"El problema no es el fútbol, es la Argentina" | Libertadores | Fútbol
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REPORTAJE FOTOGRÁFICO: NOLAN RADA GALINDO

Libertadores

Suspendida la final: “El problema no es el fútbol, es la Argentina”

La final se aplaza sin fecha definida porque “no se dan las condiciones”. Así opina uno de los analistas de Clarín, Fernando González: “Eso somos. Una sociedad con enormes dificultades para lograr la utopía de la convivencia”. Maradona: “Lo de mi país es lamentable”.

Es difícil entenderlo desde España, por fortuna. Hinchas que atacan a los jugadores contrarios con gases pimienta. Futbolistas que son presionados para disputar un partido mientras algunos de sus compañeros permanecen en el hospital. Aficionados que son atracados para robarles sus entradas. Un estadio clausurado por los incidentes que hubiera podido acoger, un día después, el encuentro decisivo. Finalmente, y después de tres aplazamientos el sábado, el segundo partido de la final tampoco se jugará hoy domingo, aunque estaba previsto a las 21:00 hora española. Se aplaza sin fecha definida porque “no se dan las condiciones”.

En una jornada de pura insensatez como la del sábado, el entrenador de River, Marcelo Gallardo, fue autor de las declaraciones más sensatas. “Lo sucedido marca algo que nos deja en evidencia de nuevo como sociedad. Quedamos expuestos otra vez. Esto no es la final del mundo, muchachos, es la final de la Copa Libertadores de América”.

En este mismo sentido se manifestó el colega Fernando González desde Clarín, brillantísimo en el análisis: “El problema no es el fútbol. El problema es la Argentina. El país barrabrava que no puede resolver los dilemas de una adolescencia que lleva doscientos dos años. No puede controlar las marchas piqueteras que paralizan la Ciudad cien días al año. No puede frenar a un centenar de violentos con la camiseta de All Boys. Y no puede evitar que otra banda de forajidos con la camiseta de River le rompa los vidrios a piedrazos al micro donde viajaban los jugadores de Boca para jugar la Superfinal. El mega evento que nos iba a mostrar como un ejemplo ante el planeta. Un modelo de lo que puede la pasión argentina. Esa que mostramos con orgullo en cada Mundial. Pero la realidad nos golpeó en la cara desde el primer botellazo. Eso somos. Una sociedad con enormes dificultades para lograr la utopía de la convivencia”.

FOTO: NOLAN RADA

El partido estaba reprogramado para hoy a las 21:00, hora española. Sin embargo, nada se había solucionado en términos de seguridad. Según La Nación, desde Boca no veían “garantías razonables para el desarrollo correcto del encuentro”. Los jugadores temían que no pudieran salir vivos de allí. El presidente de Boca, Daniel Angelici, y el de River, Roberto D’Onofrio, llegaron a un pacto de caballeros para terminar hoy la final en condiciones normales, valga la expresión. Es decir, con público. El máximo mandatario de River niega la posibilidad de jugar en un estadio vacío. La clausura no era un problema: es solo administrativa y River la levantó anoche pagando la multa correspondiente. Así es la ley, aunque puede ser distinta según cómo te llames. All Boys todavía tiene el estadio clausurado sin opción de levantar el castigo después de los incidentes entre aficionados del club (a ellos hacía mención Fernando González) y la policía federal el pasado miércoles, durante un partido de la Primera B Metropolitana.

Cada cual interpreta el reglamento como le viene en gana. El artículo 8 de la Conmebol dice lo siguiente: “Las asociaciones miembro y clubes son responsables de la seguridad y el orden tanto en el interior como las inmediaciones del estadio antes, durante y después del partido del cual sean anfitriones y organizadores. Esta responsabilidad se extiende a todos los incidentes que pudieran suceder, encontrándose por ello expuestos a las sanciones disciplinarias y cumplimiento de las órdenes e instrucciones que pudiera adoptarse por los órganos judiciales”. El problema es que la Conmebol está lejos de ser una institución ejemplar y templada en sus decisiones. Ayer intentó por todos los medios que se jugara y de la misma opinión era el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, espectador de excepción. La burocracia quería aprovechar la tarde.

FOTO: NOLAN RADA

La diferente manera de enjuiciar casos similares es una cuestión fundamental del conflicto. El 14 de mayo de 2015, en los octavos de final de la Copa Libertadores, los jugadores de River fueron atacados con gas pimienta cuando se disponían a saltar al campo de La Bombonera en la segunda parte. Boca fue descalificado por los hechos; River pasó a cuartos y terminó por ganar la competición. El mismo médico que dictaminó entonces que los futbolistas de River no podían jugar, ayer no encontró inconveniente en que lo hicieran los de Boca.

