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Barcelona femenino

Champions

Sabor a gloria

El Barça se ha encargado de desviar el curso del río y el fútbol femenino español florece, aplaude y se lo agradece puesto en pie.

La historia se escribe a diario, con nuestros tropiezos, con nuestros aciertos, con nuestros fracasos, con el dolor, con la gloria. Hay muchos que se suben a ella como si se tratase de una escalera mecánica, se dejan llevar por lo que les ha tocado vivir y esperan que en el trayecto no haya sobresaltos. Sin embargo, hay unos pocos elegidos llamados a maquillarla, a construirla a su imagen y semejanza, o a cambiar el rumbo de las cosas riéndose en la cara de la costumbre. El Barça se ha encargado de desviar el curso del río y el fútbol femenino español florece, aplaude y se lo agradece puesto en pie. Los colores quedan difuminados, las aficiones se abrazan, y todos aquellos que apostaron por ellas, cuando todo el mundo miraba para otro lado, contemplan orgullosos su obra.

 

 

El partido no fue bueno, fue, simplemente, algo para recordar. El Barcelona, comandado por Martens, Paños, Alexia y Mapi León —mujeres que yo elegiría para ir a cualquier guerra— cruzó a la otra orilla sin complejos para derrotar al Bayern y plantó su bandera en medio de una playa que, hasta ahora, ningún equipo español había logrado pisar. Me atrevo a decir incluso, que nadie —salvo el Barcelona— se había atrevido a soñar con ella. Ha pagado el precio en una Liga Iberdrola que disfruta de su cara B, pero es justo afirmar que los valientes suelen dejarse cosas por el camino mientras se concentran en hacer sus sueños realidad.  Hay tiempo todavía para asumir la gesta, pero ahora el cielo se oscurece y el Barça tendrá que dar un estirón de golpe para capear una tormenta de dimensiones descomunales y plantarle cara al mejor equipo de Europa en la final de la Champions, el Olympique de Lyon, un monstruo con cara de pocos amigos.

 

 

Ayer se produjo una coronación en el Miniestadi, un punto de inflexión. El Barcelona se ha atrevido a intentarlo, se ha colado en una fiesta en la que los equipos españoles no estaban invitados y ha apostado por un futuro donde se ve como un referente, como un club pionero. Europa es demasiado grande para ser conquistada en un solo día, pero plantadas a las puertas de Budapest, todo parece cobrar sentido, los entrenamientos bajo la lluvia, la indiferencia, el ninguneo, las noches en vela. El partido de ayer fue mucho más que un partido. El Barcelona femenino es, más que nunca, mucho más que un club. «Hicimos historia», sentenció Lluís Cortés.

Dijo Henry Ford: «La historia es, mas o menos, una simpleza. Es tradición. No queremos tradición. Queremos vivir en el presente y la única historia que tiene algún valor es la que nosotros hacemos». Y el Barcelona tiene, de aquí al próximo 18 de mayo, la historia en sus manos. 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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