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Rohan Dennis, nuevo campeón del mundo de contrarreloj. / Foto: Sirotti/Cordon Press

Campeonato del mundo

Rohan Dennis juega con el tiempo

Tal fue la exhibición del corredor de BMC que dobló a dos aspirantes a medalla: Castroviejo (que salió un minuto y medio antes) y Kiriyenka (tres minutos antes).

Si la RAE actualizase su diccionario diariamente rendiría un bonito homenaje al ciclismo poniendo al lado de la palabra «exhibición» una foto de Rohan Dennis. El australiano pareció por los alrededores de Innsbruck más un piloto de motos que un ciclista. Su recital queda para la historia de los Campeonatos del Mundo, rodando a casi 50 por hora en una contrarreloj de 55 kilómetros con un durísimo puerto de cuatro kilómetros. Suena a ciencia ficción, pero ha sido real. Su gran rival, el holandés Tom Dumoulin, cedió 1:21 y apenas pudo ser un testigo más de la barbaridad de Dennis. Y es que si alguien en el Tirol confundió a Rohan Dennis con un motorista no será culpable de nada y si ha hecho saltar algún radar ya le retirarán la multa.

 


Dumoulin, a más de un minuto


Se esperaba un duelo a dos bandas y terminó con Dennis jugando en una liga y el resto en la otra. Tanto ha sido lo del corredor de BMC que ha doblado a dos aspirantes a medalla como Castroviejo (que salió un minuto y medio antes) y al bielorruso Kiriyenka (tres minutos antes), a los que hundió con su velocidad. Ya no dio opción a nadie en las dos contrarrelojes de La Vuelta y lo mismo ha hecho en Austria. Con esta victoria reclama el trono de mejor contrarrelojista del mundo, por delante de Dumoulin, de Roglic, de Froome y de quien sea.

Fue un día precioso de ciclismo. Por emoción y por pasión y eso que el oro se notaba sentenciado desde el primer punto intermedio. Dennis siempre fue marcando los mejores tiempos en los parciales y su planta sobre la bicicleta hacía ver que daban igual los rivales, él estaba jugando con el tiempo a su antojo. Se habló en la previa de que el oro podría estar sobre la hora y cinco minutos y el nuevo campeón del mundo se quedó a un suspiro de bajar de la hora y tres minutos.

 


Castroviejo, sexto


El resto de rivales se quedaron atónitos en meta viendo el despliegue de Rohan Dennis. Dumoulin, que ha salvado la plata por centésimas, acabó fundido y decepcionado, casi incrédulo por el devenir de la contrarreloj. Más satisfecho se vio a Campenaerts, que ha subido al podio como bronce y que a punto ha estado de dar un segundo disgusto al holandés. Ni Tony Martin, ni Kiriyenka, ni Schachmann o Jungles pudieron soñar con las medallas, algo que sí hicieron el incombustible Kwiatkowski, cuarto, el portugués Oliveira, quinto, y el español Castroviejo, sexto.

El ciclista español se llevó un sopapo duro cuando vio pasar la impasible figura de Dennis justo en el momento que arrancaba el puerto, con tan solo 32 kilómetros de contrarreloj, sin embargo, lejos de venirse abajo, asumió con naturalidad que esa no era su pelea y se vació en busca de un podio imposible, en un campeonato que ha tenido un nivel fantástico pese a algunas ausencias de renombre. Fue vibrante.

Y valga este ejemplo, este esfuerzo agónico de más de una hora con diferencias de más de tres y cuatro minutos entre grandes corredores, para pedir a las grandes vueltas que arriesguen y recuperen las contrarrelojes largas, que pierdan el miedo a que su carrera quede sentenciada. No pasa nada porque las diferencias sean grandes y se obligue a los escaladores a atacar de lejos y ser valientes. No dejemos de reclamarlo, de poner el grito en el cielo.

 

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