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Joe Rígoli, en un rincón de la Redacción de A la Contra junto al banderín del Sacachispas.

Real Madrid

De Bale y Joe Rígoli

Un futbolista tan autista en su juego que nos hizo preguntarnos si se podría jugar al tenis con once y si eso tendría sentido.

A caballo entre finales de los setenta y comienzo de los ochenta —aparte de vivir en un póster de la Redacción de este periódico— triunfaba en la tele el entrañable Joe Rígoli. Un cómico que hizo famosa la frase de “Yo sigo», poniendo cara de pena cada vez que contaba un chiste tan horriblemente malo que te daban ganas de pasarte al segundo canal (aún teniendo claro que encontrarías más carta de ajuste que documental de animalitos).

Bueno, pues habrá que decirle a Juanma que ya puede quitar a Felipito Tacatún —así se llamaba el personaje que encarnaba Rigoli— y colocar uno de Gareth Bale. Ninguno de los dos ganaría el concurso de guapos, pero parecen casos idénticos (e incluso lo son). El galés, a pesar de su paupérrimo español, se ha aprendido la frasecita de marras y, mirando fijamente a Florentino, pronuncia eso de “Io Sigou» y hasta se le entiende cuando lo dice. A Gareth no lo mueve ni la Sexta Flota.

Si a los Beckham, España les olía a ajo, a los Bale les huele a birdie bajo el sol, así que de aquí ni con agua caliente, salvo que Florentino deje un traspaso, cesión o donativo, que les aumente la cuenta corriente hasta el hoyo 18 del reino de los ceros. Gareth tiene el palo cogido por el mango y por si le falta alguno, de caddie lleva a un representante con más mala leche que Thanos chascando los dedos.

Mientras, el madridismo se entristece por lo que pudo haber sido y no fue. Por un jugador con el potencial de un toro bravo, pero tan amigo de las lesiones que hizo de ellas una oda a la excusa. Un futbolista tan autista en su juego que nos hizo preguntarnos si se podría jugar al tenis con once y si eso tendría sentido. Qué pena cuando alguien tiene todas las facultades para ser una estrella y termina viviendo en una que está a un año luz del grupo con el que juegas al fútbol.

Habrá que rogar porque las malas temporadas de algunos equipos de la Premier (¡Vamos United!) pongan fin a esta triste historia entre un presidente que, pensando comprar un galáctico, terminó adquiriendo un problema. Esperemos que una noche de estas, a Bale le entre un ataque de profesionalidad y dos raciones de orgullo deportivo, y acuda al despacho del jefe para decir: “Io me marrchouu».  Entonces hasta recordaremos para bien algunos de sus goles, pero no sin antes suspirar por los que pudo haber metido de habérsele pegado algo de la ambición de Cristiano.

En fin, que no todos los finales tienen porque ser felices y este, por supuesto, tampoco.

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