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Monchi, en el banquillo de la Roma
Monchi. Italy Photo Press World

Fútbol

Roma contra el Imperio Bianconero

 Monchi lo ha vuelto a hacer. Las famosas plusvalías del gaditano siguen haciendo fortuna más allá de los Alpes.

Decía Cicerón que no basta con adquirir sabiduría, es preciso además saber usarla. Como si de un discípulo del jurista y político romano se tratara, Ramón Rodríguez Verdejo “Monchi” llegó a Roma para aplicar todo su conocimiento. Con el bagaje aprendido en su años en Sevilla, asumía un reto desconocido para él lejos de su hogar. Tras conquistar la Citta Eterna el año pasado, el listón aumenta este. La loba capitalina anhela comerse por fin a la Vecchia Signora y levantar un Scudetto que se resiste desde hace 18 años. En esa pugna por devolver los días de gloria a Roma, Monchi ha vuelto a escudriñar el mercado en busca de futuras estrellas aún por pulir. Una vez más los números cuadran, los refuerzos ilusionan y el segundo año de Monchi en Roma se presenta apasionante.

“Desde que he llegado a Roma he dicho lo mismo, hay que estar cercano al éxito. Cuando uno está cercano al éxito, éste llega”, ha asegurado Monchi en varias ocasiones. Y ya se quedaron bastante cerca los giallorossi al año pasado. De hecho esas semifinales de Champions son todo un éxito que ayudó a maquillar una irregular temporada en la Serie A. Con esas premisas y una vez asentado el proyecto comando por el dueto Monchi – Di Francesco (“a la hora de fichar y de planificar somos la misma persona”), el objetivo es alcanzar el hábito de la victoria, lo que lleva aparejada más presión y determinación en cada partido. Para ello Monchi ha intentado remodelar la plantilla y dotar de mayor profundidad al banquillo. Todo, para que Di Francesco tenga más recursos.


Vender para crecer


“El problema no es vender, sino comprar mal. No quiero hacer las cosas de forma precipitada. El mercado no se cierra en julio”, ha repetido por activa y por pasiva Monchi desde su llegada a Roma. Allí tampoco le ha temblado el pulso para vender a algunos de sus mejores jugadores y a partir de ahí reforzar la plantilla. Pasó con Mohammed Salah en su primer año, acuciado por el Fair Play Financiero. Y ha pasado este con Alisson, uno de los nombres que más ha sonado para reforzar las porterías de media Europa, especialmente la del Santiago Bernabéu. Finalmente jugará en otro templo, el de Anfield, concretamente, por 73 millones de euros. La otra gran venta ha sido la de Nainggolan, piernas, pulmones y tatuajes de la Roma durante las últimas cuatro temporadas. Es uno de los refuerzos de lujo del Inter que pagó por él 38 millones.

Monchi lo había vuelto a hacer. Las famosas plusvalías del gaditano siguen haciendo fortuna ahora más allá de los Alpes. En su día Alisson Becker y Radja Nainggolan le costaron a la Roma 22 millones de euros. Este verano los giallorossi han recaudado 111 millones por los dos. El portero apenas ha necesitado dos temporadas, solo una de titular, para revalorizarse. Mientras que el belga pese a no haber acudido al Mundial se había convertido en la Roma en una de sus señas de identidad gracias a su despliegue físico sobre el terreno de juego. Las no ventas de Dzeko, con muchas novias en la Premier, o de Florenzi también pueden ser consideradas un fichaje más. Y es que para entender la filosofía Monchi baste apenas un dato, las cuatro ventas más altas de la historia de la Roma llevan su firma: Alisson (73), Salah (42), Nainggolan (38) y Rudiger (35).


Reinventar el equipo


El Año II de Monchi ha empezado, por tanto igual. Revolucionando al equipo. Hasta 14 incorporaciones nuevas con una seña de identidad común: la juventud. El lifting de la Roma tiene 24,7 años de media. Las caras nuevas responden al perfil histórico de lo que ha buscado Monchi para sus equipos y que se resumen en tres tipos de jugadores: el futbolista veterano y curtido que busca una nueva oportunidad para revalorizarse (Pastore, Nzonzi o Marcano); el futbolista joven con gran proyección procedente de ligas menores (Justin Kluivert, Ante Coric, William Bianda o Daniel Fuzato); y por último, el jugador experimentado, con experiencia en la liga italiana y con rendimiento inmediato (Defrel, Santon o Cristante). La inversión total no supera los 140 millones de euros (cuarto club de Europa en gasto) lo que refleja también las dotes negociadoras del director deportivo romano y el estado de alerta constante para aprovechar las oportunidades de mercado.

“El trabajo de un director deportivo no sólo es fichar, también requiere entender qué es lo mejor para el club. No cuenta únicamente el aspecto deportivo, también hay que mirar lo económico”. Con esa premisa en la cabeza y en contacto directo con los propietarios del club, en manos norteamericanas desde la llegada de James Pallota a la Ciudad Eterna, Monchi ha vuelto a cuadrar los números y a tapar agujeros, dentro y fuera del campo. Si Nzonzi viene a cubrir el socavón dejado por Nainggolan, para la portería la apuesta es Robin Olsen. El reciente campeón del mundo ha salido del Sevilla (donde le llevó Monchi) por 26 millones de euros, 12 menos de lo ingresado por la salida del belga. Por su parte, el cancerbero internacional sueco, reemplazo de Alisson, ha costado 8 millones de euros. Aunque la inversión bajo palos no se ha parado ahí. Junto a él llegan un veterano de la Serie A, Antonio Mirante (34), y una apuesta de futuro proveniente del Palmeiras, Daniel Fuzato (21). Monchi no descarta repetir el Caso Alisson dentro de unos años.


Al asalto de la Serie A


“Roma no paga a traidores” podría haber sido la frase elegida por Monchi, pero el gaditano fue más elegante. “Si alguien quiere venir al club, magnífico, pero si no quiere, no le queremos”, así zanjó en primera instancia el fichaje fallido de Malcom. Bajado del avión para cambiar el destino en el último momento, de Fiumiccino al Prat. El brasileño hubiera sido la guinda al pastel, el fichaje del verano romano, en uno de esos movimientos que han consagrado a Monchi. Experto como es en el mercado francés detectó en el extremo brasileño las características perfectas para acelerar los ataques giallorossi. La dupla perfecta con Dzeko. El precio además era una ganga, 32 millones por el atacante de 21 años. El Barça pagaría una mordida de 10 millones más por aprovechar el rebufo.

No es la primera vez que el director deportivo romano se encuentra en una situación así, conocedor de cómo se manejan los entresijos del mercado futbolístico, aunque la falta de un jugador de esas características (rápido, con desborde, con gran disparo de media distancia y con capacidad de liderazgo) en la plantilla giallorossi ha dejado una sensación agridulce entre los tifossi. Con Malcom veían más cerca el norte, veían más posible acercarse a la todopoderosa Vecchia Signora. Sin él, Di Francesco tendrá que volver a tirar de estrategia y mentalidad ganadora para acortar unas distancias que hoy por hoy parecen siderales. La esperanza a orillas del río Tíber es que la obsesión bianconera por la Orejona les descentre en las tareas domésticas, algo que parece complicado si Ronaldo se empeña también en ser capocannoniere en Italia. El reto es por tanto mayúsculo. La loba capitalina afila sus garras, Monchi alimenta sus sueños.

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