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Erika Villaécija I CORDON PRESS

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Las aguas que se movían antes de Mireia Belmonte: se retira Erika Villaécija

La barcelonesa, de 34 años, ha anunciado este lunes su despedida. Villaécija deja las piscinas con un palmarés envidiable: un mundial en 800 m libre, tres medallas de oro europeas y casi veinte campeonatos de España en diferentes disciplinas. La espina, que ella misma reconoce, ha sido no haber conseguido un metal olímpico.

Mireia Belmonte llegó hace unos años a la natación española como la ola de Lo imposible. Para arrasarlo todo. Gran abanderada del deporte femenino, sobre el que se ha apoyado el olimpismo de nuestro país tanto en Londres 2012 como en Río 2016, la aparición de Belmonte fue, por supuesto, una bendición. No obstante, cabe aclarar que la reina absoluta de los 200 m mariposa no llegó ni a un páramo. Ni a un mar en calma, ya que hablamos de natación. Las aguas en España se movían, y parte importante de esas brazadas las daba Erika Villaécija.

A principios de siglo, la catalana compartió el protagonismo de este deporte en España con Nina Zhivanevskaya. La relación podría compararse con Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez, siendo Villaécija esta última. Y es que la nadadora de origen ruso consiguió en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 la primera medalla femenina de la historia para la natación española, gracias a su bronce en los 100 m espalda. Villaécija no debutaría en una cita olímpica hasta cuatro años después, en el que precisamente fue el mejor año de su carrera. En 2004 la deportista del CN Sabadell se proclamó campeona de Europa en 800 m libres, su prueba fetiche, y en 4×200 metros, junto a Tatiana Rouba, Melissa Caballero y Laura Roca.

Madrid, sede de aquellos europeos, buscaba ser la plataforma para los JJOO de Atenas. Allí, Villaécija rozó el metal, quedando quinta y sexta en las mismas pruebas que venía de ganar tres meses antes. Con la miel en los labios, la catalana ya no mejoraría esos puestos nunca más. La nadadora se retira con el bagaje, eso sí, de haber competido en otras tres citas olímpicas más (en Río fue 17º en 10 km aguas abiertas) y por ser la primera deportista que mezcló la tranquilidad de la piscina con la bravura de las aguas abiertas. Fue en Londres 2012 donde Villaécija hizo lo imposible hasta ese momento y volvió a sumar otro diploma olímpico (séptima en esa prueba de 10 km aguas abiertas).

Así, la barcelonesa deja de competir con tres grandes resultados en JJOO y otros muchos más en pruebas también muy importantes. Dominadora casi absoluta del medio fondo nacional en estilo libre desde 2003 a 2008, Villaécija suma un total de 18 campeonatos de España. Con todo, el éxito al que Erika le da más valor –en su despedida es la medalla con la que ha comparecido- es la medalla de oro lograda en los Mundiales de Dubai en 2010. “Es la más simbólica, porque al ganarla me encontré conmigo misma tras haberme planteado dejar de competir”, ha explicado. En aquella final de los 800 metros venció, entre otras, a una tal Mireia Belmonte.

“Sí, me hacía ilusión llegar a mis quintos Juegos, pero han cambiado mis prioridades. No quería quedarme sin aliento tras nadar y ahora prefiero tener un trabajo estable” ha comentado emocionada Villaécija, de profesión psicóloga, de lo que ejerce en la actualidad. La española ha tenido especiales palabras de agradecimiento para su entrenador Joan Fortuny, su “segundo padre” y el que le “ha enseñado a superarse”. Villaécija nadará, por última vez, en los campeonatos de España de piscina corta, donde la Federación le entregará la insignia de oro por su carrera, así como la Generalitat la Creu de Sant Jordi. Después, compatibilizará su trabajo de psicóloga con el de entrenadora de benjamines en su club de natación.

Antes del ‘tsunami’ Belmonte, al que también acompañan nombres como Jessica Vall o Melanie Costa –sin olvidar a Teresa Perales, con 26 medallas en los Juegos Paralímpicos-, había marejada. Una de las que la provocaba era Erika Villaécija. Aplausos para ella.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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