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Los jugadores del Atleti celebran uno de sus goles en Getafe. / Foto: ZUMAPRESS.com/Cordon Press

Opinión

Regreso al futuro

El último Atlético de Madrid que recuerdo jugando bien es seguramente el último que consiguió ganar algo

Terminado el encuentro, un avezado (o avezada) periodista preguntó al entrenador del Getafe por el nivel de aburrimiento del juego de su rival. ¿A cuántos entrenadores de primera división (o de cualquier otra división) le han preguntado alguna vez por el grado de diversión del equipo que les acaba de ganar (ese al que además lleva seis años sin poder hacerle un gol)? Les ahorro el trabajo sucio. A ninguno. Bordalás, que además de ser un gran entrenador es un tipo sensato, contestó que, más allá de tener mucho respeto por el trabajo de los demás, el estilo del Atleti resulta que es uno que le permite ganar muchos partidos. Es decir, una forma muy elegante de decirle al avezado (o avezada) periodista que se fuese a buscar estiercol a otro lugar.

¿Por qué ocurre esto? Bueno, lo que está claro es que no es nuevo. Desde que el Atlético de Madrid comenzó a vivir una de las mejores etapas de su historia, esa que coincide con la presencia de Simeone en su banquillo, los voceros oficiales de La Mejor Liga del Mundo dejaron claro que eso no encajaba bien con la línea editorial. Había que hacer algo. Dado que los resultados (el qué) eran los que eran y no se podían cambiar, había que cuestionar el cómo. Que ganar con el juego a balón parado no debería valer. Que ganar perdiendo la posesión no debería contar. Que la intensidad era violencia. Que los buenos jugadores no deberían jugar ahí. Que ahora que has fichado a un reserva de la selección francesa y un muchacho de veinte años de la cantera del Atleti resulta que se debería jugar como el Brasil del setenta. Que hay que ganarlo todo o será un fracaso. Y la última de una larga lista de calculadísimos despropósitos, que el juego del Atleti aburre.

Les voy a ser sinceros. Aunque intento vivir al margen de estupideces, es imposible no salir apestando a rabiosa actualidad cada vez que uno tiene que socializar con gente que vive pendiente de la verdad cocinada. Reconozco que yo mismo he pasado por alguna fase de flaqueza en la que me ha dado por intentar recordar los tiempos en los que, anteriormente a Simeone, el Atleti jugaba bien. ¿Saben qué? Que mi mente se va a más de veinte años atrás. Es decir, el último Atleti que recuerdo jugando bien es seguramente el último que consiguió ganar algo. Qué casualidad. Es más, recuerdo que en aquel mismo año, el año del doblete, uno de los rapsodas de entonces (permítanme ahorrarme el nombre) decía que el Atleti de Antic, el que ganó la Liga y la Copa, jugaba al pelotazo y al rechace. ¿Les suena? Qué deliciosa casualidad.

El problema es que hemos caído en la trampa. Colchoneros y gente de bien nos perdemos en un terreno, unos códigos y un lenguaje que no nos corresponde. Que no es nuestro. Mientras tratamos de encontrar una solución, o justificarnos, o pelearnos con los cruzados de la estética, no nos damos cuenta de que estamos viviendo una realidad alternativa. Una que no es nuestra. Una en la que nos han metido y que a veces parece ser real sin serlo. Hay que salir de ahí.

Doc lo explica muy bien en la segunda entrega de Regreso al Futuro. Cuando Marty Mc Fly vuelve a su 1985 original, se da cuenta de que es absurdo hacer nada para conseguir modificar ese futuro que acaban de ver porque ese futuro ya no existe. Lo que hay que hacer es ir al pasado. Al momento exacto en el que se produjo la distorsión espacio-temporal. En el caso del Atleti es obvio que no se puede ir al pasado (por ahora) pero sí podemos detectar ese punto concreto y tratar de ignorarlo. Por alguna razón el Atleti empieza a tener problemas estéticos cada vez que tiene oportunidad de romper la línea editorial que marca el duopolio. Asumida la premisa, hagamos como que no ocurrió y regresemos al futuro.

¿Por qué les cuento todo esto? Pues porque ganar 0-2 al Getafe, después de un partido de Champions y tras un principio de Liga renqueante en el que faltaba personalidad y puntos, es un gran resultado. Sí, a pesar de los agoreros, los histéricos y los soldados de las cruzadas. Sí, a pesar de lo que le diga mañana algún cuñado a la hora del café.

Y sí, claro que podemos hablar de ese pasito atrás que dio el equipo en la primera parte. De lo mal que se pasa viéndolo defender sin tener que hacerlo y de por qué (o por qué no) podrían los de Simeone mantener la misma cara que mostraron durante los primeros quince minutos del partido (exactamente hasta el gol) y no la de después, pero para ese debate tenemos que estar todos en la misma línea temporal. No se puede teorizar sobre la fugacidad de la vida con alguien que te está metiendo el dedo en el ojo. Sobre todo cuando la fugacidad de la vida es lo que menos le importa a ese alguien.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

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