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River Phoenix, el inolvidable Chris Chambers de 'Cuenta conmigo'.

Cine

River Phoenix vive

Murió una madrugada de Halloween frente a The Viper Room, el club de Johnny Depp. Tenía 23 años, pero para muchos de nosotros seguía siendo el niño de Cuenta conmigo. Y todavía lo es.

River Phoenix, el inolvidable Chris Chambers de 'Cuenta conmigo'.

River Phoenix vive

Una noche de Halloween de hace 24 años murió River Phoenix mucho antes de que yo tuviera conciencia de lo que eran las noches de Halloween. Digo River Phoenix, pero en realidad murió el niño de Cuenta conmigo, uno de ellos, el que quisimos ser y no el que fuimos.

La muerte de River Phoenix nos sacudió como la de todos los niños que mueren, aunque River Phoenix ya no era un niño. Tenía 23 años y su aspecto de muchacho que representaba a todos los muchachos que quisimos ser había dado paso a un rostro algo demacrado, síntoma frecuente de que algo no funciona bien. Esa imagen nos sorprende todavía hoy porque nuestra memoria se niega a registrarla. River Phoenix no es ese tipo de ojos tristes, en la misma medida que Paul Newman no es el anciano de sus días finales. Las últimas fotos suelen ser mentira.

La noticia nos llegó como nos llegaban antes las noticias, de lejos y sin definir los detalles. River Phoenix había muerto, víctima de una sobredosis o algo parecido, en la puerta del club de Johnny Depp, The Viper Room. Ese nombre se nos grabó en la mente como se graban tantas cosas absurdas. Siendo un niño, y camino del dentista (momento existencial a esas edades), vi pasar una camioneta y pensé sobre esto mismo, en cómo se olvidan las cosas. Bien, pues todavía recuerdo lo que estaba pintado en el lateral de la camioneta: SEM. Juraría que eran componentes eléctricos, aunque tampoco me quiero exigir demasiado.

Siempre he imaginado The Viper Room como un lugar oscuro con débiles luces azuladas. Últimamente he sabido que allí se organizaban fiestas temáticas, unas noches decorado como una prisión de mujeres (encantadora evocación) y otros como el interior de un avión de pasajeros. Esa debió ser una de las pocas fiestas que se perdió River Phoenix. Odiaba los aviones y, como Bergkamp, prefería desplazarse en coche o en tren, cosa que no resulta nada sencilla para quien viaja tanto (La Costa de los Mosquitos se rodó en Belize).

The Viper Room había sido inaugurado meses antes de la muerte de Phoenix con un concierto de Tom Petty and the Heartbreakers y desde ese momento se convirtió en lugar de concentración de las jóvenes estrellas de Hollywood. Es obvio señalar que entre aquellas luces azuladas no sólo corría el alcohol. La edad invitaba a los excesos y las entrañas del local eran propicias para el desenfreno. El mafioso Bugsy Siegel había sido su propietario 50 años antes, entonces con el nombre de Melody Room y disfrazado de salón de jazz. Fuerzas telúricas, así lo llaman los expertos, no sé si en geología o teología.

River Phoenix.

River Phoenix, el año de su muerte.

Aquella noche de Halloween debió ser especialmente descontrolada. O tal vez se colmó el vaso sin que la brujas tuvieran nada que ver. River Phoenix murió entre convulsiones a las puertas del local y sobre la acera de Sunset Strip, junto a Sunset Boulevard, el corazón necrosado de Hollywood, las calles del atardecer, la metáfora que usó Billy Wilder para contarnos el ocaso de Norma Desmond.

Su hermana Rain intentó reanimarle y su hermano Joaquin llamó a una ambulancia, pero Phoenix se lo puso imposible. Era adicto a la heroína y bebía demasiado. Dan Aykroyd, que había asistido de cerca a la destrucción de John Belushi, quiso hacerle entrar en razón durante el rodaje de Sneakers (Los fisgones), pero la razón ya estaba perdida. Según Martha Plimpton, su ex novia, “River sólo era un chico de buen corazón que estaba jodido y no sabía qué hacer con sus buenas intenciones”. Samantha Mathis, la chica con la que había quedado esa noche, no dijo nada.

Así se interrumpió su historia y las miles, millones, de historias asociadas. James Cameron, que ya le daba vueltas a su Titanic, había pensado en River Phoenix para el papel de Jack Dawson. No es el único protagonista que River le hubiera arrebatado a Leonardo DiCaprio, pues eran actores similares en muchos sentidos. Con Gus Van Sant preparaba una película sobre Andy Warhol y los proyectos se amontaban en su mesa, algunos con los guiones ya terminados, como el de Entrevista con el Vampiro. Christian Slater, su sustituto, donó su salario de 250.000 dólares a dos organizaciones ecologistas a las que había estado vinculado su compañero, Earth Save y Earth Trust.

El ecologismo de Phoenix no era una pose. Vegano convencido, en su madurez no hubiera estado muy lejos del personaje interpretado por Harrison Ford en La Costa de los Mosquitos, aquel inventor que abandona la civilización para vivir su utopía en la selva. Ford aseguró en aquellos días de rodaje que aquel chico le recordaba a sí mismo. Lo siguiente fue recomendarle para Indiana Jones y la Última Cruzada, donde interpretó al joven Indy.

Su relación con la naturaleza le venía de familia. Se dice que nació en una cabaña de troncos porque así lo decidieron sus padres, hippis con vocación misionera a los que se podría retratar por el nombre de sus hijos: River, Joaquin, Summer, Rain y Liberty. La tradición continúa y los sobrinos de River llevan grabado su recuerdo en la partida de bautismo: Rio Everest Phoenix e Indiana Affleck.

Es asombroso cómo alguien que murió hace 24 años se resiste al olvido. No tuvo tiempo de completar una carrera relevante, aunque fue nominado el Oscar por Un lugar en ninguna parte (ganó Kevin Kline por Un pez llamado Wanda). No disfrutó de papeles como los que encumbraron a James Dean, muerto a los 24, ni su paso por el cine tuvo la misma carga icónica. Sin embargo, River se nos hace presente cada cierto tiempo, de modo persistente y sin que tenga mucho sentido, como aquella camioneta de SEM.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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