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Ronald Ollie, en acción. / Foto: @RonaldOllie

Deporte USA

La gran oportunidad de Ronald Ollie

Ronald Ollie tendrá una oportunidad de jugar en la NFL. Tras un largo y duro camino, los Oakland Raiders le han invitado al Training Camp

Después del draft, las franquicias siguen eligiendo a jugadores. Contratan a aquellos universitarios que no han seleccionado o les invitan al Training Camp de verano (lo que aquí se conoce como pretemporada). El draft reúne el glamour de la pasarela con los jugadores, el hype que viven los aficionados al ver a sus futuras estrellas y la gran cobertura a nivel nacional. Pero dentro de esta burbuja hay historias de superación que raramente se conocen. Sufrimientos que viven chavales nacidos en diminutos pueblos y que han tenido que sobreponerse a situaciones muy duras para llegar la NFL. Ronald Ollie es uno de estos jugadores que, gracias a la ayuda de mucha gente, tendrá una oportunidad en la liga. No salió en el draft, pero quién sabe donde estará su techo.

Este mes, mientras Ronald Ollie recibió la oportunidad de realizar la pretemporada con Oakland Raiders, también se cumplían 17 años del asesinato de su madre. Fue en Shubuta, Mississippi. Un pequeño pueblo del Condado de Clarke, con menos de 500 habitantes. Su padre fue el asesino y, minutos más tarde, después de la persecución policial, se terminó suicidando. Desde entonces, Ronald Ollie se tuvo que mudar con sus hermanos a casa de sus tíos. Durante muchos años durmió en el suelo, ya que en las pequeñas viviendas donde se alojaba vivían 12 personas más.

En su cabeza siempre estuvo la idea de la culpabilidad. Por culpa de su padre, él y sus hermanos perdieron a su madre. Con el objetivo de olvidar el terrible suceso, se apuntó a los equipos de baloncesto y fútbol americano de la escuela. Durante su etapa de instituto compaginó los dos deportes. Consiguió grandes números para entrar en una buena universidad, pero los resultados académicos no acompañaron. Recibió tres becas para jugar y estudiar en escuelas menores; ninguna fue de Auburn (la universidad con la que soñaba). Esto le hizo decantarse por el football, aunque realmente lo que le gustaba era encestar. Desilusionado por no poder jugar en la SEC, Ollie cogió las tres becas, las barajó a ciegas y eligió una. La afortunada que pudo contar con los servicios del jugador fue East Mississippi.

Jugó dos años para los Lions. En 2014, su primer año, fue nombrado en el segundo mejor equipo defensivo del estado. Pero su gran año fue 2015: recuperó dos fumble y uno lo convirtió en touchdown, realizó una intercepción y fue elegido entre los mejores 50 JUCO tackles defensivos del país. Pero ese año varios sucesos impidieron que su oportunidad de ser seleccionado por la SEC se convirtiese en realidad.

El primero fue a la vuelta de Navidad, justo cuando iban a comenzar la temporada. Reunieron a la plantilla para comunicarles que Netflix iba a rodar una serie documental con ellos como protagonistas. En ese momento, Ollie desconocía la plataforma audiovisual. Al principio no le dio importancia, pero poco después con las cámaras delante se sintió intimidado. Empezó a asistir menos a clase y hasta le grabaron manteniendo una conversación con un compañero donde decía que le gustaría fumar marihuana. Además, otra cosa, que luego más tarde se emitió en Last Chance U (nombre de la serie documental), fueron sus constantes castigos rodando por el campo por su incorrecto comportamiento.

Durante la temporada sufrió una contusión que le hizo perderse tres partidos. Además, en el último partido de la temporada regular su equipo se vio involucrado en una batalla campal contra el rival. A pesar de esto, Ronald Ollie consiguió completar una gran campaña y mejorar sus resultados académicos. Al final no jugó en la SEC, pero sí en la División I. Los Nicholls Athletics le ofrecieron una beca en su universidad.

En Nicholls evolucionó como jugador. Sus entrenadores alucinaron con su velocidad, algo anómala para un jugador tan corpulento. En septiembre jugó su mejor partido contra Georgia Bulldogs. Logró dejar en 80 yardas al corredor, ahora de Browns, Nick Chubb. Tras aquella gran temporada, Ronald Ollie se agobió. La notoriedad ganada por Last Chance U y su falta de motivación al no jugar en la SEC, le condujo a tomarse un año sabático. Solo, sin nadie, se marchó a Houston. Allí empezó a trabajar en una tienda de deportes, a crear una nueva vida apartada de los terrenos de juego.

Mientras estaba allí, su coordinadora académica en East Mississippi (Brittany Wagner) fue en su búsqueda. Le insistió constantemente en que finalizase sus estudios, que se formase como persona. Finalmente, Ollie decidió terminar. Además de Wagner, otro pilar fundamental en su vida fue Justin Allen. Además de ayudarle a ponerse en forma, actuó de psicólogo. Ya lo consiguió antes con su hermano Dwayne Allen, tight end de Dolphins. Ellos también crecieron en un ambiento poco favorable. Su padre era un veterano de guerra discapacitado, que sufrió una sobredosis y su madre se intentó suicidar (la rápida actuación de Allen le salvó la vida). Siempre creyó que le podría ayudar, porque él ya había pasado ese punto.

Ollie sorprendió al entrenador de Nicholls Athletics, Tim Rebowe. Volvió con 18 kilos menos y la fuerza la siguió manteniendo. Cuando llegó a Nicholls State llamó a sus entrenadores, les pidió disculpas y pidió una nueva oportunidad. Tras una evaluación psicológica se la concedieron. Empezó este año y tuvo un gran impacto en el equipo. Jugó 12 partidos, la defensa de Nicholls se convirtió en una de las mejores, siendo la segunda en sacks, tercera en tackles y la novena anotando. Ollie terminó con tres sacks en sus últimos tres partidos de conferencia.

Especialistas y entrenadores que le conocen consideran que Ronald Ollie, si hubiese tenido un tipo de vida distinto, podría haber sido elegido en primera ronda. Pero no fue así. Brittany Wegner cree que «Ollie no cometerá errores de novato cuando sea profesional, porque ya los ha cometido todos». De momento, han conseguido generar confianza en él y mejorarle físicamente. No habrá vivido el glamour que rodea al draft, ni tampoco ese camino sencillo que muchos otros si han tenido, pero confiando en sí mismo ha logrado algo: una oportunidad en la NFL.

Describe su cabeza como el garaje de Homer Simpson: siempre desorganizado. Le promete a diario a una Marge imaginaria llamada conciencia que luego más tarde lo organizará, pero nunca lo hace. Un sillón, su cerveza Düff, el mando a distancia y el televisor con retransmisiones deportivas son sus acompañantes en el día a día. En A La Contra encontró el lugar donde puede contar esas hazañas del deporte que tanto le gusta ver.

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