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Padres

Recuerdo Mundial

Cuando en un hogar alguien dice: “¿Vemos el fútbol?”, algo nace para quedarse. Los ratos compartidos permanecen. Eternamente.

Mis padres no han sido nunca futboleros. Pero uno de los recuerdos de mi infancia es un salón en verano con la persiana medio bajada para esquivar el sol, y un televisor encendido en el que alguien cantaba gol.

Estaba de fondo, y quizá nadie le hacía caso. Pero ahí ha quedado, en mi memoria, como una imagen feliz y sosegada de un momento que compartí con mi madre, también ajena a lo que sucedía en el campo.

Los Mundiales nos pertenecen, aunque no sepamos ni dónde se juegan ni quién chuta. Son tan nuestros como la lotería de Navidad. Sonidos y sensaciones familiares que permanecen siempre.

Y así debe ser.

Cada vez estoy más radicalmente convencida de que a los hijos hay que regalarles experiencias. Que lo material se esfuma casi en el mismo momento en que se desprende del envoltorio. Pero los ratos compartidos permanecen. Eternamente.

Da igual que De Gea mire para otro lado, que se falle en el centro del campo, que los fuera de juego ya no sean lo que eran… Cuando en un hogar alguien dice: “¿Vemos el fútbol?”, algo nace para quedarse.

Cuando era adolescente, mi padre y yo nos abonamos al Oximesa de Granada, un modestísimo equipo de baloncesto que jugaba en un pabellón que parecía de juguete, en mitad de un polígono industrial.

Yo era feliz cada sábado allí, en ese recinto tan destartalado, donde me llenaba de emociones que podía compartir con él. Era la época en que aún se podía fumar dentro de los recintos deportivos (sí, era así, aunque ya no nos acordemos) y el socio de delante era un fumador empedernido al que yo hacía saber, nada tímidamente, cuánto me molestaba el humo de su tabaco.

Había tardes en que el Oximesa ganaba (las menos) y otras que perdía. Pasado el tiempo, es lo de menos. Ese plan me hizo tremendamente dichosa durante mucho tiempo; por eso ahora una de mis salidas preferidas es ir al baloncesto con mi hijo.

Tenemos una oportunidad en cada partido de crear memoria en nuestros niños. Al margen de los resultados, disfrutemos del Mundial invirtiendo en familia. No hay mayor rentabilidad.

Terry Gragera es periodista especializada en salud y maternidad. Tiene tres hijos con los que ha descubierto que es posible correr un maratón diario sin darse ni cuenta. Desde muy pequeña decidió que es mucho mejor ir "A LA CONTRA".

3 Comments

3 Comments

  1. ROSA MARIA cuesta guerrero

    30/06/2018 at 21:04

    Las vivencias duran lo material se pierde… Sigue así..

  2. Alicia

    01/07/2018 at 19:14

    Así es Terry recordar las experiencias compartidas siempre nos saca una sonrisa

  3. Alicia

    01/07/2018 at 19:15

    Así es, recordar las experiencias compartidas con los padres nos saca una sonrisa

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