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La Femme Totale

Sarah Shook: en la diversidad está el gusto

Quizá la cosa sea tan sencilla como que en la música, más allá de la calidad, lo que de verdad importa es molar. Y Sarah Shook mola muchísimo.

La primera vez que escuché una canción suya no supe cuál fue el motivo para que me atrajese de esa manera: cantantes de country-rock hay a puñados pero ahí había algo. Rápidamente me lancé a escuchar su primer disco y tras sumergirme varias veces en él me di cuenta de que me encantaba el chapuzón. Quizá la cosa sea tan sencilla como que en la música, más allá de la calidad, lo que de verdad importa es molar. Y Sarah Shook, ya se lo anticipo, mola muchísimo.

Su música es la perfecta banda sonora para un film de carretera. Tiene sabor a tierra, a historias de forajidas, de perdedoras, de tipas duras que no temen desvelar su propia vulnerabilidad porque eso es precisamente lo que las endurece. Un sonido telúrico fruto de una actitud, de una manera de entender la vida.

Hace unos días, conduciendo a través de las áridas llanuras pacenses mientras Sarah Shook & The Disarmers sonaban en mi auto-radio, tuve la sensación de haberme teletransportado al desierto de Arizona. Se me ocurren pocas opciones musicales más apropiadas para alegrarte el cuerpo mientras conduces por carreteras solitarias.

Lo que tampoco me dejó indiferente fue conocer después su biografía porque parece de guion cinematográfico sobre la Norteamérica profunda. Sarah es una muchacha nacida en 1985 –yo sigo considerando jóvenes a los de las generaciones post-naranjito– en Rochester (NY). Se crio en una familia de estrictas costumbres cristianas que curiosamente le impedía escuchar música más allá de la clásica y la salmódica. No acudió jamás a la escuela ya que era su madre la encargada de las labores docentes para ella y sus dos hermanas. El dinero escaseaba así que la familia se movía a donde el trabajo del padre les iba conduciendo hasta que arribaron al corazón de Carolina del Norte. Y sucedió que a los 20 años, para escapar de su claustrofóbica existencia, se casó –obviamente, sin la aprobación de sus padres– con el que fue su primer novio, un tipo al que había conocido dos semanas antes por Internet. Seguro que hay otras formas menos drásticas de salir a conocer mundo, pero también es cierto que su experiencia vital no podría considerarse como algo convencional. A los dos meses se quedó embarazada y la relación duró lo que tarda un gato en apoderarse del sofá de la casa así que al año siguiente, con 21 primaveras, era ya madre divorciada. Se instaló en una mobil home en mitad del bosque y se puso a trabajar sirviendo copas para sacar adelante a su familia binaria. Lo de vive deprisa parecía irle como anillo al dedo –sin ánimo de hurgar en la herida–.

Como había aprendido a tocar la guitarra a los 16 años, se puso a componer sus propios temas y a dar pequeños conciertos por la zona, principalmente en el bar donde trabajaba. En 2010 formó su propia banda, Sarah Shook & the Devil, con los que grabó en 2013 un EP de siete canciones que, en un ataque de creatividad, tituló Seven. En esta grabación se empiezan a apreciar algunos de los detalles que actualmente la definen, pero se trata de una obra un tanto monótona y fallida. En ese mismo año el grupo se disuelve cual Alka Seltzer en agua, poco tiempo después forma otro que tampoco cuaja para, finalmente, crear la Sarah Shook & the Disarmers, formación que perdura hasta la actualidad. La banda consiste, aparte de Sarah a la voz y guitarra rítmica, en batería, bajo, guitarra solista y lap steel¹. Una grupo de cincuentones a las órdenes de una niñata reunidos con la intención inicial de simplemente grabar un disco. Así que en 2015 sale a la luz Sidelong, con muy buena acogida pese a su humilde distribución, cosa que no sorprende ya que es un auténtico cañonazo. Es una obra en la que ya se muestran descaradamente las actitudes punk insertadas en los sonidos y estructuras tradicionales del country-folk. Juega muy bien con su voz grave, con la impostura y con un extraño vibrato a modo de balido ovino que le da un toque entre áspero y amargo muy característico.

