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Serena Williams se enfrentó a Carlos Ramos, el juez de silla de la final del US Open. / Foto: PanoramiC/Cordon Press

US Open

Serena pierde la calma

La estadounidense es una jugadora temperamental y así lo ha demostrado a lo largo de su carrera: su carácter, su pasión, el modo en el que vive los partidos ha sido también una de las claves de su éxito

A la cuestión sobre si hay machismo en el mundo del deporte la respuesta es clara: sí. Vivimos en una sociedad machista en la que en ningún país en el mundo, en ninguno, las mujeres viven en términos de igualdad respecto a los hombres y el deporte sirve para visibilizar esa desigualdad: sexismo, peores salarios, falta de profesionalización e incluso cláusulas anti-embarazo; el catálogo es amplio. Serena Williams siempre se ha proclamado como una orgullosa feminista que lucha para que las tenistas sean consideradas de la misma manera que sus colegas masculinos y la clave está en si lo sucedido en la final del US Open puede ser considerado como machismo tal y como ella denuncia.

Serena Williams había perdido el primer set ante la joven Naomi Osaka (20 años) por un contundente 6-2 e iba ganando el segundo por 3-1 cuando tuvo un aviso por parte del juez de silla, el portugués Carlos Ramos, por recibir un coaching. Su entrenador Patrick Mouratoglou lo reconoció en ESPN al final del partido. En el quinto juego Ramos le quitó un punto por estrellar su raqueta en la pista después de ceder su servicio tras dos dobles faltas y fue en ese momento cuando Williams estalló: “Me debes una disculpa, me debes una disculpa”, gritaba. “Soy madre y antes pierdo que hacer trampas. Eres un mentiroso y un ladrón. ¡No me volverás a arbitrar nunca más!”, le dijo mientras le apuntaba con el dedo. Serena volvió a su fondo, perdió el juego al resto y el siguiente con su servicio, y de camino a su asiento en el descanso volvió a arremeter contra Ramos: “Cuando tú atacas mi carácter algo está mal. Estás atacando mi carácter. Me debes una disculpa. Nunca volverás a estar en una cancha conmigo mientras vivas. Tú eres el mentiroso. ¿Cuándo te vas a disculpar? Me debes una disculpa. ¡Dilo! Di que lo sientes. Si no, entonces no me hables. No me hables más. ¡Cómo te atreves a insinuar que estaba haciendo trampa!”. Ramos indica entonces que se termina el descanso y Serena le suelta mientras se levanta: “Me has robado un punto. Eres un ladrón también”. Y es entonces cuando Ramos le anuncia: “Abuso verbal. Un juego de penalización Miss Williams”.

La tenista entonces solicita hablar con el comisario del torneo, Brian Earley. y la supervisora del Grand Slam, Donna Kelso: “Yo le dije que nunca he hecho trampas, conoces mi carácter y esto no es justo, no es justo. Esto me ha pasado demasiadas veces. ¿Perder un juego por decir eso? No es justo”, se defiende entre sollozos mientras continua: “¿Tú sabes cuántos hombres dicen cosas mucho peores y no los sancionan porque son hombres? Esto es increíble, increíble”. Earley le pregunta si sabe la razón y Serena contesta: “Por decirle ladrón no puede quitarme un punto. Hay hombres que hacen cosas mucho peores y a mí, ¿porque soy una mujer me están sancionando? Esto me lo hacen porque soy mujer. Porque soy mujer me quieren quitar esto”. El partido se reanuda y Naomi Osaka termina ganando por 6-4.

