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Damián Suárez y Bale, en pugna por un balón. CORDON PRESS

Real Madrid

Siderurgia en Getafe

El Real Madrid no pasó del empate ante un rival que tiene su fama y su clasificación muy bien ganadas. Brahim fue el mejor de los blancos.

El juego consiste en encontrar oasis en mitad del desierto. El último se llama Brahim, que podría ser nombre de beduíno. Sus destellos en forma de controles y desbordes fueron lo mejor del Real Madrid en Getafe, lo que llenará los resúmenes a falta de goles y de jugadas de interés. El chico tiene talento y descaro, y un altísimo grado de confianza para lo poco que ha jugado desde enero. Eso sí, le falta un punto de cocción (o dos), como suele suceder con los muchachos de 19 años. Una cesión a equipo donde tenga consideración de estrella, y no de becario, sería el mejor de sus destinos.

Ya lo ven. Se hace muy difícil esperanzarse con la próxima temporada. Cualquier proyección de futuro nos lleva a calcular cesiones productivas o ventas inevitables. Valverde es el más hecho de todos los jóvenes, pero necesita minutos para seguir creciendo, igual le sucede a Reguilón. Los traspasos están claros. Ni Bale ni Isco seguirán en el club y es obvio que lo tienen asumido, porque juegan con una nostalgia pringosa. Benzema es otro oasis, el mejor señalizado.

Para el Getafe no caben análisis individuales. El peso de lo colectivo es demasiado relevante como para destacar a nadie. Son todos al mismo tiempo, idénticos en el compromiso, en el estilo y en el corte de pelo, hasta el punto de que lo único que los distingue es el dorsal y el ruido de las patadas de Damián Suárez. No es un rival cómodo y por eso pelea por la Champions. Porque no regala nada ni comete errores. La mayor parte de los equipos modestos se disparan al pie antes o después. La mayoría se despistan en algún momento, o tiemblan o se arrojan al vacío. El Getafe es robótico en ese sentido. El equipo es una cadena de montaje.

Ante un enemigo tan áspero, el Real Madrid no tuvo casi oportunidades, algo de Benzema y alguna incursión de Brahim, poco más. El Getafe tampoco llegó en exceso y no le importó lo más mínimo. Pese a todo, pudo marcar de no haberse tropezado con Keylor Navas, el portero que sobra. Ya lo ven. Otra vez imaginando traspasos o cesiones. Así es imposible escribir y mucho menos jugar al fútbol.


Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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