hijos y nuestro nietos: el de Zizou con el Real Madrid. Y de paso, guarden este artículo y nos vemos en mayo de 2020 en el Estadio Atatürk de Estambul. Yo iré de blanco.

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