River-Boca: una ciudad en trance | Fútbol | A la Contra
¡Síguenos!
Deviantart by Betirri

Libertadores

River y Boca, una ciudad en trance

El que gane la final de la Copa Libertadores tendrá algo más importante que un trofeo: un argumento irrebatible

Pudo haber sido de cualquier equipo, de Talleres, Newell’s Old Boys, Colón, Huracán, Aldosivi, incluso, pudo no haber sido de algún equipo. Pero Eduardo Sacheri eligió que Isidoro Gómez, el violador y asesino de El secreto de sus ojos, fuera de Racing de Avellaneda.

Cinematográficamente, el detalle puede parecer anecdótico. Un fragmento más de la historia. Pudo haber sido de cualquier equipo. Ya saben: un hombre puede cambiar cualquier clase de hábito y conducta, menos su pasión. E insisto: el detalle puede parecer anecdótico. Hasta que se repara en la afición de Sacheri, guionista de la película, por Independiente de Avellaneda, el principal adversario de La Academia.

Ignoro cuántos escritores habrán podido tener una venganza de tal calibre, considerando que el film ganó un Oscar como “Mejor película extranjera”, que es decir que en la historia del cine los de Racing son tipos tan viles que pueden ultrajar y matar a una mujer, que van armados por el mundo, recibiendo favores del poder y hasta se hacen pasar por tipos buenos que luego estallan como machistas guiados por su apetito sexual. Sutil y magistralmente, eso lo hizo Sacheri, o algo que lo trasciende a él: su pasión por el fútbol.

Así de serio es esto en Argentina.

Mi sensación, tras casi dos años de residencia en su capital, es que un argentino no te invita a ser de su equipo si no te cree digno de ser parte de esa identidad de la que él o ella son sólo una partícula. Y al hacerlo se desliza su amistad por debajo de la puerta, la bienvenida a su comunidad.

El argentino te reconoce cuando considera que puedes ser del equipo por el que hincha.

Esquivar cada ofrecimiento, en especial si ya tienes equipo, local o internacional, exige educación diplomática y a la vez sólida estabilidad emocional: tan blanco es mi corazón que ya no hay espacio para otro color; perdona, siento debilidad por la elegancia del negro y el azul; lo que se desee y considere. El fútbol debe ser una de las pocas áreas en el que incluso el argumento más absurdo tiene cabida, porque la pasión es ese reino donde la razón no gobierna.

La próxima final de Copa Libertadores es vista como algo más que un ida y vuelta de partidos: se da por hecho que River Plate y Boca Juniors convocan a la mayor cantidad de hinchas y esa convocatoria divide al país en dos (aunque el boca a boca sugiere que la mitad del país más uno viviría en La Bombonera). El que gane tendrá algo más importante que una Copa: un argumento irrebatible.

En el viejo continente, lo más parecido en años recientes fue la Final de Copa de Europa entre Real Madrid y Atlético de Madrid, esa en la que ocurrió el “Milagro de Ramos”.

Pero esto es mucho más.

Al poco tiempo los mismos rivales madrileños se volvieron a cruzar. Eso, en el vaivén del fútbol latinoamericano, condicionado por capitales que se llevan los talentos antes de que sean talentos, parece irrepetible. El cambio de formato del torneo, del ida y vuelta al partido único, obligará a la ciudad, por última vez, a estar tres semanas debatiendo formaciones, resultado y conspiraciones hasta conocer al campeón. Entonces surgirá otra narrativa.

Razón tenía ese hombre que, caminando por las calles de Palermo al día siguiente de conocerse el cuadro de la final, le explicaba a su pareja que el River – Boca era “como un Real Madrid – Barcelona… pero con más mística”. El primer diálogo que escuché ese día. Desde entonces, los medios de comunicación se refieren a los partidos como “La Final del Mundo”. Para cada hinchada, de alguna manera también es una clase de fin.

Da igual la actualidad futbolística y anímica de los equipos. Buenos Aires entró en un trance del que alguno de los dos no volverá.

Así de serio es esto en Argentina.

No habrá película capaz de soportar cuanto está ocurriendo.

Periodista y fotógrafo. Voyeur con serios problemas en la vista. Descubrí que me gustaba escribir por el mismo motivo que suele mover a los guitarristas hacia las cuerdas: una mujer; en el mismo motivo estriba mi gusto por la cocina: aunque en el fuego solitario hallo un medio de distracción poderoso, eso no supera la posibilidad de cocinar para alguien más. A través del periodismo y la fotografía he procurado rentabilizar mis pocas habilidades. Crecí como fotógrafo en Roberto Mata Taller de Fotografía. Colaboro para Prodavinci en Venezuela, Espacio Angular en Argentina, y en esta casa madrileña, A la contra. Me gusta la actitud de los surfistas ante las tormentas y huracanes: habrá buenas olas. Cuando William Finnegan escribe que "el surf encarna esta paradoja: el deseo de estar a solas con las olas se funde con un deseo equiparable de ser observado, de actuar", tengo la sensación de que también se refiere al periodismo y la fotografía.

1 Comment

1 Comment

  1. Pingback: Libertadores: El derbi que es Superclásico | Fútbol | A la Contra

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Libertadores

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies