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Lamerse las heridas

Quizá Solari quiera mantener las apariencias, porque cambiar —lo que se dice cambiar— el Madrid ha cambiado poco.

Los cojones están sobrevalorados. Yo prefiero ser fiel a los principios del Real Madrid en vez de pedirle peras al olmo. No me convence un discurso espartano, aunque Solari goce de mi simpatía por ser un señor elegante y repeinado. Que vuelva el caos y volverá la alegría. Quizá el argentino quiera mantener las apariencias, porque cambiar —lo que se dice cambiar—el Madrid ha cambiado poco, aunque es cierto que apenas ha habido tiempo para notar su efectos secundarios. Lo de Melilla fue más bien un bautizo apresurado y placentero.

Modric. Cabizbajo. El croata sigue siendo el máximo exponente de la depresión. Impreciso, desconectado, desafinado y pasando desapercibido por el poco peso que tiene ahora mismo en el juego del equipo. Su presencia parece imprescindible para que no nos tiemblen los cimientos del centro del campo, pero sus dones permanecerán hibernando hasta que se le pase la sobrecarga de minutos y de premios que le provocó el Mundial. El problema de Luka es físico, por eso ahora es necesario buscarle un rol donde el croata recorra menos kilómetros y no sienta siquiera la presión atmosférica. Ceballos puede manejar mejor la situación, es solo un consejo.

Ronaldo. En el palco. Con su cintura caliente a buen recaudo al lado de Florentino provocando deseos impuros y el síndrome de la Belle Époque en quienes le observábamos de vez en cuando. Cómo no sentirse identificado con Gil Pender cuando miraba el rostro de Adriana iluminado por las farolas en la orilla del Sena. Tan cerca y a la vez tan lejos. Cómo no valorar más el pasado que el presente recordando al brasileño dejando a varios muertos por el camino cuando se dirigía hacia la portería para hacer lo que mejor sabía. Me desperté rápido y ahí seguía, pero solo era una utopía, porque ahora Ronaldo ya no es nuestro, el tiempo ha pasado y la vida ha cambiado. Eso sí, siempre podremos pasear por la orilla del Sena o por Valladolid para recordar lo que nos hacía sentir. 

Valladolid. Pasará pocos apuros, dormirá tranquilo antes de tiempo y disfrutará una de sus mejores temporadas en Primera si se mantiene fiel a sus principios. Siempre hay seguridad en el valor.

Bale. Sigue habiendo un abismo entre las expectativas que crea y su rendimiento. La paciencia se acaba y aunque sus piernas de momento responden, su cabeza se encuentra muy lejos de aquí. Bale no puede presumir de un carácter a la altura de las circunstancias, aunque frente al Valladolid casi se parte la espalda. Ese fue su mejor gesto, porque el resto del partido el galés fue escrupulosamente austero y reservado. 

Vinicius. Gracias a la hegemonía del desastre en las últimas semanas, su carácter canalla y la viveza de sus expresiones reparten un poco de oxígeno en el ambiente. Vinicius encarna ahora mismo la transgresión, pero habrá que tener paciencia para que no se convierta en un producto descafeinado con el paso de los partidos. Esto solo se conseguirá dándole oportunidades, que no me parece una decisión precipitada, sino justa. La cuestión es no desnaturalizarle, así que midamos los excesos de confianza y la algarabía en torno a su protagonismo. El gusano todavía necesita tiempo para convertirse en mariposa.

Ahora quiero señalar lo populista y maravilloso que me parece señalarse el escudo en momentos de pesadumbre. Sergio Ramos lo suele repetir como una letanía y parece que, por unas horas, su oraciones han sido escuchadas. Son ese tipo de gestos los que engrandecen el teatro futbolístico. Los que nuestros niños copiaban en el patio del colegio —antes de descubrir los placeres del Fortnite—, los que interrumpen nuestra ansiedad por devorar la mayor cantidad de pipas en el menor tiempo posible, para poder aplaudir al valeroso caballeroso Don Quijote que se erige como salvador de la patria. Al menos, el Madrid ya ha dado el primer paso, porque tocarse el escudo es infinitamente mejor que tocarse los órganos que tanto le gustan a Solari.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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