En la rueda de prensa posterior al encuentro, y después de abrazar a Osaka y pedir al público que no la abucheara durante la entrega del trofeo, Williams insistió en sus argumentos contra Carlos Ramos: “He visto a otros hombres llamar a árbitros otras cosas. Estoy aquí luchando por los derechos de las mujeres y por la igualdad. Creo que quitarme un juego por ser mujer cuando le dije ladrón es sexista. Nunca le quitó un juego a un hombre por ese mismo motivo”. Se ha recordado ahora que Rafa Nadal, en un partido de Roland Garros ante Roberto Bautista en el 2017 también se encaró con Ramos y le soltó que jamás volvería a arbitrarle un partido. ¿Estaba enfadado? Sí. El juez de silla le había advertido por perder tiempo entre los juegos y Nadal, airado, le dijo: “Tendrás que darme un montón de avisos durante el partido. Dame todos los que puedas porque no me arbitrarás nunca más”. En el 2015 ante el juez de silla Carlos Bernardes en Río, Nadal también se las tuvo: “Me estás diciendo una barbaridad, una locura Carlos. La bola iba dentro. Te lo digo en serio, voy a pedir que no me arbitres nunca más. No puedo más contigo, tío, eres el que me pita y me mete más presión de todo el circuito y si no mira los vídeos. No tienes razón”. El español no fue amonestado en ninguno de los dos casos, así que a la cuestión después de lo sucedido con Serena Williams sobre si fue porque es un hombre no se puede obviar que ella llamó repetidamente ladrón a Carlos Ramos.

Serena Williams es una jugadora temperamental y así lo ha demostrado a lo largo de su carrera. Su carácter, su pasión, el modo en el que vive los partidos ha sido también una de las claves de su éxito. Es una fiera compitiendo y ese rasgo se acepta de modo más natural en los hombres que en las mujeres, no les penaliza, mientras que a ellas se las califica de histéricas a la primera y de manera habitual. Hay que ser modosa, sonreír, no mostrar de manera vehemente tus emociones y, desde luego, no discutir la autoridad. Serena no cumple con esas normas, nunca lo ha hecho y ha sido castigada por ello; en el 2009 fue descalificada también en el US Open en un partido frente a Kim Clijsters tras decirle “Te voy a matar” a la juez de línea, que advirtió a la juez árbitro, Louise Engzell, de la amenaza.

Confundir tener un fuerte carácter con insultar o amenazar y reclamar después que es tratada de manera injusta por ser mujer le hace un flaco favor a ella y al feminismo que defiende. La frase de “Soy madre y antes pierdo que hacer trampas“, también. Que yo sepa las madres, como los padres, mienten. Haber parido no te cubre de una pátina de santidad por la que, inmediatamente, eres incapaz de soltar una trola.

Se puede discutir sobre si el coaching, que fue lo que desencadenó la gran tormenta, es una norma justa o no. Si ella se dio cuenta de las indicaciones de su entrenador o no. Si el juez de silla puede estar pendiente en todo momento de la grada en lugar de la pista para decidir cuándo recibe o no una señal y en ese sentido sí que puede resultar arbitraria la decisión de Carlos Ramos. Incluso se puede interpretar o sospechar que estaba demasiado atento con Serena, pero es irrefutable que ella le llamó ladrón en repetidas ocasiones y que ese comportamiento no es precisamente edificante ni deportivo. Y da igual que seas hombre o mujer.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

3 Comments

3 Comments

  1. Ramón J.

    09/09/2018 at 14:08

    La clave de todo,y es de lo que nadie se quiere enterar, ni vosotr@s ni Serena, porque vosotr@s no tenéis idea (Serena, sí, seguro, pero manipula) es que le quita el juego por lo de ‘ladrón’ porque es el tercer ‘warning’ y esa es la sanción reglamentaria al tercer ‘warning’. Uno, por el coaching, amonestación. Dos (por la raqueta rota), un punto, el 0/15 que desquicia a Serena, esa multimillonaria llena de soberbia y demagogia. Tercer ‘warning’ ya es por lo de ‘ladrón’, y espérdida de un juego. Al cuarto ya hubiera sido descalificación. Ramos cumplió las reglas. Para escribir de algo así, lo mínimo que se debería precisar es cierto conocimiento. NPI.

  2. Jordi

    09/09/2018 at 19:53

    No sé si por ser madre y por tener que demostrar que aún puede ganar. Para mí la presión del usopen pudo con ella. Perder el primer set con Osaka donde Serena parecía la joven y falta de experiencia hizo aumentar la presión que explotó con los warning y todo el espectáculo de tozudez. Lo mejor fue que a la joven Osaka no le tembló el pulsoyganó merecidamente este gran slam.

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