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Rosa Escribano, toda una vida de cartera y atleta.

Atletismo

Quiero estos 60 años para mí

Cartera recién jubilada el 1 de enero tras 35 años de servicio y atleta del gran Playas de Castellón, la historia de Rosa Escribano es un verdadero estímulo a los 60 años. Aún sigue batiendo récords en su categoría

Quiero estos 60 años para , ya lo ven. El 29 de diciembre, el mismo día de su cumpleaños, batió el récord de España de salto de longitud en su categoría: 4,47. Hace unos días logró el de 400 metros en Sabadell con una marca de 1’10″34 que es una cosa seria a esa edad. También les puedo contar que el 2 de febrero buscará el récord de Europa de pentalón en Valencia y hasta le puedo preguntar a ella, Rosa Escribano, qué hizo para detener el tiempo. “He adaptado mi forma de entrenar a lo que más me conviene y a lo que menos daño me hace“. Pero quizá haya algo milagroso en esta historia. Al menos, así lo entiendo yo cuando la escucho contar que ha trabajado los últimos 35 años de su vida de cartera de Correos en Montras (Girona); que se levantaba a las seis de la mañana y que había días “en los que regresaba muy, muy cansada a casa. Sobre todo, en estos días tan duros del invierno. Mi hija, que antes no lo entendía, ahora sí lo entiende desde que empezó a trabajar en Correos…”.

La diferencia es que Rosa acompañó esa crónica de vida con un entreno severo. De otra forma sería imposible estar aquí. Sería imposible que aún tenga récords de Europa vigentes en diversas categorías o que esta historia merezca una emotiva banda sonora: la admiración no se casa con todo el mundo. Quizá por eso es importante llegar a historias como la suya que, en realidad, explica que todas las vidas son difíciles. Siempre hay algún momento que te pone entre la espada y la pared como le pasó a Rosa Escribano en 1992, en aquel Campeonato de España absoluto, en los 200 metros, “cuando caí desfallecida en la pista. El estadio estaba plagado de médicos y no pasó nada. Pero al despertar tuve que explicarles que tenía hipotiroidismo o que tenía problemas de insomnio pero que aun así no iba a rendirme”. De ahí que hoy siga aquí y que, a los 60 años, acabe de marcarse 1’10″34 en 400 metros que, sigo insistiendo, es una cosa seria. Hagan la prueba y, aunque sólo sea una vuelta a la pista, verán que ese ritmo se aleja de la clase media.

Su marido, que es atleta de fondo, es su entrenador, el que la enseñó a escuchar al cuerpo. “Si no se queja”, razona ella, “es que todo va bien”. El descubrimiento de una vida que hoy, a la orilla de la playa, también emociona recordar. No sólo porque desde el 1 de enero esté jubilada tras 35 años de servicio. “Todavía me parece mentira ir por la vida sin prisa”. No sólo por eso, sino porque atrás dejó “situaciones muy duras como aquella anemia crónica que no había manera de atajar” y que le dio tanto miedo. Y no fue sólo esa anemia. “También aquella tuberculosis que me tuvo ingresada 22 días y que casi me cuesta un pulmón”. O esa operación de rodilla a los 55 años que pudo acabarlo todo y que no acabó nada, “pues sólo me obligó a cambiar la pierna de batida en los saltos”, dado que ella es como es. Hace pruebas combinadas, que es una de las disciplinas más agresivas del atletismo, “pero yo nunca me conformé con una sola prueba”, ironiza hoy.

Porque hoy, a los 60 años, Rosa Escribano, la cartera recién jubilada, sigue siendo una gran competidora. “No se crea que hago nada especial. Como normal, vivo normal… Quizá desde el año pasado evito más los azúcares, pero no se me ocurre nada más que decir”. Su cara de felicidad tal vez sea el espejo perfecto. Su honestidad consigo misma es la otra parte de esta historia. “A mi edad me he acostumbrado a decir ‘mientras el cuerpo aguante”. Pero la diferencia es que su cuerpo no sólo aguanta. También pide guerra. Quizá porque no siempre es suficiente. El tiempo, puesto en la piel de las personas, es una cosa muy relativa como podría recordar hoy Rosa Escribano. “No sé qué hubiera sido de mi vida sin el atletismo. Pero, desde luego, hubiera sido peor. El atletismo me ha enseñado a no rendirme, a superar todos estos problemas”. Quizá por eso hoy está donde está y yo, a dos renglones de terminar esta historia, sigo pensando que quiero esos 60 años para mí y lo maravilloso que ha de ser seguir corriendo rápido a esa edad. No siempre es fácil cuando llevas casi toda la vida. Pero hay gente como ella que lo logra. El verdadero premio que nos deja esta historia. El auténtico.

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