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La señora esposa de Serdar Aziz.
La mujer de Serdar Aziz en la foto de la polémica. Instagram.

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Deportistas y redes sociales: de pedir trabajo a perderlo

Serdar Aziz, Robertson, Babel… Los hay que se aprovechan de su popularidad para sacar tajada… y los que, inconscientemente, se lanzan piedras sobre su propio tejado.

A Serdar Aziz le han pillado con el carrito del helado, como suele decirse. El plan del matrimonio Aziz estaba funcionando a la perfección hasta que unas inocentes fotos en el Instagram de la esposa lo mandaron todo al garete. En ellas, se ve a Tugze Aziz disfrutar junto a su marido de las paradisiacas playas de las Islas Maldivas. La cara de los servicios médicos del Galatasaray al ver tal derroche de postureo debió de ser impagable. Resulta que las dolencias estomacales que había argumentado el defensor central para ser baja en el último partido del año eran en verdad una burda tapadera para adelantar una semana las vacaciones de Navidad…

Mientras tanto, los compañeros de Aziz cumplían como profesionales su encuentro de la Superliga turca ante el Sivasspor (que ganaron 4-2, por cierto). Por lo pronto, el Galatasaray ha apartado al jugador de forma inmediata e indefinida. Las horas de Aziz en el Türk Telekom Arena parecen contadas. A la espera de que se abra la próxima ventana de fichajes, está por ver qué equipo apuesta por un futbolista cuya imagen profesional ha quedado seriamente en entre dicho. Para consuelo de Aziz, si es que lo encuentra, no ha sido el primer deportista, ni tampoco será el último, en ver cómo su carrera se tuerce por un mal uso de las redes sociales.

 

 

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El delantero del Getafe, Sergi Guardiola, lo fue por unas horas del Fútbol Club Barcelona. Dos, en concreto. El tiempo que tardó el conjunto azulgrana en descubrir su pasado tuitero. Entre algunas de las lindezas que había escrito destacaban varios “Hala Madrid” o “Puta Catalunya”. Además, el punta mallorquín daba a entender que Leo Messi, una figura sagrada en Can Barça, no era muy de su agrado. Es más, si de él dependiese, el diez argentino no sería titular porque “va andando” y “estropea el juego del equipo”. Como para ponerle al frente de un banquillo…

Dani Ceballos es otro al que, antes de ser profesional, no le enseñaron a morderse la lengua. En su caso, el Real Madrid fue bastante más benevolente de lo que lo fue el Barça con Sergi Guardiola. El adolescente Ceballos había publicado mensajes en los que añoraba la vuelta de Franco, deseaba “la muerte de todos los catalanes” o pedía una “bomba en las gradas del Camp Nou”. Por no hablar de sus comentarios machistas en referencia a “las niñas de 14 años” o la misma Sara Carbonero: “Yo me trincaba a la Carbonero sin duda alguna, que se joda Iker que seguro tiene la picha más corta que el canto de un euro, el ioputa”. Sin comentarios.

Otro caso parecido al de Sergi Guardiola fue el de Julio Rey. Sólo que este último aguantó en el Deportivo de la Coruña una hora más que su colega Guardiola en el Barça. El conjunto coruñés le rescindió el contrato nada más descubrirse que había publicado en su Twitter mensajes como “Puta Depor” o “Puta Riazor”.

El futbolista del Besiktas, Ryan Babel, ex del Deportivo, ostenta el dudoso honor de haber sido el primer jugador de la historia en ser multado por un comentario en las redes sociales. Fue en 2011, cuando publicó en su Twitter un montaje en el que el árbitro inglés, Howard Webb, aparecía vestido con la camiseta del Manchester United. Junto a la foto, escribió: “¿Dicen que es uno de los mejores árbitros? Eso es una broma”. El Liverpool, su equipo de entonces, acababa de ser eliminado de la FA Cup ante el United. Babel recibió una multa de 120.000 euros por parte de la Asociación del Fútbol Inglés.

En 2014, Rio Ferdinand fue sancionado con tres partidos de Premier League y 30.000 euros de multa después de que insultara en Twitter a la madre de un aficionado del Queens Park Rangers que le increpó por su rendimiento en el campo. El veterano defensor central contestó con un “Trae a tu madre, ¡Ella juega muy bien en el campo! #promiscua” a un comentario que simplemente decía “Tal vez Queen’s Park Rangers contrate a un buen central, necesitan uno”.

La otra cara de la moneda es la de los deportistas que utilizan sus redes sociales con unos fines que van más allá de descargar su odio con el mundo. Uno de los ejemplos más maravillosos es el de Andrew Robertson. El lateral escocés pasó de pedir trabajo en Twitter a consolidarse como uno de los mejores futbolistas del planeta en su demarcación. Titular indiscutible en el Liverpool de Jürgen Klopp, Robertson escribió en 2012 que “la vida a esta edad es una basura sin dinero”, acompañando el mensaje con el hashtag “necesitountrabajo”.

 


El ciclista bielorruso Illia Koshevoy firmó por el equipo italiano Wilier después de pedir trabajo en Twitter. Koshevoy no había sido renovado por su anterior equipo, el Lampre, y se vio obligado a recurrir a las redes sociales para encontrar una segunda oportunidad.

Las redes sociales también han sido el campo de batalla de enfrentamientos como los que protagonizaron en otra época Álvaro Arbeloa y Gerard Piqué. Además de, y sería injusto no confesarlo, un lugar ideal para echarse unas buenas risas. Como cuando Sergio Ramos, un clásico en estos fregaos, felicitó a la selección española de waterpolo femenino 24 días después de su medalla de oro en el Mundial de Barcelona. El central de Camas acababa de ver una repetición de la final en la televisión. Eso sí, más vale tarde que nunca.

El portero Javi Jiménez, ex del Levante, Elche o Huesca, pasó a la historia de Twitter cuando, a propósito de la muerte de Nelson Mandela, nos dio a conocer sus gustos cinematográficos. Por lo visto, es un gran aficionado de Invictus.

 


De la sandía de David Barral o los bailes de Joaquín a lo Jennifer López es mejor no comentar nada…

Cristiano Ronaldo, con 75,8 millones de followers es, seguido de Leo Messi y Neymar, el deportista con más seguidores en Twitter. El crack portugués ingresa más de 250.000 euros por cada mensaje que publica. LeBron James le sigue de lejos con la friolera de 140.000 euros por tuit. Los hay que se aprovechan de su popularidad para sacar tajada… y los que, inconscientemente, se lanzan piedras sobre su propio tejado. Las redes sociales son el presente y también el futuro. Cada vez son más las empresas que, más allá de los terrenos de juego, investigan la huella digital de sus aspirantes a un puesto de trabajo. Antes de escribir cualquier cosa de la que luego arrepentirse, es mejor pararse un segundo, tomar aire y reflexionar sobre lo que estás a punto de lanzar al ciberespacio. Eso, o escribir un diario.

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