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River Boca
Un puesto en los aledaños del Bernabéu vende todo tipo de banderas y bufandas para vivir la final entre Boca y River I CORDON PRESS

Libertadores

Una vez en un sueño

Esta tarde contemplaremos una gran obra. Bajo mi punto de vista, una sin igual, incomparable, inenarrable, única.

Como si esta historia ya la hubiésemos vivido, aunque de una forma mucho más dolorosa. Como si este momento nos hubiese estado robando el aliento durante varias semanas. Como si de repente, nos hubiesemos despertado y ahí estuviese el conejo blanco. Ha llegado la hora. El camino ha sido largo, nos han rodeado buenos y malos, nos hemos encontrado a la CONMEBOL disfrazada de Reina de Corazones e incluso a los argentinos se les ha cortado la cabeza por su soberbia, por sus maneras y por su inexplicable forma de vivir. El fútbol es el máximo exponente de su locura, para esa enfermedad no existe todavía la cura y morirán en el intento antes de beberse el antídoto. No se puede salvar a nadie que no quiera ser salvado.

Pero son argentinos, han sobrevivido a su propia existencia, han cruzado el ancho mar y han conseguido que Preciados parezca Corrientes, que los parques se conviertan en potreros y que las calles de Madrid huelan a yerba Playadito. Nadie en el mundo tiene un poder semejante. Lewis Carroll tenía razón: “Creo que sí, que has perdido la cabeza, estás completamente loco. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están”. He vuelto a creer que se puede, Argentina, así que os devolveremos lo que os pertenece tarde, pero seguro. No lo queremos de vuelta, así que esperamos que por una vez hayáis aprendido la dura lección que un hermano mayor ha venido a daros en forma de tortazo con la mano abierta de par en par.  Todo tiene una moraleja, solo falta que los argentinos sepan encontrarla.

Una familia hincha de Boca esperando al equipo en el Hotel Madero en la previa del partido de ida de la final de la Libertadores I CORDON PRESS

Esta tarde contemplaremos una gran obra. Bajo mi punto de vista, una sin igual, incomparable, inenarrable, única. Lo que el mismísimo dedo de Dios quiso construir cuando decidió ejemplificar la pasión que genera el fútbol. Lo mismo Dios no es del Madrid, sino que es argentino. Lo tendremos al alcance de la mano, lo podremos tocar por una vez en la vida. Para los que amamos este deporte y esta tarde acudiremos al Santiago Bernabéu como quien peregrina a Roma a ver al Papa, es como haber hecho realidad uno de nuestros anhelos más profundos e inviables por haber nacido donde nos ha tocado nacer. Ojalá el partido durase una eternidad, pero si algo hemos aprendido en todo este tiempo, es que las cosas tienen su momento y su lugar. Manipular el espacio-tiempo desmerece la ocasión, desvirtúa el espectáculo, le resta crédito y esencia, aunque hoy vayamos a cerrar los ojos y a imaginarnos que estamos ahí por primera vez.

Lo que se juegan dentro de unas horas River y Boca es el futuro del fútbol argentino en sí mismo. Argentina hará una pausa dentro de su oscura rutina para observar con ojos vidriosos lo que ocurre tras el secuestro. De sus cenizas, esparcidas por los alrededores del Monumental hace unos días víctima del matonismo de unos pocos, resurgirá el testamento que con tanto cariño firmaron Di Stéfano, Maradona, Francescoli o Riquelme. Si no aprendemos a respetar el pasado, no tendremos futuro. Si este planeta consigue reponerse al seísmo que provocarán los botes de los ganadores y al tsunami de lágrimas que derrocharán los perdedores, todos habremos ganado. Y Argentina, por una vez desde que tengo memoria, habrá dejado de perder.

Aficionados de River en la Puerta del Sol de Madrid I CORDON PRESS

Antes de terminar, quiero pedirle perdón a mi Buenos Aires querido. Nunca antes su dolor me había provocado tanta felicidad; nunca más lo hará. A partir de mañana, prometo ser una más y seguir empatizando con sus pesares. Pero esta tarde, por un River frente a Boca en la final de la Libertadores, dejaré que me embargue la alegría de haber cumplido un sueño. Un sueño arrebatado a tantos otros, pero un sueño hecho realidad al fin y al cabo. Hoy el fútbol volverá a ser solo fútbol, aunque nos siga recorriendo un escalofrío por la espalda cada vez que echamos la visa atrás. Hoy el Superclásico tendrá pies y cabeza y menos entrañas y corazón, algo impensable al otro lado del océano. “Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al fin del partido”.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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