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Orlando Ortega (izquierda), una de las estrellas de la representación española. CORDON PRESS

Atletismo

Europeo de selecciones: buscando un hueco en la élite

Se enfrentan 12 países y descienden nada menos que cinco. Será una buena ocasión para seguir la evolución de los jóvenes talentos y de los atletas ya consagrados.

A partir de hoy viernes 9 de agosto, en la localidad polaca de Bydgoszcz (no intenten pronunciarlo en casa sin la supervisión de un logopeda), se desarrollará una competición atlética muy especial: el campeonato de Europa de selecciones. Si tras cualquier torneo suele decirse que el verdadero nivel de un país lo proporciona la clasificación por puntos con más precisión que el medallero, el Europeo de selecciones va directo al meollo del asunto: su finalidad, precisamente, es medir la potencia global de cada atletismo.

¿Y por qué esta competición es especial, al menos para el que suscribe? Intentaré explicarme.
Aunque a los millennials (y posteriores) les pueda resultar difícil de creer, España era un país no ya secundario, sino irrelevante en el plano deportivo. Nuestros representantes eran meras comparsas, enanos en un mundo de gigantes. Sí, existían los sempiternos ejemplos positivos (Blume, Mariano Haro, Santana…) pero eran, más que nunca excepciones —puntuales y brillantes— que confirmaban la regla de la mediocridad colectiva.

Más allá de héroes individuales, el punto de inflexión definitiva de nuestro deporte puede colocarse sin temor en 1992: la inversión pública y el cambio de mentalidad hizo que muchas modalidades experimentaran un empuje desconocido, colocándose como mínimo en condiciones de competir con otros países.

Pero un poco antes de que aquella flecha ardiente surcara los cielos de Barcelona, algunos heraldos anunciaban nuestra mejora. Entre ellos, nuestros atletas.

En 1985, en Budapest, una maravillosa generación (Antonio Corgos, Javier Moracho, José Luis González…) obró el milagro. Se proclamaron campeones de la segunda división y ascendieron a la máxima categoría que, para colmo, mantuvieron en 1987.

Desde entonces, el atletismo se ha batido dignamente en este torneo continental. En la pasada edición (Lille, 2017) se marcó un máximo histórico con una quinta plaza, justo por detrás de las potencias tradicionales. Repetir ese puesto (ya saben, no hay quinto malo…) será el complicado objetivo de nuestra selección.

Se enfrentan 12 países y descienden nada menos que 5, ya que la idea es volver a reducir la primera división a 8 miembros (subirá uno de la segunda categoría). Así las cosas, hay que eludir el octavo puesto, naturalmente.

No parece que España corra peligro de descenso. Una proyección estadística teniendo en cuenta el ránking de 2019 nos sitúa en el sexto lugar, tan distanciados del descenso como del podium. Creo que una buena actuación podría acercarnos a la quinta posición, que en buena lógica debería ser para Italia.

La victoria se la disputarán Alemania, Polonia (que actúa como local y que presenta un equipo extraordinario) y Gran Bretaña (ojo, con muchas bajas). Tras ellos, en principio, debería colocarse Francia.

Aunque como digo subir del sexto escalón es complicado, será una buena ocasión de seguir observando la evolución de tanto de nuestros jóvenes valores como de los consagrados.

En el 400 será interesante observar a Óscar Husillos. Su temporada hasta ahora está siendo floja y la duda es: ¿Esta este año fuera de forma o simplemente ha retrasado su puesta a punto debido a lo tardío del Mundial? Confío en que sea lo segundo, ya que en caso contrario Bernat Erta hubiera sido la opción lógica. Por cierto, Búa se cae del relevo y Hortelano, sin competir todavía y saliente de lesión, acude a Polonia para ayudar al equipo si es necesario. Bravo por él.

El medio fondo nos otorgará muchos puntos: Álvaro de Arriba, Kevin López, Adel Mechaal y Fernando Carro no deben estar lejos de la victoria. Victoria para la que el vallista Orlando Ortega es favorito (con permiso del representante francés).

En los concursos flojeamos (como es habitual) aunque habrá que comprobar si Manu Quijera es capaz de volver a superar los 80 metros en jabalina y si Cienfuegos (en gran estado de forma) bate el récord de España de martillo. Igualmente será reconfortante ver saltar a Cáceres (8.33 ventosos hace unos días) que vuelve a la Selección por la lesión de Héctor Santos.

En chicas, la juventud al poder: Bestué, Paula Sevilla, Salma Celeste y, por encima de todas, la triplista Ana Peleteiro. Estas son las presencias más refrescantes de una escuadra teóricamente más floja que la masculina. Algunas veteranas son sólidas (Esther Guerrero, Marta Pérez) pero tendrán difícil la victoria. También habrá que prestarle atención al relevo 4×100, si tienen un buen día pueden estar cerca del récord nacional.

A partir de hoy, como digo, toca divertirse. Fuimos perdedores, irrelevantes, comparsas. Ahora que nos codeamos con la élite, disfrutemos el momento.

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