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La Selección de Euskadi en su gira por la URSS.

Fútbol

De Euzkadi a Euskadi

Hubo un tiempo en que la selección de Euskadi llenó estadios a miles de kilómetros de casa. En el último amistoso en Mendizorroza, solo convocó a 14.200 espectadores.

El pasado viernes, Día de la Hispanidad, la selección de Euskadi se enfrentó a Venezuela en un amistoso disputado en Mendizorroza. El encuentro se jugó en medio del malentendido entre los servicios médicos de la Federación Española y el Athletic de Bilbao por Iñigo Martínez y las proclamas independentistas y de apoyo al chavismo de los aficionados que asistieron a la cita. Más allá de eso, el partido, celebrado en la ventana FIFA reservada para los compromisos internacionales, supuso la consecución de uno de los objetivos que la Federación Vasca de Fútbol (FVF) se había marcado en su camino a la oficialidad: dejar de jugar encuentros intrascendentes en fechas navideñas y comenzar a competir junto al resto de países reconocidos oficialmente.

Hacía más de un año, en el último partido de Euskadi ante Túnez, San Mamés (con aforo para 53.000 espectadores) presentó una entrada de tan sólo 15.000 aficionados, unas cifras por debajo de lo esperado. Luis María Elustondo, presidente de la FVF, en una entrevista publicada el 5 de septiembre en DEIA, hizo una previsión para el duelo contra Venezuela: “Si en Mendizorroza (20.000 asientos disponibles) no tenemos una entrada de 17.000 o 18.000, habría que asumirlo como un fracaso”. Finalmente, acudieron 14.200 personas.

Elustondo reconoce que el camino a la oficialidad de la selección vasca “no se consigue de la noche a la mañana”. Sin embargo, hubo una época muy diferente a la actual, tiempos en que la selección de Euskadi se hizo famosa en el mundo entero.

En 1937, a comienzos de la Guerra Civil española, José Antonio Aguirre, ex futbolista del Athletic y entonces Lehendakari, conformó una plantilla con los mejores jugadores vascos y planificó una gira de partidos por diversos países para recaudar fondos a fin de financiar la causa republicana y evitar el avance de las tropas franquistas. La selección se llamó Euzkadi (con zeta), como le gustaba decir a Sabino Arana, fundador del PNV y uno de los padres del nacionalismo vasco. El entrenador escogido fue Pedro Vallana, medalla de plata con España en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920.

La selección vasca jugó en Francia, Checoslovaquia, Polonia y, como destino más sonado, la Unión Soviética. Durante esta gira, Euzkadi venció por 0-3 al entonces campeón de la Liga francesa, el Racing de París; al Olympique de Marsella por 1-5, o, de forma más ajustada, a la selección de Silesia por 4-5. A su llegada a la URSS, los futbolistas vascos fueron recibidos como héroes. Los soviéticos ya se había posicionado a favor de la República Española en la Guerra Civil.

Esta pasión por Euzkadi se vio especialmente avivada en Georgia, el país de nacimiento de Iosif Stalin, donde hubo 300.000 peticiones de entrada para un estadio con 40.000 asientos de capacidad. Los aficionados georgianos acudieron en masa y los boletos se vendieron 10 días antes de los encuentros, motivados por la fama que tenía aquel equipo liderado por Isidro Lángara. La selección vasca se impuso con un fútbol brillante que enamoró a todas las repúblicas socialistas en general, y a la georgiana en particular. Primero ganó al Dinamo de Tiflis (0-2) y después a una selección con los mejores jugadores de la nación (1-3).

En el tiempo que pasaron en Tiflis, los futbolistas pasearon por sus calles y acudieron a espectáculos culturales. Vladímir Barkaya, histórico delantero de Georgia, explicó el impacto que tuvo para su país esta ilustre visita: “Nací el año en que vinieron los vascos (1937). Comencé a jugar con el Dinamo Tiflis a los 20 años. Habían pasado dos décadas, pero futbolistas y aficionados seguían hablando de la selección vasca”. El poeta Iosif Grishashvili escribió: “Yo no entiendo nada de fútbol, pero cómo se puede no ver jugar a los vascos”.

Durante esta escala en la Unión Soviética, además, jugaron varios partidos contra equipos como el Dinamo de Moscú, en dos ocasiones (0-1 y 4-7), el Dinamo de Leningrado (2-2), el Dinamo de Kiev (1-3) o el Dinamo de Minsk (1-6). Sólo perdieron ante el Spartak de Moscú (6-2), en una fecha que ha quedado para la historia del fútbol soviético.

