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Zidane

La Tribuna de Brian Clough

El gran prestidigitador

A estas alturas del espectáculo el escenario está lleno de humo y fuegos artificiales. El ilusionista se maneja con tranquilidad y una media sonrisa.

Nada por aquí, nada por allá… et voilá, 3 puntos. Aplausos, sorpresa y algún “oooh”: el ilusionista ha desafiado de nuevo cualquier tipo de lógica y el Real Madrid inicia la temporada con 3 puntos de ventaja sobre el Barcelona, que puede estar a punto de heredar la sensación de crisis. El tiempo dirá.

Somos muchos los aficionados del Madrid y gozamos de muchos puntos de vista con debate continuo. Por supuesto, a Zidane hay que darle las gracias siempre por las 3 Copas de Europa y la Liga ganadas, además de un puñado de trofeos “adicionales”, las Supercopas nacionales, europeas o mundiales. Pero esa gratitud no significa que no queramos aún más. Ese es el motivo, desde mi punto de vista, que hace del Real Madrid el mayor acaparador de Copas de Europa. Nunca basta con lo logrado; siempre se debe querer ganar otra. Igual que Carlos Moyá dijo, tras ganar Roland Garros, que ya había colmado su carrera, Rafa Nadal ha sumado 12 ediciones del mismo trofeo y otros 6 Grand Slam. Sabe que no va a ganar siempre, pero aun quiere sumar. Y eso se logra desde la crítica constructiva y nunca desde la autocomplacencia.

Zinedine Zidane no es un ilusionista al estilo de David Copperfield, de espectáculos grandiosos; ni del tipo Juan Tamariz, sombrero de copa, mesa y baraja. Sabemos que estos magos hacen trucos, que de una forma u otra tienen una explicación lógica. Pero lo de Zidane es otra cosa; es algo que pertenece a la ficción literaria, al mundo de magos todopoderosos. No cabe otra explicación. Zidane pareció dejar pasar la posibilidad de experimentar en 11 partidos de Liga intranscendentes para el Real Madrid, pero competitivos para los rivales. 11 amistosos con tensión competitiva, con los cambios reglamentarios, con rigurosidad arbitral, a ritmo de juego real. Pudo haberle dicho a Marcelo que se fuese de vacaciones y volviese recuperado, que le necesitaba para esta temporada. Y pudo evaluar a Reguilón esos 11 partidos. Pudo hacer lo mismo con Vallejo, Ceballos, Valverde, Mariano o Llorente. Los jugadores que no conocía de su anterior etapa. Pero no, mientras nos hacia es coger una carta de la baraja, Zidane ya tenía las respuestas.

También era el momento de hacer experimentos tácticos. ¿3 centrales? Pues lo probamos. Un 3-5-2, un 3-4-3 como el Chelsea de Conte, un 4-2-3-1, un 4-4-2 con rombo, un juego de presión alta, un juego de contraataque, un estilo basado en la posesión. Nada por aquí, nada por allá. Memoriza la carta, te dice. Ok, memorizada. No cuenta con Bale pero le hace jugar, a ver si se lesiona. Y nos dio un susto, cuando se hizo algo en el partido contra el Rayo. Luego, en pretemporada hace lo posible pare devaluar al jugador diciendo que quiere que se vaya cuanto antes. ¿Así actúa un entrenador plenipotenciario? Sus actuaciones en el mercado de fichajes parecen caprichosas, jugándoselo todo a la carta de Pogba pese a lo exagerado de su precio y la posibilidad de fichar a Eriksen o van de Beek por un tercio de ese precio.

Los partidos de pretemporada han sido absurdos. Nada de lo que hemos visto en esos partidos parece una idea de largo recorrido para la temporada. Probamos el 3-5-2 contra el equipo más débil, el Salzburgo, de todos los que nos pondrían en aprietos. Probar eso hubiera sido lógico ante el Bayern, el Arsenal o el Atlético… pero, ¿contra el Salzburgo? A estas alturas del espectáculo el escenario esta lleno de humo y fuegos artificiales. El ilusionista se maneja con tranquilidad y una media sonrisa. No tiene pinta de que vaya a adivinar la carta que escogimos, y menos aún cuando llega el Madrid a Vigo y la alineación es prácticamente sota, caballo y rey. Odriozola por Carvajal, sancionado, y Vinicius por Hazard, lesionado. Hasta el minuto 60, el Real Madrid ganaba 1-0 y el Celta se hacia justo merecedor al empate, del que nos rescata el VAR.

El partido acaba 1-3. Zidane dice: “¿era esta tu carta?” y sí, era. El Rey de Copas. Como cualquier espectador ante un truco de magia te quedas un poco perplejo y te preguntas cómo lo ha hecho. Zidane podría responder con el clásico “los trucos no se cuentan” o como algunos nos tememos, con un sincero “no lo sé ni yo”. Vuelvo al segundo párrafo y repito que entre los madridistas caben múltiples opiniones y esta es solo la mía. Las respuestas irán surgiendo con el transcurso de la temporada, si vemos una gestión de la plantilla razonable, un estilo de juego reconocible en cada partido y un nivel competitivo alto y de acuerdo a la exigencia del Club. No marco objetivos numéricos, ni ser líder en Navidad, disfrutar de una diferencia de puntos determinada sobre Barcelona o Atlético. Simplemente se trata de ver si el equipo evoluciona y progresa de manera que si nos permita estar en todas las competiciones hasta el final. Entonces veremos si Zidane es un gran mago, un tahúr afortunado o el mismísimo Rey de Copas.

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