A principios de 2017, un sello independiente de Chicago llamado Bloodshot Recods se interesa por ella y le proponen relanzar su disco a lo grande y profesionalizar su carrera. Esto le situó en una encrucijada que acabó solventando al obtener la bendición de su hijo sobre la idea de lanzarse a la vida de artista en la carretera.

Tiempo antes, tras su divorcio, Sarah descubrió su bisexualidad y empezó a interesarse en todo lo relacionado con la visibilización del colectivo LGTBI. Su idea es que, cuando tocan en los típicos sitios hetero-rurales interpretando música tradicional, si algún paleto pregunta qué diablos hace ese macho-pirolo en lo alto del escenario o lanza algún exabrupto ella simplemente contesta que es una mujer, vegana, atea y bisexual, que no tiene problemas en expresarlo y que si te quieres unir, serás bienvenido y si no, pues que te jodan. Ya digo, la actitud es lo más importante en su mentalidad punk; eso y saber que no necesitas toneladas de dinero para ser feliz.

Los reconocimientos a su primer trabajo se fueron acumulando y en abril de 2018 publica su segundo LP, titulado Years. Aquí ya se aprecia una mayor profesionalización en la producción, seguramente más digerible para el gran público en detrimento del impulso más primario y descontrolado del anterior trabajo que, a mí personalmente, me atraía más. El leve giro, más en la línea del country-pop, no impide que la esencia siga intacta y que sea un disco más que interesante. Incluso se acentúa la temática reivindicativa como podemos comprobar en este tema de autoafirmación acompañado por un vídeo clip sobre chicas libres y orgullosas que encajaría perfectamente en cualquier capítulo de Shameless.

Sarah había trabajado duramente para que su voz sonara mejor en Years, pero cuando volvieron a la carretera una semana después de concluir la grabación la primera noche notó que su garganta estaba temblorosa. En la segunda no fue capaz de cantar así que empezó a volverse loca pensando que su carrera se iba al garete. Al día siguiente pararon a comer en Texarkana² y su bajista le dijo que fuera a centro de urgencias a que le metieran un chute de esteroides y aquello acabó siendo la solución para salvar la gira.

La popularidad y los premios –aunque a escala modesta– así como las fechas de gira se han ido incrementando, pero ella asegura que nada de eso hará cambiar su forma de vida ni su forma de hacer música. El pasado mes de noviembre visitó por primera vez España para hacer tres conciertos y el que esto escribe aún está fustigándose por haberse enterado demasiado tarde.

Aparte de todo ello sigue al pie del cañón con su lucha por los derechos civiles e incluso ha montado un pequeño festival local en el que la única condición para actuar es que en cada banda haya alguna mujer, algún miembro del colectivo LGTBI o de alguna minoría étnica. Una forma más de visibilizar y normalizar lo que tanto tiempo ha estado arrinconado y negado. Su explicación a la victoria de Trump es tan secilla como que su país está lleno de borregos. Así, sin rodeos³.

En definitiva estamos hablando de una artista ruda, atea, activista, vegana, malhablada, bisexual y, además, zurda. Y cuando hablando sobre los concursos musicales de televisión afirma que “la música como un concurso de popularidad que se hace para mucha gente es una puta mierda” a mí ya me tiene totalmente entregado. Esta tipa mola muchísimo y, como todo esto corre el peligro de acabar pareciendo demasiado políticamente correcto, aquí escuchamos lo que ella misma afirma en su segundo disco: que la botella nunca le defrauda.

Finalmente, les dejamos el enlace con el todavía insuperable primer disco para que puedan disfrutarlo

(1) Especie de guitarra que se toca en horizontal arrastrando un tubo metálico llamado slide sobre los trastes muy típica en la música country.
(2) Llevo mucho tiempo buscando la oportunidad de citar a esta población que aparece en una de las mejores rimas de la historia en el tema Cotton Fields –por supuesto en la maravillosa versión de la Creedence– cuando dice aquello de “It was down in Louisiana just about a mile from Texarkana”.
(3) Teniendo en cuenta que es vegana pueden tomar el sentido de la expresión que más les apetezca.
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