Fueron precisamente los jugadores de Boca los únicos rebeldes ante una situación clamorosamente injusta. Las declaraciones de Tévez, Gago y Benedetto despertaron unas conciencias por lo general adormecidas. “Nos están obligando a jugar, lo que hace la Conmebol es una vergüenza, ¿por qué no le dan ya la Copa a River? Teníamos a jugadores en el hospital y querían que jugáramos el partido. Si fuese Boca, ya estábamos fuera y la Copa era de River. El mismo médico que el día del gas pimienta estaba en La Bombonera y dijo que no se podía jugar, acá miró todo y dijo que jugáramos”. Se dice que la confirmación de la lesión de Pablo Pérez en su ojo izquierdo, como consecuencia del ataque al autobús, motivó la suspensión definitiva. Pérez tampoco podía jugar hoy.

De ese modo comenzó todo. El autobús que trasladaba a los futbolistas de Boca fue salvajemente abordado antes de entrar al Monumental. El gobierno de la ciudad culpó a una barra brava de River denominada Los Borrachos del Tablón, a la que se le incautaron el viernes diez millones de pesos (20.000 dólares) y 300 entradas que tenían preparadas para le reventa. Pero no solo los fanáticos estaban en pie de guerra. El bochorno fue total cuando se hizo público un vídeo en el que una aficionada de River se prepara para introducir bengalas escondidas en el cuerpo de su hija.

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Los enfrentamientos en el barrio de Núñez ya eran generales cuando grupos de entre 150 y 200 seguidores de River intentaron acceder al estadio sin localidades. Mientras tanto, las autoridades nacionales y las municipales se reprochaban el descontrol. El presidente Mauricio Macri siguió los incidentes desde la quinta de Chapadmalal y exigió la cabeza de los responsables (en este caso la frase es metafórica). Su país no está dando la mejor imagen posible en vísperas de la cumbre del G-20, que se celebrará en Buenos Aires a partir del jueves (30 de noviembre y el 1 de diciembre). Macri, por cierto, no es el más adecuado para dar ejemplo. Como presidente de Boca durante una década no consiguió erradicar a los ultras y tampoco acertó cuando propuso, hace poco tiempo, que se levantara la prohibición de que las aficiones acudan a los campos rivales.

El despropósito fue absoluto. Con las gradas del Monumental repletas, el árbitro Andrés Cunha salió a calentar con la música de Rocky mientras proseguían los altercados fuera del campo (56 detenidos). En las tripas del estadio se sucedían las negociaciones, siempre con Gallardo como elemento apaciguador. “Ya no se podía jugar desde la agresión al autobús. Mi opinión la transmití a las cuatro de la tarde, no a las siete. Pero claramente nosotros no decidíamos, ni los jugadores de River ni de Boca, ni los técnicos. Estaban reunidos los organizadores con los presidentes de los clubes. Todos estábamos a la espera sin mucho conocimiento. Ya no se podía jugar un partido en condiciones normales desde la agresión al micro”, declaró a Fox Sports.

FOTO: NOLAN RADA

“No podíamos jugar el partido si los jugadores de Boca habían sido dañados física o psíquicamente. Di mi parecer aunque no podía tomar una decisión. Transmití lo que sentía. Quería jugar el partido en condiciones normales y no lo iba a jugar si los jugadores de Boca no estaban en condiciones. Estamos tristes. Se esperaba una fiesta del fútbol y terminó siendo un bochorno total. Primero la agresión al micro y después todo lo que se vivió durante el día. Nos toca vivir esto cuando deberíamos vivir un disfrute de un partido que nos ponía en el ojo del mundo. Y lamentablemente terminó como terminó”.

“Con todo lo que vivimos, mañana será otro día y el show debe continuar, como dice una canción. Parece que es así. Nosotros que somos los protagonistas parece que tenemos que salir a escena no importa en las condiciones que estemos. Fue una final que pareció jugarse durante un año. Insistimos en que es un partido de fútbol, pero hay gente que empaña. Muy poca gente, 66 mil personas se bancaron como campeones siete horas esperando para ver qué pasaba. Lamentablemente algunos empañaron la fiesta y la imagen del fútbol”.

FOTO: NOLAN RADA

Maradona puso la guinda en conferencia de prensa después de un partido de los Dorados de Sinaloa: “Lo de mi país es lamentable, está todo desorbitado. En Argentina hoy es un terror salir a la cancha. Lastimosamente, tengo que decir que soy muy argentino, que odio la violencia, y que nos meremos lo que tenemos. No hay seguridad, hay robos, la gente no come. El presidente prometió —a mí no, porque yo no lo voté ni lo votaría jamás— y engañó a mucha gente diciendo que iba a cambiar esto y lo otro, y hoy estamos peor que en mucho tiempo. La presidencia que está haciendo Macri es la peor de todos los tiempos. Los argentinos merecemos lo que tenemos porque nosotros lo votamos. Él fue hijo de millonarios toda la vida, ¿qué le va a importar que un chico de cinco años no coma?”.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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