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Naomi Osaka, nueva campeona del US Open. / Foto: Anthony Behar/Sipa USA/Cordon Press

US Open

Serena Williams cede el testigo a Naomi Osaka

La tenista japonesa, de 20 años, sumó su primer título del US Open tras derrotar a su ídolo en un partido de nivel sobresaliente que acabó con la estadounidense desquiciada

Estaba llamado a ser el día en el que Serena Williams, camino de los 37 años, encontrara su asiento en la eternidad igualando a Margaret Court como la tenista con más Grand Slam de la historia (24) después de convertirse en la tercera mujer en ganar uno de los cuatro torneos más importantes tras ser madre (junto con la propia Court, Evone Goolagong y Kim Clijsters) y terminó con la legendaria tenista nacida en Michigan desquiciada, llorando sobre la pista, y cediendo el testigo a una irreverente joven de 20 años, mitad japonesa, mitad haitiana y residente en Estados Unidos desde los 3 años. Se llama Naomi Osaka y es la copia avanzada, la versión 2.0, de Serena Williams, su ídolo absoluto y, especialmente, la horma que da impronta a su juego. Madurez, agresividad, dominio, personalidad, saque y rapidez para anticipar una trayectoria profesional que, a poco que el destino transcurra por un cauce normal, estará llena de éxitos. El primero de ellos llegó hoy mismo en Nueva York, en una pista entregada al sobresaliente espectáculo que brindaron ambas tenistas en un partido excelso (al menos en su primer parcial) y que terminó adjudicándose Osaka en dos sets (2-6 y 4-6).

Los 16 años de diferencia (Serena debutó en el circuito en 1997, el año de nacimiento de Osaka) y los 71 títulos de distancia entre ambas (72 para Serena, 1 para Osaka) no se notaron sobre la pista azul del US Open y la tenista japonesa demostró desde el principio la tranquilidad y autoridad que le permitió arrollar con contundencia a jugadoras tan notables como Madison Keys en semifinales. Obligando a Serena Williams a tener que correr y a dar siempre un golpe más para poder ganar los puntos, sacando sus mejores golpes en los momentos más complicados (sobre todo, al saque) y aprovechando la irregularidad de la estadounidense (Serena sumó cuatro dobles faltas, 38% de acierto en el primer servicio y 13 errores forzados en los siete primeros juegos), Osaka logró dos breaks de dos posibles en el tercero y el quinto juego para adjudicarse el primer set con claridad en apenas 34 minutos. Un triunfo parcial que, según los antecedentes, parecía definitivo: ninguna de las dos jugadoras había perdido un partido en todo el 2018 después de ganar el primer set. Y lo fue.

No en vano, el nivel en el tenis de Naomi Osaka no menguó en el segundo parcial pese al break de Serena Williams en el cuarto juego y, acto seguido, la japonesa le devolvió el break tras dos doble faltas seguidas de la estadounidense, que, totalmente enfadada, terminó rompiendo su raqueta contra el suelo. Ese momento fue el final de un partido que, en realidad, terminó poco después con Serena Williams desquiciada con Carlos Ramos, el juez de silla de la final. El árbitro portugués le pitó un warning a la estadounidense por coaching y la legendaria tenista de Michigan, posiblemente la mejor de la historia, perdió los papeles hasta, después de un segundo break de Osaka (3-4), terminar sufriendo un game penalty por sus continuas y maleducadas protestas (3-5) y acabar llorando, totalmente fuera de sí, y exigiendo al portugués que le pidiera perdón. Fue un triste epílogo para una final que Osaka, la octava campeona diferente de Grand Slam en las dos últimas temporadas en el circuito femenino, mereció en su totalidad y que cerró en apenas 1 hora y 19 minutos con un definitivo 4-6 antes de romper a llorar también en la entrega de premios por culpa del clima irascible que se estaba viviendo en la Arthur Ashe. Serena, la madre que estuvo a punto de morir hace un año tras dar a luz a su primera hija, detuvo los abucheos y pidió aplausos para Osaka, aquella niña que únicamente soñaba con poder ser alguna vez como la propia Serena, su ídolo. Ahora está ya más cerca de lograrlo. Porque esta noche el presente le ha pasado el testigo al futuro.

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