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Roglic, en la novena etapa del Giro. @giroditalia

Giro de Italia

Roglic amenaza el Giro

Roglic destroza la carrera en la contrarreloj de San Marino; Nibali resiste, López, Yates y Landa se hunden y Valerio Conti salva el rosa.

Con la lluvia arreciando contra la cara de los corredores, Primoz Roglic ha asestado un puñetazo en la sien a la 102º edición del Giro de Italia en una durísima cronoescalada en la que ha triturado a todos sus rivales. Se ha llevado la etapa frente a un Campenaerts, que compitió en seco y salvo un meritorio Nibali, las ventajas con sus grandes rivales son tan grandes que la amenaza de quedarnos sin carrera es real. Valerio Conti, fugado el jueves, seguirá vistiendo de rosa el martes, cuando se reanuda la competición tras el día de descanso de este lunes.

Estaba llamada a ser una jornada decisiva esta contrarreloj de 35 kilómetros y así ha sido. Con Dumoulin caído en desgracia ya en su casa, lo de hoy era un manual de supervivencia contra Roglic, máximo especialista del Giro en esta disciplina. Todos asumieron el rol de resistir la cornada del esloveno, cada uno de la mejor manera posible. En esa guerra fue el mejor el fabuloso tiburón italiano Vincenzo Nibali, que concedió poco más de un minuto, mientras Simon Yates, Mikel Landa y Miguel Ángel López se desangraban por el camino.


Simon Yates, sin piernas


Especialmente doloroso e inesperado ha sido lo del último campeón de la Vuelta a España. Él mismo, en la previa de la carrera, se mostraba orgulloso de reconocer que era “el máximo favorito” para ganar el Giro. “Si yo fuera mis rivales, me tendría miedo. Llevo doce meses preparando mi venganza”, se atrevió a decir el ¿mejor? de los gemelos Yates. Pero a la primera de cambio, cuando la carrera ha exigido dar un paso al frente, sus piernas no han respondido como deberían en una etapa que se le podría adaptar bien. Habrá que ver si es un mal día o algo más, pero con más de tres minutos perdidos sobre Primoz Roglic, le toca aferrarse a la épica y el milagro para creer en la remontada.

De rosa seguirá vistiendo el corajudo italiano Valerio Conti, que se aferró a los minutos ganados en la fuga del jueves para seguir luciendo un protagonismo merecido a golpe de esfuerzo. Saldrá con la maglia más preciada el martes y podría conservarla unos cuantos días más, pues hasta el próximo fin de semana las carreteras no se empinan lo suficiente como para tumbar a un escalador notable como él y con el añadido de esa fuerza extra que siempre aporta llevar el maillot de líder.


Nibali, enemigo público


Esto no ha hecho más que empezar, solo hemos visto retazos de lo que vendrá, pero Roglic tiraniza la carrera con tanta fuerza que asusta. Ha ganado las tres vueltas por etapas que ha corrido este año (Tour de los Emiratos Árabes Unidos, Tirreno Adriático y Tour de Romandia) y su liderato es inmaculado, habiendo torturado a todos sus rivales en las dos contrarrelojes y habiéndose mostrado más listo y hábil que nadie en las situaciones de riesgo que se han producido durante esta semana.

Pero si algo nos ha demostrado el Giro en los últimos años, es que tiene una magia especial, un encanto que no soportan Tour y Vuelta. Y Vincenzo Nibali es listo como ningún otro e intentará buscarle las cosquillas en cada esquina. Cuando baje al coche, tendrá que vigilarlo, cuando pare a orinar deberá hacerlo asustado y cuando se duerma por la noche, soñará con el tiburón siciliano. En una carrera a la antigua usanza, Vincenzo siempre tiene las de ganar. Y las piernas le responden.

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