Aquel día, según André Gounot, catedrático de la Universidad de Estrasburgo, los moscovitas tenían orden del Kremlin de “hacer todo” para derrotar a los vascos, que estaban humillando a los equipos del régimen socialista y, por esa lógica, al régimen socialista. Para esa misión, no se dudó en comprar al árbitro del encuentro, que pitó un penalti inexistente al borde del descanso que enfureció a los hombres de Pedro Vallana. Si no abandonaron el abarrotado estadio de Leningrado al término de la primera mitad fue por la mediación del dirigente bolchevique Viacheslav Molotov. Cuando regresaron al partido, con un 3-2 en contra, lo hicieron totalmente desmotivados. Los futbolistas del Spartak salieron del campo ensalzados por la prensa, recibieron la Orden de Lenin y desfilaron por la Plaza Roja de Moscú en una enorme carroza en forma de bota con un cartel en el que se leía: Spartak 6-2 España.

En la capital rusa, los jugadores vascos aprovecharon para visitar un orfanato con niños vascos cuyos padres habían alejado de casa por culpa de la guerra. También recibieron la noticia de que Bilbao había caído en el bando nacional, lo que obligó algunos a regresar a sus hogares con sus familias. Los que se quedaron continuaron realizando una gira que cambió de continente. Tocaba cruzar el charco.

Después de una escala de dos partidos en Noruega y Dinamarca, la selección vasca voló hacia México desde Francia. Instalados en el DF, jugaron 10 encuentros ante equipos del país, así como ante la selección tricolor, con un balance de siete victorias, dos empates y una sola derrota. La fama de aquel equipo había crecido hasta el punto de que los mejores clubes argentinos querían enfrentarse a ellos. Sin embargo, la España nacional se ganó la oficialidad de la FIFA y el máximo organismo del fútbol mundial amenazó a Argentina con sanciones como la inhabilitación si dejaba entrar en el país a los vascos, que sí pudieron visitar Chile y Cuba, llegando a disputar algunos compromisos en campos de béisbol.

En 1938, a Ángel Urraza, un empresario español afincado en México, se le ocurrió la idea de incluir al combinado vasco en la liga nacional bajo el nombre de Club Deportivo Euzkadi. El Euzkadi terminó segundo y, curiosamente, la liga la terminó ganando el Asturias CF, un conjunto formado por españoles exiliados. Cuando la Guerra Civil finalizó, en 1939, el Euzkadi se disolvió y muchos de los futbolistas que se patearon centro Europa, la Unión Soviética y, en última instancia, México, decidieron quedarse en el país y no regresar a una España derruida a todos los niveles.

Durante la dictadura franquista, la selección vasca no disputó ningún partido. En 1979, en pleno proceso de Transición a la democracia, Euskadi volvió a jugar un encuentro, con motivo de la Semana Grande de Bilbao. La victoria de los locales, en el viejo San Mamés, por 4-1 ante Irlanda, quedó empañada por la prohibición del gobierno central a que sonara el himno vasco al comienzo del amistoso. En señal de protesta, los políticos vascos abandonaron el palco de autoridades y Osasuna se negó a aportar futbolistas. Además, se celebró una masiva manifestación por las calles de Bilbao en defensa del euskera.

En 2008, los futbolistas seleccionables por Euskadi firmaron una carta en la que aseguraban que no volverían a escuchar la llamada de la selección si esta no cambiaba su nombre a Euskal Herria (las siete provincias vasco hablantes que engloban a Euskadi, Navarra y el País Vasco francés). En 2009, se alcanzó un acuerdo para un nuevo cambio de nombre: Euskal Selekzioa, que no terminó de satisfacer a los jugadores, pero fue el que se utilizó de entonces en adelante.

El partido de este año ante la vinotinto no fue una elección casual. En 2007, casi 70 años después de la gira que el Euzkadi realizó por medio mundo para recolectar fondos en pro de la causa republicana, el combinado vasco volvió a salir de España para jugar un partido en San Cristóbal, Venezuela, que ganó por un ajustado 3-4. Al finalizar la Guerra Civil, este país acogió a los 82 primeros inmigrantes provenientes del País Vasco, que conformaron con el paso de los años una gran comunidad.

Fernando Amorebieta, un central con más de 250 partidos con el Athletic de Bilbao, nació en Venezuela en 1985 porque sus padres se habían mudado allí por motivos laborales. En 2008, Amorebieta fue convocado por Vicente Del Bosque para un amistoso aunque nunca se produjo su debut. Unos meses después, se decidió por vestir la camiseta vinotinto pero no pudo estrenarse hasta 2010, cuando se derogó una ley que le impedía debutar oficialmente por haber sido internacional sub 19 con España.

En los últimos años, la presencia de la Euskal Selekzioa se ha reducido a amistosos intrascendentes en fechas navideñas. Asomarse por una ventana FIFA es una conquista, pero el público no acompaña en la medida de los esperado. Atrás quedan los tiempos en los que el viejo San Mamés se llenaba hasta la bandera sin importar el rival. Más lejos aún queda la época en que Euzkadi fue el asombro del mundo del fútbol.

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