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Betis y Sevilla, hermanados en la pena

Los dos equipos hispalenses están atravesando un bache preocupante. Las cabezas de Quique Setién y Pablo Machín corren peligro.

Si hay algo en lo que coinciden béticos y sevillistas es en lo mal que están sus equipos. Mientras en el barrio de Nervión hacen mofa con la doble eliminación de sus vecinos en Europa League y Copa del Rey, en Heliópolis les recuerdan que acaban de caer en el campo del colista con un gol en el último segundo y no son los más indicados para sacar pecho. Por perder, esta jornada han perdido los dos conjuntos hispalenses. Y ya van unas cuantas derrotas esta campaña… Demasiadas, probablemente. En la capital andaluza se empiezan a preguntar qué entrenador será el primero en tomarse unas vacaciones anticipadas. Pablo Machín y Quique Setién caminan sobre la cuerda floja.

A Sevilla y Betis les separa solamente un punto de diferencia en la tabla. Los de Machín son sextos con 37 puntos y los de Setién octavos con 36. Pese a que el primero se encuentra alojado en posiciones de acceso a Europa y el segundo lo tiene al alcance de la mano, ninguno de los dos equipos está respondiendo a las expectativas que se generaron en Nervión y Heliópolis a principios de temporada. El descontento entre las aficiones de Sevilla y Betis, dos de las más pasionales del fútbol español, es palpable y notorio. El público del Benito Villamarín despidió a los suyos tras la derrota contra el Getafe con una sonora pitada y al grito de “Quique vete ya”, mientras que el del Sánchez-Pizjuán no dispuso de esa válvula de desahogo… entre otras cosas porque Machín se encontraba a más de 900 kilómetros de Sevilla.

Esta temporada se presentaba como una de las más ilusionantes en mucho tiempo para los aficionados béticos. El EuroBetis estaba de regreso en el viejo continente tras cuatro años de ausencia y la plantilla verdiblanca invitaba al optimismo. A las irrupciones el curso anterior de canteranos prometedores como Junior Firpo o Loren Morón, se sumaron los fichajes en verano de futbolistas ilusionantes como Giovani Lo Celso, William Carvalho o Sergio Canales. El techo era muy elevado y el mazazo ha sido terrible. En menos de dos semanas, el Betis ha caído eliminado en los dieciseisavos de la Europa League y se ha quedado a las puertas de una final de la Copa del Rey que va a disputarse en su propio estadio. Las ilusiones béticas se marcharon junto al mes de febrero.

Ahora sólo queda la rutina del fin de semana. Este Betis está obligado a, como mínimo, entrar en Europa. Tiene esa deuda con sus aficionados. Hasta la fecha, los de Quique Setién suman las mismas victorias, diez, que derrotas en LaLiga. Unos números que han puesto al entrenador cántabro en la picota. El público del Villamarín le echa en cara la falta de alternativas que tiene el equipo al estilo de fútbol asociativo y de posición que propone. Este domingo ante el Getafe, un conjunto radicalmente opuesto al verdiblanco, la afición terminó por explotar contra Setién. Aunque la responsabilidad de los males del Betis no es exclusiva del técnico santanderino, pues la plantilla lleva toda la temporada arrastrando problemas en posiciones clave como el lateral izquierdo o la punta del ataque.

El eterno rival de la ciudad tampoco está para lanzar cohetes. El Sevilla sólo lleva una derrota menos y un empate más que el Betis. Los de Pablo Machín tienen un problema grave. O, más bien, dos. Son un equipo en casa y otro muy diferente fuera. Tanto que lejos del calor del Sánchez-Pizjuán, este es el peor Sevilla desde la temporada del descenso a segunda división (1999-2000). En total, cuatro puntos de los últimos 30 a domicilio y cinco derrotas consecutivas. La última, especialmente dolorosa en el campo del colista. La dirección deportiva de Nervión apostó este verano por uno de los entrenadores de moda del fútbol español. Machín y su sistema de tres centrales comenzaron con buen pie, pero la trayectoria del equipo ha ido claramente de más a menos.

El Sevilla lideró la clasificación pasado el primer tercio de LaLiga. Hoy está a 23 puntos de la primera plaza que ocupa el Barça. Este descenso estrepitoso en la tabla se debe en gran parte al cansancio físico. El conjunto nervionense lleva compitiendo desde el 26 de julio, apenas once días después de que terminara la Copa del Mundo de Rusia. Es obvio que la carga de partidos está pasando factura a la plantilla. El técnico soriano ha intentado paliar esta sequía de puntos cambiando el esquema a defensa de cuatro, como ya hiciera de inicio ante el Barça y en la segunda mitad en el Alcoraz. Los resultados, sin embargo, siguen sin llegar.

Al igual que en el Benito Villamarín, la paciencia del público del Sánchez-Pizjuán se está agotando con el hombre que ocupa su banquillo. Ni Quique Setién ni Pablo Machín están contentando a dos de las hinchadas más exigentes del fútbol español. Echártelas en contra no es recomendable. Ahora ambos equipos, enfrentados los 365 días del año, están atravesando un bache preocupante. Las aficiones de Betis y Sevilla están hermanadas en la pena.

 

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